lunes, 20 de julio de 2009

El bicentenario, como oportunidad

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

América Latina ha comenzado con polémica la conmemoración del bicentenario de su independencia. Se reivindican los alzamientos indígenas de 1781 como los primeros movimientos libertarios, en lugar de la sublevación criolla encabezada por Pedro Domingo Murillo en 1809. Esto es un botón de muestra nada más...

Y es que lo cierto es que más que el bicentenario de la independencia algunos países de América Latina están viviendo una segunda independencia. Porque no se trata ahora tanto de desanudar los vínculos políticos de aquellos países de una metrópoli de reyes y de toda su cohorte de financiadores de la conquista, sino de movilizarse para zafarse de las garras del yanqui y de los ladrones posicionados en los lobbies hispano-anglosajones. Esta es la segunda independencia a la que la población latinoamericana se debe aprestar. Se puede tener tierras y dinero propios, pero si nuestra propiedad, su uso y disfrute dependen de la voluntad de otros que los regulan, habremos de concluir que estamos no ante el dominio jurídicamente hablando, sino ante una servidumbre. Esto no sólo vale para Latinoamérica y el tercer mundo. La tan cacareada independencia política y económica de este país destartalado llamado España, ahora sobrevive bajo las garras de los intereses mundiales de todos conocidos de cuyo desenvolvimiento dependen; y ello pese a expresarse los políticos y los gobernantes siempre en términos de jacarandosa autonomía de la voluntad total.

España depende de las sumas y subvenciones que le asigna Europa de Bruselas, pero también del dinero financiero y de las decisiones geopolíticas del yanqui. Total que la libertad política y sobre todo económica no pasan de ser otra ilusión. La globalización que las gentes avisadas tratamos, inútilmente eso sí, de espantar, se apodera de todos, y son los latinoamericanos quienes, poseyendo las materias primas hoy día más imprescindibles para el mundo capitalista, tienen las mayores posibilidades de lograr la definitiva manumisión, la independencia total de ese mundo hispano- anglosajón que les ha tenido aherrojados por siglos. Y aún más, tienen la posibilidad de invertir exactamente al contrario la posición del dominado que ha sido, respecto al dominador que quiere seguir siendo.

¡Adelante!, pues con la empresa. La envergadura titánica del objetivo debe ser lo que impulse el americano del sur. Lo único que le falta es el espíritu de la venganza controlada. La población latinoamericana podría aliarse a la indígena que aún queda en el imperio para decorar el altar de la magnanimidad implacable del anglosajón, y dar el tour de force, el renacimiento redentor que el mundo entero necesita. Y ello pese a que los resultados efectivos y visibles no se aprecien hasta pasados los siglos. En Latinoamericana reside la esperanza, y, si los países de aquel continente se esfuerzan un poco con tenacidad, la montaña terminará yendo a Mahoma… El daoísmo, una filosofía arcaica, pasa por el principio de que el agua es más fuerte que la piedra. Esta, la de dar un vuelco a la historia del futuro del mundo aprovechando además la franca decadencia en la que los primeros países del mundo están entrando, es la ocasión de Latinoamérica para probar semejante y bella filosofía.

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