jueves, 23 de julio de 2009

Argentina, Córdoba: Alta Gracia, ¿Una ciudad de mucamas y jardineros?

Jorge Conalbi (PRENSA RED)

Esta nota plantea que los barrios privados en Alta Gracia generan una importante cantidad de trabajo en negro y que no hay una planificación que prevea zonas para otro tipo de emplazamientos habitacionales.

El artículo de tapa de la pasada edición de Nuevo Sumario generó una seguidilla de comentarios, por parte de algunos vecinos que –gracias a las saludables características de este pueblo/ciudad- interceptaron en el centro a quien escribe estas líneas, para plantearle sus discrepancias.

Mucho mejor sería que en las próximas semanas estos amigos sistematizaran sus opiniones en un artículo para ser publicado en este semanario, para así llegar a más gente y utilizar una herramienta que está al alcance de todos los vecinos. De todos modos, siempre bien vale intentar iniciar un intercambio de opiniones.

El artículo firmado por Matías Álvarez planteaba que barrios privados hacia el Oeste y sembradíos de soja hacia el Este, impiden el desarrollo urbano de la ciudad. Se trata de los únicos puntos cardinales hacia los cuales podría extenderse Alta Gracia, ya que tanto hacia el Norte como hacia el Sur aparece la barrera de comunas vecinas.

No resulta difícil de advertir que grandes extensiones cerradas –ya se trate de campos o de barrios con cerco perimetral- impiden el paso hacia las zonas que están atrás de ellos.

Algo así ocurre con el Sierras Hotel & Casino, que debe ser bordeado por los vecinos que quieren trasladarse de Este a Oeste o viceversa, aún dentro de la ciudad.

Dicho sea de paso, ¿no se había comprometido el Grupo Roggio a abrir una calle para facilitar la comunicación entre esas dos importantes zonas de la ciudad?... pero es otro tema.

También se planteaba en el diario de los viernes la mora del legislativo comunal en aprobar un Plan de Ordenamiento Urbano (POU) que data de 2007, en el que justamente se le ponían restricciones a los emprendimientos urbanos cerrados.

Un plan de estas características debe, necesariamente, contemplar una ciudad para todos. Es por eso que allí se establecían zonas para desarrollar edificios en altura, planes de viviendas populares, restricciones en el casco histórico y también las limitaciones para los barrios privados, entre otras normas aún pendientes.

El POU se encuentra incluso bajo el estudio de una significativa cantidad de vecinos, quienes convocados desde la banca del concejal Fabio Iznardo, vienen realizando importantes aportes al proyecto. Claro, desde que el Departamento Ejecutivo presentó el POU en sociedad, a la fecha, se inició en Alta Gracia la construcción de dos barrios privados, y hay otros tres pedidos ingresados.

Mucamas y jardineros

Para algunos vecinos de la ciudad, la observación hecha por Álvarez apunta a cerrar el paso a esos emprendimientos, cuando en realidad el periodista está planteando definiciones y peligros ya advertidos en una iniciativa municipal, como lo es el POU.

“¿Acaso los countries no son desarrollo urbano?”, “Cada vivienda de un barrio privado genera al menos dos puestos de trabajo, porque casi todos tienen al menos una empleadas doméstica y un jardinero”.

“Si se construyen 600 casas en barrios privados significaría trabajo para 1.200 personas… ¿qué industria genera en Alta Gracia esa oferta laboral?”, fueron algunas de las argumentaciones que a partir de la nota en Nuevo Sumario se repitieron en algunas charlas de la ciudad.

Sin duda que los barrios privados significan desarrollo urbano, aunque para un sector minoritario de la sociedad, y las políticas públicas deben sentar reglas para el conjunto. Obviamente habrá concepciones diferentes, pero desde la que otorga al Estado el rol de árbitro, no puede menos que demandársele soluciones para todos. De hecho, el POU destinó un espacio a los countrys sin dejar de prever zonas para otro tipo de emplazamientos habitacionales.

Más discutible sería aún la cantidad de puestos de trabajo que generan los emprendimientos inmobiliarios cerrados, ya que nunca ni en ningún lugar han sido tan directos.

El personal de servicio suele trabajar en forma irregular, por horas o días, y muchas veces un único trabajador resuelve las necesidades de varias viviendas. No obstante, resulta innegable la oferta laboral de este tipo generada por los barrios privados.

En la época de oro del menemismo –con una Argentina sacudida por el híper desempleo- pareció que se intentaba construir una sociedad de remiseros, ya que ése solía ser el destino de cada obligado “retiro voluntario”. Obviamente, la oferta superó en segundos a la demanda y a aquellas indemnizaciones se las devoró aquel modelo, expulsando a miles de familias del proceso productivo.

Aunque alguna parte de Alta Gracia añore con nostalgia la experiencia del antiguo Sierras Hotel, hay que recordar que el rol de servidumbre que gran parte de la población de aquellos años cumplía, fue arrasado por la irrupción de la Kaiser y el despegar industrial cordobés, que brindó trabajo estable, en blanco y hasta el acceso a la universidad para los hijos de miles
de familias.

Mal podría entonces, en pleno Siglo 21, aspirarse a una sociedad de guardias, mucamas y jardineros. Estos trabajos -independientemente de la dignidad con que los realizan las personas que los ejercen- no son precisamente los que figuran en la cima de las preferencias de realización humana.

Si se persigue una Alta Gracia pujante que impulse el progreso y el ascenso social de sus habitantes, habrá que pensar dónde van a vivir. Para eso, es necesario un Plan de Ordenamiento Urbano que contenga a todos los vecinos.

Jorge Conalbi es Director del diario Nuevo Sumario.


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