viernes, 10 de julio de 2009

Algunas desprolijidades de “nuestros modelos” europeos en materia de derechos humanos

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

En Alemania, en agosto de 2008 una joven musulmana, en un espacio de juegos para niños, le pidió a un alemán de origen ruso un lugar en una hamaca para su hijo de 2 años. La respuesta del interpelado fue tratarla de islamista, terrorista y arrastrada.

La señora lo denunció a las autoridades.

El primero de julio se celebró la audiencia en apelación en el tribunal de Dresde.

Allí, en pleno tribunal, el acusado asesinó a la denunciante, Marwa El-Sherbini, de 31 ans, infiriéndole 18 puñaladas.

Un policía de guardia baleó al marido de la señora y después dijo que lo había confundido con el agresor.

No es común en Alemania, ni en otros países, que el acusado asesine al denunciante en pleno tribunal. Es, como se suele decir, una noticia.

Sin embargo, los medios de información europeos, incluidos los alemanes, guardaron silencio durante ocho días.

Peor aún, las autoridades alemanas también guardaron silencio hasta que el 6 de julio el canciller presidente de la Región (Saxe) condenó la agresión.

Y las autoridades federales sólo hablaron del asunto el 8 de julio. Un portavoz de Angela Merkel dijo que era un hecho horrible y que no se habían pronunciado antes porque “no tenían detalles sobre el asunto”.

En Francia, hace pocos días fue encarcelado un joven de 21 años que no se llamaba Dupont sino Mohamed Benmouna. Amaneció “suicidado” en su celda.

La investigación, dirigida por el Procurador, que de alguna manera es juez y parte en el asunto, concluyó que no hubo “violencias policiales” y se dió una versión inverosímil sobre la forma en que el joven se habría suicidado.

El racismo policial en Francia es una constante, en aumento bajo la presidencia de Sarkozy.

Un estudio reciente indica que los controles de identidad en la vía pública son seis veces más numerosos sobre negros y árabes que sobre blancos.

El racismo en Europa no es de ahora. Pero aumenta, no sólo en Alemania y en Francia, sino en otros países como España e Italia, también entre los ciudadanos comunes, como resultado convergente de la promoción de la islamofobia (todos terroristas), de la inmigración y de la crisis económica.

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