martes, 28 de julio de 2009

De la teoría y la práctica política (Parte IX): Las vanguardias

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Las vanguardias políticas son criaturas vivas y excepcionales que surgen del devenir histórico, en el momento exacto y casi siempre asociadas a liderazgos legítimos y con ellos cumplen tareas estratégicas. La dialéctica: vanguardia-masa-líder confiere el perfil a los grandes procesos políticos, especialmente a las revoluciones.

A diferencia de los gobernantes y los estadistas, las vanguardias políticas no se eligen por sufragio universal, no son designadas por congresos ni cooptadas por órganos dirigentes. La condición de vanguardia no se trasvasa, no se delega ni se alcanza por herencia. La experiencia del Partido Comunista de la Unión Soviética evidencia el modo en que una formación política puede involucionar y dejar de ser una vanguardia.

Las vanguardias políticas se forman por élites excepcionales integradas por personas especialmente esclarecidas y con cualidades de líderes que identificados con las necesidades de las mayorías y armados con las ideas más avanzadas, en coyunturas decisivas, definen las tácticas y trazan las estrategias, seleccionan las metas y encabezan a los pueblos en la lucha por sus más altos objetivos. La vanguardia conduce a la masa, no prevalece sobre ella ni la suplanta.

Sin desaparecer como formación política, una vanguardia puede dejar de existir por una mutación recesiva. El proceso mediante el cual las ideas avanzadas de Marx fueron falseadas y sometidas a un estrecho dogmatismo, ilustra el vaciado ideológico que paralizó al Partido Comunista soviético, que no sólo no reaccionó en 1924 cuando a la muerte de Lenin, Stalin ignoró sus orientaciones, desconoció su testamento y se encumbró, sino que no lo hizo tampoco en el medio siglo posterior.

Tal vez por seguir el ritual o actuando conscientemente, Gorbachov cubrió todas sus iniciativas y decisiones con un barniz institucional. En su libro “Mi verdad”, Vitali Vorotnikov, uno de los jerarcas soviéticos de entonces, narra el modo en que los principales órganos del poder soviético: congresos del partido, plenos del Buró Político y del Comité Central, así como el Soviet Supremo, aprobaron las acciones del Secretario General, que ladrillo a ladrillo desmontó a la Unión Soviética sin encontrar resistencia.

No se trata de que los integrantes de aquellos órganos fueran traidores o suicidas ni que estuvieran de acuerdo con el contenido y el ritmo de las reformas, sino de que habían sido educados para obedecer al Secretario General y no para confrontarlo. Fue exactamente lo que hicieron.

A estas alturas sería absurdo tratar de esclarecer quien tenia la razón en los debates entre Trotski y Lenin acerca de la “Oposición Obrera”, aunque resulta evidente que las decisiones adoptadas entonces resultaron fatales, no porque se suprimieran las fracciones dentro del partido, sino porque se redujo a cero la libertad de discusión en su seno y se anuló la crítica. Paradójicamente, el mismo proceso que dañó la vida interna del partido, lo convirtió en una fuerza política hegemónica, que suplantó a todas las voces y copó todos los espacios.

Llamar a los sindicatos “correas de transmisión” dejó de ser una desafortunada metáfora para convertirse en una deformación que aplicada burocráticamente anuló no sólo a las organizaciones obreras, sino a todas las demás y a todas las fuerzas sociales, incluyendo a la juventud, la intelectualidad, el ámbito académico, al Estado y al gobierno y lamentablemente también a la sociedad civil, que fueron absorbidas por una institucionalidad ficticia, dominada por la formalidad y que dejó todo el poder en manos de una cúpula, que terminó por suplantar al propio partido que había sido una vanguardia y, sin percatarse, dejó de serlo.

En los países de Europa Oriental las anomalías no fueron resultado del deterioro, sino del origen. Tanto en Alemania, como en los países ocupados por los nazis y en aquellos donde las elites gobernantes se aliaron al fascismo, los partidos comunistas y en general los militantes de izquierda fueron perseguidos, apresados y liquidados con feroz ensañamiento, los sobrevivientes de los primeros años, que no dejaron de luchar, se sumergieron en la más profunda clandestinidad, se integraron a la resistencia, a los destacamentos guerrilleros o a las tropas soviéticas y muy pocos sobrevivieron a la victoria.

En esos países la instauración del orden socialista importado desde la URSS, fue conducido por partidos creados mediante la apresurada unificación de los remanentes de los partidos comunistas y socialdemócratas y la creación paralela de frentes o alianzas que se suponía actuarían como vanguardias capaces de articular la participación de todo el pueblo. La ficción se impuso y con enormes manipulaciones perduró hasta que se derrumbaron lamentablemente.

En la América Latina de hoy algunas formaciones políticas que desempeñaron un genuino papel de vanguardias políticas, como el Frente Sandinista y el Farabundo Martí, evolucionaron desde la lucha armada adaptándose a otras formas de lucha política, en Brasil un gran partido obrero de perfil socialdemócrata, dirigido por un líder de la categoría de Lula se ha consolidado y en Bolivia, Ecuador, Paraguay, bajo liderazgos auténticos se establecen formaciones que asumen el papel de las vanguardias políticas que, en Venezuela, se fortalecen mediante la creación de un partido único de la izquierda y de la revolución.

En todos los casos resulta evidente que las vanguardias políticas lo son en la medida en que representan los intereses de las mayorías y de los sectores políticamente más avanzados de cada país, definen con certeza las tareas de cada momento histórico y conducen con inteligencia, imaginación y eficacia a las masas en la lucha. De las vanguardias se espera que concreten los programas y las metas apropiados y definan los modos de alcanzarlos.

Ver también:
- De la teoría y la práctica política (Parte VIII)
- De la teoría y la práctica política (Parte VII)
- De la teoría y la práctica política (Parte VI)
- De las ciencias y la práctica política (Parte V)
- De las ciencias y la práctica política (Parte IV)
- De las ciencias y la práctica política (Parte III)
- De las ciencias y la práctica política (Parte II)
- De las ciencias y la práctica política (Parte I)


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