lunes, 27 de julio de 2009

España: Todo vale…

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La sociedad española va a la deriva moral, psicológica y psíquicamente. Todo vale, y así nos va. Los únicos límites son las leyes penales.Todo consiste en saber burlarlas. Quien, deliberada o instintivamente, sabe evitar que caiga sobre él el peso de la ley, es el triunfador...

Las familias, sean tradicionales o modernas, no saben bien de qué se trata en la vida. Por eso carecen en general de principios de comportamiento propios que no sean los de la jungla. Y los progenitores no pueden transmitir a sus vástagos lo que no practican ni les sirve de guía porque no creen en referentes. En la vida política ya vemos a qué extremos llega la corrupción que, parte de la sociedad representada justamente por los "conservadores", sólo justifica con el tú más o quitándole importancia. Los políticos no están ahí para servir al pueblo y sacrificarse por el pueblo. Están para presumir, para adueñarse del poder o para forrarse, como dijo el otro... La enseñanza, ya que tampoco lo hace la familia, una familia que no existe o va a menos no puede ni está autorizada a moralizar, desiste de moralizar. Los enseñantes pronto son muñecos de risión y desprecio, y también pronto frisan en la depresión o en la indiferencia sobre su misión que casi se limita a enseñar cosas que se aprenden en wikipedia, en google o en youtube.

No hay frenos religiosos ni éticos, y los predicadores tradicionales de la moral tradicional religiosa son ahora también empresarios. La religión cabe en una empresa con cotización en Bolsa. Esos predicadores, se ve palpablemente que no creen en lo que dicen en cuanto tienen menos de 50 años. La sexualidad es el filón a explotar. No es necesario pensar en la prostitución de club o en la de casa de lenocinio. Está presente en todas las relaciones sociales. La amistad y el afecto existen pero los debilita la impaciencia por sacar partido la vida hasta que las fuerzas nos agoten tempranamente. Nada se dosifica. La mesura ha caído en desgracia. La amistad y el afecto están expuestos persistentemente a ser atravesados por la traición y la deslealtad. No sólo todo tiene un precio, es que la sociedad entera se lo pone. La televisión y los medios son esclavos de la publicidad, y los presentadores piden constantemente comprensión por esa sodomía. Las relaciones mercantiles, sólo posibles en base a la confianza, están penetradas por el engaño masivo. Como masivas son las armas de dominación política y de prevalencia social. Todo es objeto de compraventa y simonía...

Hay millones de personas, de padres, de madres, de hijos, y miles o centenares de miles de profesores, de policías, de jueces, de curas y de toda clase de profesiones y oficios, estupendos. Pero todos viven a la defensiva, no cuentan para nada en el desconcierto general o son engullidos por las ratas de cloaca sociales cuya población avanza invasivamente...

En estas condiciones, ¿quién tiene la responsabilidad primera y final de las violaciones y muertes de menores a manos de menores? ¿Se preguntan los acusadores qué clase de vida, de filosofía y de valores llevaban los padres y las madres de esas "criaturas" que violan o matan? Y a su vez, ¿se preguntan los mismos qué clase de vida inculcó la sociedad en la que vivimos a esos padres y a esas madres de los violadores y homicidas menores? ¿Quién es la causa de la causa de los males causados en la sociedad capitalista? ¿Quién es la causa de la causa de estas aberraciones de menores causados en una sociedad capitalista que, llegada hace poco más de 30 años del frío autoritarismo, dio el pistoletazo de salida a la libertad sin más control que el policiaco? ¿Son verdaderos menores quienes funcionan como adultos hechos y derechos desde que pasan a secundaria y se atiborran de televisión e Internet, dos sitios donde se aprende todo lo que las generaciones anteriores necesitaban al efecto por lo menos dos décadas?

Ni todas las leyes del Menor, ni todas las leyes del Mayor son suficientes para detener la aberración, la depravación, la degeneración que se van apoderando de una sociedad que en realidad nunca fue ática; una sociedad que avanzó siempre con un movimiento pendular desde la represión al libertinaje y desde el libertinaje a la represión. A eso se llama fatalismo.

No es ésta una visión pesimista. Es la visión de una persona feliz que se apena hondamente de la sociedad en la que vive.

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