jueves, 4 de junio de 2009

Silvio Berlusconi y la naturaleza de la política


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La política presenta su naturaleza exacerbada como un fenómeno más marcado en las últimas tres décadas, especialmente a partir de la aplicación del ajuste estructural a las economías. Este es el período cuando la política es secuestrada prácticamente.

Es tan factual y concreto el nuevo sistema que se adopta con la economía como centro conceptual, de premisas ultra desreguladoras en la administración, aperturas extremas en la expansión económica, y alta permisibilidad en la justicia, que cualquier sistema político no es capaz de resistir, al menos se descomponga en pedazos estancos o se desnaturalice.

En este sentido, el discurso de la democracia, la justicia o la gobernabilidad en la medida de lo posible no alcanzó para subsistir y vemos los resultados. En un reportaje de Leonard Wright en The New Yorker sobre el empresario Carlos Slim, se desprende que la riqueza genera empleo, no importa qué sucede en el entremedio. Allí está la responsabilidad social y el altruismo, y las iglesias o las sectas, o los partidos o cualquier asociación que amortigüe el impacto de la generación de riqueza, eufemismo que esconde la vieja explotación.

El desparpajo libertario en la economía se traslada inequívocamente al terreno de lo supuestamente valorico, donde aparece el asesinato del médico estadounidense George Tiller en Kansas que asiste a mujeres en situación de urgencia abortiva por obra de un extremista anti aborto. El crimen ha sido ampliamente aplaudido por las ligas de ciudadanos que abogan en contra del aborto.

Es así que con la práctica del desparpajo a granel, ha surgido un sistema en la política condicionado a dos tenazas que la hacen funcionar pero que al mismo tiempo la atrapan, como en el alacrán. Una es la corrupción y la segunda es la frivolidad, ambas invadiendo el método y el objetivo de hacer política.

En este contexto de naturaleza cambiante funciona el actual Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi llamado por la prensa europea el Houdini de la política, por su habilidad -como la del renombrado “escapologo” estadounidense - para eludir sentencias judiciales y bloquear puertas de celdas a punto de cerrarse con él adentro.

También se le ha llamado el inoxidable por esa habilidad de mantenerse indemne después de todos esos juicios y presentar un rostro fresco. Para algunos, por esa facultad de inmaculada imagen hace recordar a Ronald Reagan que a pesar de malversaciones y ocultamiento (Irán –Contras), decisiones desastrosas (Grenada y Líbano), y bordear la catástrofe nuclear por liviandad de análisis en la confrontación con la Ex URSS, nunca perdió popularidad. La prensa en EEUU le llamó el “presidente teflón”, que como la célebre sartén los desaciertos resbalan y no se pegan.

Transformado en el contemporáneo Houdini y Teflón, además de inoxidable, desde la década de los 80 el primer ministro italiano enfrenta juicios (alrededor de 12) y acciones legales en su contra de las cuáles ha sido absuelto. Al observarlas, las acusaciones son el repertorio de los métodos utilizados en política para acceder y mantenerse en el poder.

Desde el falso testimonio, el pago a jueces y policías para operar en su beneficio, hasta la falsificación de documentos, pasando por el fraude al fisco, forman un dossier que no es más que la quintaesencia de la política. Ni remotamente es una exclusividad de Berlusconi, y más bien representa un arsenal reconocidamente válido y aceptado en política.

En un acto que resultará ser paradigmático si se adopta en una mayoría de países, impulsó la ley que le otorga inmunidad a los individuos que ocupan los cargos de más alta jerarquía en el poder del estado como son el presidente de la república, el premier, los presidentes de las dos cámaras del congreso y el presidente de la corte suprema, mientras estén en esas funciones.

Mientras se continúa usando el incómodo término de corrupción a una herramienta establecida para mantener la centralidad y la eficiencia del estado y de las empresas, más bien se debería encontrar un término acorde con los diversos tipos de estados de excepción que se forman en la práctica para poder administrar o gobernar,

Esta ley elaborada bajo la magistral artesanía jurídica de su abogado Renato Schifani, se convierte en nueva figura en el derecho, esto es “la protección legal de la potencial corrupción”, empalmando a la perfección con la administración del sistema.

“Berlusconi paga a funcionarios del estado para que trabajen para él, y con la inmunidad que tiene denunciarlo es inútil. Qué teflón e inoxidable, es simplemente un Idi Amin”, dice una funcionaria del gobierno hablando a condición que no se divulgue su nombre.

Si bien el tema de la corrupción es importante – aún es debatible que la corrupción le resta eficiencia y eficacia a la administración del sistema- más gravitante es la frivolidad que proyecta Berlusconi. Específicamente el componente de sexismo como un patrón de conducta para el italiano que aspira a posiciones de poder.

“Berlusconi se ha transformado en un modelo. Es con esos elementos, presentados a la luz pública inclusive, de tocar trastes femeninos, seducir mujeres, ostentado su virilidad, que encarna esa mezcla de sexo y poder en forma abierta y no velada como se hacía hasta ahora. El italiano quiere ser como Berlusconi, por eso vota por él”, nos dice.

Es amante del buen fútbol, las mujeres inteligentes y bellas, y apasionado por el ambiente mediático. Consciente de su gravitación, posee literalmente un buen contingente de recursos humanos en todas las áreas donde se juega al fútbol, hay mujeres bellas y se transmite la información.

“En un mundo donde se dirime bastante a través de la exposición pública con todos sus bemoles y claroscuros, entiende la política como una parte del “jet set”, transformado en el nuevo panteón de los dioses. El político debe ser persona reconocible, con dinero o con poder o con ambos, pero con algo más cerca de uno”, señala otro funcionario, que también declina a ser nombrado.

Berlusconi se sustenta por un fuerte apoyo del Vaticano. En el caso de Eluana Englaro se cuadró en defensa de la vida, lo mismo en su posición anti aborto. En esta área, el liberalismo amplio de Berlusconi para administrar el poder se cruza con la fuerte vertiente conservadora del Vaticano. Curiosamente el conservadurismo de la Iglesia y el sello liberal frívolo de Berlusconi se retroalimentan, y contribuyen a su poder.

“Italia hoy está muy lejos del período de Aldo Moro, o Giulio Andreotti. Después de la segunda guerra, el Vaticano nunca había ejercido tanto poder en el tejido del estado como ahora con Berlusconi. En esos tiempos, el Vaticano conocía su límite en cuanto a dictaminar el debate al interior del estado. Con la Democracia Cristiana en el poder había una separación clara entre estado e iglesia. El Vaticano siempre intentaba transgredir esa línea divisoria, pero con políticos como Andreotti se conocían las zonas de cada cual”, señala.

¿Qué pasó con esa sofisticación política italiana “dopo guerra”, toda esa rica filosofía política desarrollada en más de 60 años después del fascismo?

“Está allí con una representación fragmentada y dividida quizás, y no ha sido un espejismo. Lo que cambió fue Italia, y Berlusconi ha sabido entender ese cambio con mayor velocidad”, aclara uno de nuestros interlocutores.

¿Por qué en países de grandes tradiciones intelectuales en política como Argentina, EEUU, Francia, el Reino Unido, Alemania, son elegidos jefes de estado como Bush, Menem, Sarkozy, Blair, Merkel, con el respeto que merecen y a los pueblos que los han elegido?

“La política ha dejado de ser panacea para la solución de los problemas, menos es el templo de los y las mejores. El romanticismo en política existe en teoría. La economía se lo devoró”. Finaliza.

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