miércoles, 22 de julio de 2009

¿Dejó Sadam Hussein un legado eterno en Iraq?

María Appakova (RIA NOVOSTI)

Hace exactamente 30 años comenzó en Iraq el gobierno de Sadam Hussein, uno de los dictadores más terribles del siglo XX. Actualmente en Iraq todo lo que tiene alguna relación con su figura y herencia está prohibida. No obstante, quedan no pocos iraquíes que recuerdan positivamente al antiguo presidente.

La historia sobre el arribo de Hussein al poder en mucho es típica al resto de historias de gobernantes en el siglo XX. La lucha revolucionaria, la idea del resurgimiento socialista árabe, cárcel, y finalmente, la toma del poder como resultado de un golpe de Estado el 16 de julio de 1979.

En un comienzo, Hussein fue la segunda persona más importante en el poder, y trascurridos once años, tras la dimisión del presidente Ahmed Hasan al Bakra (supuestamente por motivos de salud) al nuevo revolucionario se le abrieron las puertas del poder que ejerció de forma absolutamente individual.

La presidencia de Sadam comenzó con el arresto y ejecución de sus compañeros de partido. Después de esto siguió la guerra de Iraq contra Kuwait, el genocidio contra los kurdos iraquíes, la persecución de chiítas.

La política insensata de Hussein conllevó al bloqueo internacional de Iraq. La guerra y las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU convirtieron a este rico país en un espectro.

¿Justifica la política de Sadam lo que ocurrió posteriormente en Iraq, la segunda intervención de la coalición extranjera, el derrocamiento del régimen de Hussein y todos estos años de ocupación?

La estatua de Sadam derribada de su pedestal por una multitud de iraquíes al vitorear la entrada de las tropas estadounidenses en Bagdad y las fotos sobre la ocupación de Iraq en la primavera boreal de 2003 todavía circulan, a pesar de que dos años antes, muchos iraquíes con fervor y entusiasmo votaban por el partido de Hussein en los comicios legislativos en una prueba de auténtico amor y lealtad hacia su presidente.

Y actualmente, quedan algunos que no ocultan ese fervor, lo que ha obligado al gobierno iraquí a aprobar decretos que prohíben las visitas organizadas a la tumba del presidente ejecutado. Las nuevas autoridades de Bagdad temen el renacimiento de su culto y que no puedan competir con la influencia que Hussein tuvo en las masas iraquíes.

Los años de ocupación de las tropas extranjeras, las nuevas cárceles, los arrestos sin sumario y las torturas practicadas por los militares estadounidenses y británicos, borraron de la memoria de muchos iraquíes todo lo que ocurrió durante el gobierno de Sadam Hussein.

A esto hay que añadir los incontables atentados terroristas perpetrados en las grandes ciudades, la destrucción y el desempleo. El hecho de que muchos iraquíes recuerden el decenio anterior con nostalgia no debe ser motivo de asombro. Y esto lo comprenden muy bien los rusos, porque también hay algunos que recuerdan con añoranza la época de Stalin, especialmente de cara a las convulsiones políticas y económicas de los años 1990.

Tal como la URSS y el gobernante Partido Comunista de este país congelaron las contradicciones étnicas, así mismo la mano de hierro de Sadam aplastó todas las contradicciones de la sociedad iraquí. Y una vez derrocado del poder y después de que los iraquíes recibieran como regalo "la libertad y la democracia", la coalición occidental encabezada por Washington en realidad prendió fuego a un barril de pólvora.

El desfile de las declaraciones de soberanía en las repúblicas de la URSS a comienzos de los años 90 en comparación con lo que ocurre y puede ocurrir en Iraq es un juego de niños.

Es necesario reconocer que los iraquíes han podido superar las primeras convulsiones producidas por la caída del régimen de Hussein. En varias ocasiones el país ha estado al borde de la guerra civil y paulatinamente, supera las confrontaciones entre las diferentes comunidades, agravadas por los atentados terroristas.

El poder central ha logrado sustentar el poder a pesar de los interminables conflictos en el seno del gobierno y el parlamento, y paulatinamente la situación en la sociedad se normaliza junto con el retorno de las inversiones extranjeras a Iraq.

Pero hay que recordar que la presencia estadounidense ha desempeñado un factor de contención importante, y en más de una ocasión, bajo la presión de Washington, los iraquíes han tenido que volver a las mesas de negociaciones o verse obligados a buscar compromisos, el gobierno paralizado ha recuperado la gestión y los diputados han vuelto al parlamento.

Ahora, paulatinamente, los estadounidenses se abstienen de ingerir en los asuntos internos de Iraq. Es indudable que no renunciarán del todo a influir en la situación en este país, pero con la reducción de su presencia militar no podrán como antes, desempeñar el papel de tribunal arbitral de la forma efectiva como lo estaban haciendo hasta hace poco.

Al respecto vale destacar las declaraciones del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EEUU en Iraq, el almirante Mike Mullen, "EEUU no piensa solucionar los problemas de Iraq. Este trabajo le corresponde a un país soberano y los iraquíes deben trabajar mejor ya que dentro 18 meses no habrán más tropas de la coalición en Iraq".

Estas declaraciones fueron hechas durante una reunión con representantes de las diferentes comunidades iraquíes en Kirkuk, ciudad que puede convertirse en uno de los frentes de la guerra civil en Iraq.

Ya que no piensa lavarse las manos, EEUU tampoco está dispuesto a entregar la vida de más soldados estadounidenses en aras de la soberanía iraquí. Esto les corresponde a los propios iraquíes y, en primer lugar, al gobierno de Iraq.

Precisamente con su acertada gestión, el gobierno iraquí debe demostrar a la población de Iraq que el derrocamiento de Saddam Hussein no fue en vano y en realidad sirvió de inicio a una nueva página brillante para la historia del país.

En el caso de que el gobierno triunfe, el recuerdo sobre la ejecución del dictador será en efecto el recuerdo de los horrores de la época de Hussein y no se convertirá en un dulce recuerdo por su "mano de hierro".

En el caso de un fracaso, la lucha contra el culto hacia el antiguo presidente será inútil porque a veces, los mitos son más fuertes que las realidades sangrientas.

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