martes, 28 de julio de 2009

Argentina: ATILRA, elecciones bajo la sombra del fraude


INDYMEDIA

Los días 28, 29 y 30 de Julio, los trabajadores nucleados en la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) votarán en las elecciones locales y generales para nuevas autoridades sindicales. Las mismas se desarrollarán en un marco diferente a las anteriores.

Tras el ataque de la dirección sindical nacional contra sus pares rosarinos del 3 de diciembre de 2008, los afiliados que pertenecían a la regional Rosario fueron divididos entre la seccional El Trébol y la recién creada Totoras, con la anuencia del Ministerio de Trabajo de la Nación. Pese a haber sufrido la intervención y disolución del sindicato local, los trabajadores formaron la Agrupación 7 de febrero que disputará estos comicios a los representantes del Secretario General de ATILRA Nacional, Héctor Ponce.

Los conflictos internos en ATILRA saltaron a las pantallas de televisión de todo el país el 3 de diciembre pasado, cuando centenares de obreros vestidos de amarillo, comandados por la dirección nacional del gremio vinieron a Rosario encabezados con una patota armada para atacar a la opositora gestión local.

El saldo de aquella jornada fue gravísimo: decenas de heridos y un muerto por herida de bala: Héctor Cornejo, de la delegación sindical cordobesa, que cayó herido a dos cuadras y media de donde se produjo el enfrentamiento de ‘los amarillos’ con los rosarinos.

La semana posterior, Ponce mandó a intervenir la seccional y, dos semanas más tarde, la disolvió. Luego, durantes largos meses se llamó a silencio, en los cuales organizó su estrategia para este año crucial, en el que se realizan elecciones para todos los cargos sindicales.

A fines de abril, fueron expulsados seis integrantes de la conducción del sindicato local y la conducción nacional dio a conocer que la totalidad de los afiliados de la seccional Rosario pasarían a depender "temporalmente" de la seccional El Trébol.

El 6 de mayo, se difundió finalmente un nuevo cambio: la seccional Rosario se rompería en dos, con los departamentos Belgrano, Caseros, General López, Iriondo y San Lorenzo conformando una nueva “Seccional Totoras”; en el medio, como una isla, el departamento Rosario seguirá dependiendo de El Trébol: una dirección ubicada a más de 200 kilómetros (ver infografía).

Estas singulares reformas surgen de los cálculos electorales del oficialismo poncista, para intentar impedir que el sector que condujo la seccional Rosario los últimos 16 años pueda recuperar el secretariado local. Ni el Ministerio de Trabajo nacional, ni el provincial, han considerado pertinente cuestionar esta situación.

Por su parte, los obreros rosarinos respondieron conformando una nueva Agrupación, la “7 de Febrero”, desde la cual se presentaron listas en las dos seccionales. La fuerza de esta joven organización proviene de años de construcción de base y democrática a nivel local.

El fraude tan temido

El jueves 14 de mayo, en el marco de un amplio operativo policial, unos 150 trabajadores rosarinos se trasladaron a la localidad de El Trébol para asistir a una asamblea para la elección de la Junta Electoral local. Aunque afortunadamente no hubo incidentes – a pesar del exabrupto de la viceministra Alicia Ciciliani, que había planteado que se iban a enfrentar “dos bandas armadas” – los rosarinos se retiraron impugnando la asamblea por fraude.

La dirección nacional avanzó con la realización de los comicios, ignorando todas las impugnaciones presentadas y cuestionamientos legales en curso.

Este antecedente genera sospechas respecto a las elecciones a realizarse en los próximos días. El pronóstico es reservado. La dirección nacional de ATILRA continúa sumando nuevas irregularidades: esta vez retuvo hasta largamente vencido el plazo, la información del recorrido de las urnas, que deben circular por las fábricas durante tres días.

Además, los padrones han provocado un fuerte cruce entre ambos sectores. En su versión provisoria, a las nóminas les faltaban muchos afiliados de reconocida simpatía por la Agrupación 7 de Febrero, mientras que en algunas fábricas donde el sector de Ponce pisa fuerte los afiliados se multiplicaban hasta duplicar el número real de trabajadores de planta.

Ante esta situación, el apoderado legal rosarino viajó a reclamar los votos y los padrones definitivos a la sede nacional de ATILRA, en Buenos Aires. En ese edificio le negaron el acceso a los padrones y fue hostigado por Juan Carlos Ponce, hermano del secretario general Héctor Ponce y representante legal del gremio. La situación fue denunciada al Ministerio de Trabajo de la Nación, al que también se le exigió que fiscalice el acto eleccionario.

Las perspectivas para los próximos días son turbias. La conducción nacional, que ya carga con abundantes antecedentes de violencia, parece dispuesta a llevarse todo puesto con tal de asegurar el control de la estructura sindical. No parece ser, por lo tanto, la más confiable a la hora de garantizar la transparencia del acto eleccionario. Testimonio de tal presagio son los dichos de Héctor Ponce brindados en El Trébol el viernes de la semana pasada: “Rosario no puede ganar”.

Conflicto de larga data

La seccional Rosario siempre tuvo características particulares, de diferencias con la conducción de Ponce. Pero este enfrentamiento se profundizó fundamentalmente desde 2007.

Ese año la industria láctea local vivió el conflicto de los repositores externos de La Serenísima (Mastellone Hnos. S.A.). El sindicato rosarino brindó en esa oportunidad un apoyo total a los trabajadores que, encuadrados como empleados de comercio, querían pasar al convenio de ATILRA.

Esta situación fue punto de debate en un congreso del sindicato en el que, luego de acusar a los rosarinos de “comunistas”, se aprobó una modificación a la baja del convenio que rige a la industria, el 2/88, que perjudicó a los trabajadores y contó con el beneplácito de la empresa. En la votación del mismo sólo se opusieron los 4 congresales de la seccional Rosario.

El segundo factor de enfrentamiento fue en torno a la Cooperativa de Tamberos de la Zona de Rosario Limitada, más conocida por su marca Cotar. En 1999 esta Cooperativa firmó un convenio con SanCor. La firma sunchalense otorga la materia prima que Cotar elabora. La marca comercial también quedó en sus manos. La situación volvió totalmente dependiente a la Cooperativa de Tamberos de SanCor, la cual incumplió en repetidas ocasiones con su parte del arreglo, dejando a Cotar en una precaria situación económica.

En 2008 los dirigentes rosarinos toman conocimiento de que se firmaría un nuevo convenio que le permitiría a Sancor desligarse de cualquier responsabilidad por la futura suerte de Cotar, quedándose en el mismo movimiento con la marca Cotar. ATILRA Rosario decide enfrentarse de plano a la medida, lo cual termina de quebrar las relaciones con la conducción nacional.

Héctor Ponce, nacido en Santiago del Estero, construyó su carrera sindical en la localidad de Sunchales. Allí llegó a ser secretario general de la delegación local de ATILRA, desde donde saltó luego a la conducción nacional del gremio. Sunchales, la “capital del cooperativismo”, es llamada así por ser la cuna de SanCor, empresa con la que Ponce construyó una fluida relación a lo largo de los años.

Pero es en el segundo semestre de 2008 y paralelamente a la lenta agudización de la crisis en Cotar, cuando en el sector de Ponce empieza a madurar el ataque a ATILRA Rosario. El objetivo era claro: quitar del medio a quienes podrían oponerse al vaciamiento y cierre de Cotar.

En ese marco, el primer ataque directo se vive el 27 de noviembre, en la planta de SanCor, cuando una patota de cientos de amarillos, comandada por el máximo dirigente del gremio a nivel nacional, ingresa al establecimiento y agrede al Secretario Adjunto de ATILRA Rosario, Ariel Chávez y al conjunto de los delegados de planta.

Para repudiar ese hecho el 3 de diciembre se organizó un acto en la sede local al que asistieron decenas de militantes locales. No obstante durante el desarrollo del mismo, llegaron también cientos de trabajadores de SanCor, a los que se les había asegurado que asistían a “una asamblea”. Vinieron encabezados por una patota de barrabravas, ex policías y afiliados del círculo íntimo de Ponce, con la intención de pegar, tomar el sindicato, destruir, y finalmente “ganar” la regional por la fuerza.

Ponce fracasó ese día, y su intentona quedará grabada como uno de los hechos más violentos en en la historia del movimiento sindical de las últimas décadas. Pero sigue libre, inimputado, conduciendo los destinos de ATILRA nacional, con las manos libres para partir seccionales en dos o dirigir procesos eleccionarios. Ninguna autoridad judicial ni gubernamental parece haberle dado la pertinente importancia.

Foto: Argentina, Rosario - 3 DE DICIEMBRE DE 2008 - La patota de la dirección nacional de ATILRA llega para atacar a los gremialistas rosarinos. / Autor: INDYMEDIA


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