lunes, 13 de julio de 2009

Cambio de gabinete: No los une el amor, sino el espanto

CORREPI

El llamado “cambio de gabinete” es, en verdad, un reacomodamiento de viejos conocidos. Si para muestra alcanza con un botón, ahí tenemos al superministro Aníbal Fernández, que viene transitando todos los despachos de los distintos gobiernos peronistas con su fama de “discutidor que va de frente y da la cara”, ganada entre los periodistas top del mismo establishment que, al estilo de los "transgresores" Zlotowiagzda y Tenembaun, consideraron positiva su gestión coronada (siempre según estos dos empleados del grupo Clarín) por la "ausencia de represión".

Como los colegas de Neustadt y Grondona pueden estar mal informados o al menos carecen de buena memoria recordamos algunas cuestiones insoslayables:

El pase desde el ministerio de Justicia y Seguridad ¿y DDHH? hacia la jefatura de gabinete, va precedido de una gestión que, desde los inicios del kirchnerismo, ha dado como resultado el más alto crecimiento de la represión de carácter preventiva (un muerto cada 40 horas por el crimen institucional y en especial el gatillo fácil y la tortura); la desaparición física de personas (Julio Jorge López y Luciano Arruga son los más conocidos); trabajadores muertos en represión de protestas sociales (Cuéllar en Jujuy, Fuentealba en Neuquén, Erazo en Mendoza); la militarización del espacio público (gendarmería, prefectura y policía federal, sumadas a las provinciales y a los aparatos de seguridad privada, pululando en estaciones ferroviarias, plazas, barriadas populosas, hospitales y ciudades enteras); imputaciones falsas sobre militantes y organizaciones populares en casos de reacciones populares como Las Heras, Haedo y Castelar (trenes de TBA), etc.; hechos gravísimos como en Corcovado, Chubut, con desaparecidos por el accionar de fuerzas especiales de responsabilidad del propio Ministerio; el impulso a las leyes antiterroristas; centenares de presos políticos, como el reciente caso de los militantes detenidos en ocasión del repudio al estado terrorista israelí, que acaban de ser liberados, entre otros antecedentes que harían interminable este boletín.

Que el grupo de empresas periodísticas y sus empleados calificados, cuyas acciones en la Bolsa subieran fuertemente como resultado de la derrota electoral del kirchnerismo, sin embargo elogien este cambio y lo hagan en base a la mentira más descarada confirma varias cuestiones.

Una es que el cambio es un maquillaje. Otra, que el gobierno y sus presuntos opositores representan los mismos intereses de clase, y a la hora de resolver los conflictos sociales que sus políticas generan, no dudan en avalarse recíprocamente. Parafraseando a Borges, no los une el amor, sino la represión.

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