lunes, 27 de julio de 2009

Amazonía para el Estado boliviano: Pisar fuerte en Pando es un mandato constitucional. La mitomanía nazi-racista

Wilson García Mérida (DATOS & ANÁLISIS)

Sólo mentes corrompidas y espíritus mediocres pueden reducir un trascendental hecho histórico al tamaño de un efímero episodio electoral. Las agendas agraria y electoral se cruzan debido al genocidio y los constantes sabotajes racistas que retrasaron el cronograma del INRA para cumplir con la obligación constitucional del saneamiento de títulos de propiedad y distribución de tierras fiscales disponibles.

“No estamos colonizando tierras ajenas, estamos ocupando nuestro propio territorio”, afirman las voces indígenas. La nueva Constitución Política del Estado emplea el concepto de “comunidades interculturales” para referirse a los asentamientos humanos de nueva generación

Los argumentos que esgrimen estos latifundistas delincuenciales para frenar el avance libertario en la conquista popular de la tierra y el territorio, son deleznables y un insulto a la inteligencia. Aseguran que el traslado de campesinos del occidente destruirá el medio ambiente amazónico, que es “anti-ecológico”, y no explican cómo es que extensas áreas forestales, casi la mitad del Departamento de Pando bajo dominio latifundista, son los más depredados del país por los intensos chaqueos (desbosques) destinados al contrabando de madera. Califican el plan de nuevos asentamientos poblacionales como una “improvisada colonización quechua” para destruir la cultura amazónica, ignorando que el diseño conceptual de este proceso recoge los criterios más científicos y modernos en esta materia.

El plan enmarcado en la Ley 3545 no es una colonización a la usanza de los años sesenta y setenta, cuando los dictadores Barrientos y Banzer introdujeron a los menonitas y pretendieron poblar tierras nativas con farmers rodesianos. “No estamos colonizando tierras ajenas, estamos ocupando nuestro propio territorio”, afirman las voces indígenas. La nueva Constitución Política del Estado emplea el concepto de “comunidades interculturales” para referirse a los asentamientos humanos de nueva generación. De hecho, en Pando, donde la densidad demográfica es la más baja de todos los tiempos, se desarrollan constantes planes de asentamientos para ocupar tierras baldías. El propio Leopoldo Fernández fue promotor de un nuevo asentamiento urbano en Cobija, entre varios, con migrantes del altiplano, en un naciente barrio denominado “El cacique”.

El cretinismo electorero

Otra diatriba que cubre primeras planas en los informativos de la prensa escrita, radial y televisiva, para vergüenza del periodismo boliviano, consiste en asegurar que el “traslado” de campesinos occidentales a Pando tiene el único fin, por parte del MAS, de ganarle votos a la derecha en las elecciones de diciembre. Quizá porque la especulación es un arte que reditúa, los periodistas que se hacen eco de esta forma corrupta y mediocre de entender el nuevo proceso agrario, ignoran deliberadamente que los asentamientos proyectados debían iniciarse en agosto del año pasado, una vez finalizada la dotación previa a los campesinos pandinos. El proceso se retrasó todo un año debido a la matanza del 11 de septiembre y a causa de los constantes obstáculos y amenazas que anteponen los latifundistas al ingreso de las brigadas del Inra. De no mediar aquellos obstáculos interpuestos por el nazi-racismo, los nuevos asentamientos ya debían haber concluido sin necesidad de interferir ni cruzarse con el proceso electoral. Son aquellos que mueven cielo y tierra para impedir las labores de saneamiento a cargo de las brigadas del Inra, los directos causantes de que el cronograma agrario se haya cruzado con el cronograma electoral. Por lo que Datos & Análisis ha podido verificar en fuentes directas, no estaba en los planes del Inra, ni del Viceministerio de Tierras, ni del Ministerio de la Presidencia , convertir el proceso de la revolución agraria que impulsan los pueblos originarios de Bolivia en una vulgar chacota electoral. Para los indios bolivianos, indios campesinos, indios obreros, indios desempleados, indios sin tierra, indios profesionales, indios sentipensantes, indios sin color, o indios con los siete colores del sol, indios interculturales, para esos, nosotros, vale más la sensación de que esa utopía referida a que la tierra es para quien la trabaja, está realmente a la vuelta de la esquina. Esa sensación, esa certeza, esa certidumbre ética de que estamos a un paso de tomar el cielo por asalto, de dotar ocultas tierras fiscales, y cada vez más, a cada vez menos miserables y harapientos bolivianos y bolivianas que luchan mendigando en las ciudades, eso, pesa y vale mucho más que una maliciosa sospecha de cohecho electoral. No necesitan los indígenas bolivianos reducir su conciencia histórica y su heroica memoria (son un pueblo elegido porque supieron resistir siglos de despojo) a un circunstancial comercio electoral. El voto de los indígenas y pobres de Bolivia será por ellos mismos, estén donde estén. Y es que la lucha de los pueblos indígenas de Bolivia no es una lucha por el poder, es una lucha por la vida. Para los pueblos aymará, quechua, guaraní, mosetén, chiquitano, tacana, araona, las elecciones de diciembre serán un episodio efímero, un mero acto administrativo, rutinario, frente a la grandiosidad histórica que puede representar, en esta parte andino-amazónica del planeta, una transformación radical en las estructuras de tenencia de tierras y en las gestiones territoriales con los criterios del ayllu, del ayni y de la Pachamama. Todo esto emerge de la Ley de Reconducción Comunitaria y de la nueva Constitución. Y ninguno de aquellos preceptos legales dispone que el colosal desplazamiento poblacional y logístico emergente de este revolucionario proceso agrario, debe servir sólo para ganarle votitos a Leopoldo Fernández y su banda de sicarios narco-terroristas que campean rampantes en Cobija y Riberalta llevando droga y maderas preciosas a Brasilea. Sólo mentes decadentes podrían concebir semejante negocio con más costo que beneficio. Las leyes indígenas que ahora rigen en Bolivia han sido concebidas para transformar las conciencias sin necesidad de incurrir en cohechos electorales como a los que están acostumbrados tipos como el barraquero Róger Pinto, quien llegó a Senador con el voto obligado y controlado de sus miles de peones sometidos a extorsiones y trabajos forzados en la zafra castañera.

El contrerismo del MAS

Pero el cretinismo con que los genocidas pretenden desacreditar y detener el vertiginoso proceso agrario en Bolivia, alcanza también al propio partido gobernante, el MAS, desde donde surgen las voces más insólitas sumándose al corifeo de los terratenientes anti-evistas. Recordemos que a la misma hora en que se producía la masacre de El Porvenir, después del medio día de aquel infausto 11 de septiembre del 2008, un grupo de periodistas y operarios del Canal 7 de la televisión estatal, seguidores del ex vocero presidencial Alex Contreras, interrumpieron abruptamente las emisiones evitando que el país conozca lo que ocurría en Pando. El objetivo de aquel sabotaje televisivo era promover la caída del ministro Juan Ramón Quintana sobre cuyas espaldas se asentaba la responsabilidad del Estado en Pando; Contreras quería ver sucumbir a Quintana en medio del baño de sangre desatado por Leopoldo Fernández. Hoy en Cochabamba, Contreras tiene una tribuna “estelar” en el canal televisivo de la familia Sánchez Berzain, desde donde persiste en sus ataques contra el ministro Quintana y el viceministro Almaraz exactamente con las mismas infamias que propalan los voceros del racismo feudal. Le sigue la corriente el “candidato presidencial” Román Loayza, quien pretende ser el principal contendiente de Evo mendigando apoyos en la “media luna”. A diferencia de Loayza, lo raro es que Alex Contreras continúa desacreditando a la avanzada gubernamental que Evo Morales destacó a Pando, todavía como militante del MAS, en nombre del masismo. Y por lo visto la “influencia orgánica” del ex vocero presidencial dentro el partido gobernante está corrosivamente intacta.

La falacia de la coca

Finalmente, una última y perversa insidia que los racistas vienen esgrimiendo en su afán de impedir que el mundo gire, consiste en afirmar que el Gobierno pretende convertir a Pando en una “sucursal del Chapare”, donde los comunarios recién asentados fundarán su república de la coca “generalizando el cultivo cocalero en tan frágiles suelos”. Efectivamente, de acuerdo al Programa de Distribución de Tierras en el Departamento de Pando, los grupos poblacionales beneficiados con las primeras dotaciones interculturales en esa región son “familias jóvenes que no tienen tierra o la tienen insuficiente, de las comunidades campesinas del Chapare y del Norte de La Paz ”. Por lo tanto el Departamento de Cochabamba es uno de los directos beneficiados con esta marcha a Pando, ya que el desplazamiento de más de mil campesinos del subtrópico cochabambino aliviará sustancialmente la presión demográfica que induce a un incremento en los cultivos de coca. “Pero esos campesinos vendrán ahora a Pando a sembrar coca”, dicen los feudales, haciendo gala de una supina ignorancia sobre el uso de suelos, si no una descarada mala fe, o ambas. Es imposible, científicamente, que las tierras de Pando sean aptas para el cultivo de coca; y aunque se pretenda incurrir en ese atentado medioambiental, el sistema de registros que se emplea para formalizar el beneficio de la dotación garantiza un control técnico en estricto ajuste a la definición de aptitud de suelos y sistemas de producción en aquellos terrenos. En el departamento de Pando, dice un informe técnico del Viceministerio de Tierras, “las tierras fiscales corresponden en mayor proporción a la recolección de castaña, extracción de goma, en algunos casos combinada con extracción de madera. También se tienen tierras de uso restringido con protección de llanuras aluviales, protección del suelo, de la fauna, vegetación, e incluso alguna recae en áreas de reserva de inmovilización y reserva nacional amazónica. Áreas muy reducidas son de uso ganadero extensivo y de uso silvopastoril”. Si fuera posible sembrar coca en estos terrenos, ya lo habrían hecho hace mucho tiempo atrás los avezados parientes y ahijados de Leopoldo Fernández, sin duda.

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