lunes, 27 de julio de 2009

Honduras: escopeta de dos cañones made in USA

Carlos Angulo Rivas

En medio de la corriente innovadora en América Latina se produjo un inusual golpe de estado en Honduras y desde ese momento, nos fue muy difícil asimilar la versión del establecimiento de un gobierno de facto en la región sin el consentimiento de Washington.

Tal vez no de todos los funcionarios alrededor de la nueva administración del presidente Barack Obama estuvieron comprometidos, pero sí la de los halcones que aún pululan en la Casa Blanca y en las Secretarías de Estado y Defensa. Felizmente, el trasfondo de la interrupción del mandato constitucional, capturando y deportando al presidente de la república, Manuel Zelaya, ha salido a la luz pública a través de la mediación, inútil, del presidente de Costa Rica, Oscar Arias.

La enérgica condena al golpe de estado en Honduras, en la OEA, la ONU, la Unión Europea, el SICA, el ALBA, la Cumbre de los No Alineados y de todos los países de la región, no sólo ha sido unánime sino que exige la reposición inmediata, segura y sin condiciones del presidente constitucional Manuel Zelaya. Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, desde el inicio censuró el golpe de Estado contra Zelaya y pidió su restitución en el poder, inclusive suspendiendo cuando menos de palabra la ayuda de su gobierno en cooperación económica y militar, manteniendo sólo la humanitaria. Tanto así que la suspensión, en principio, de la ayuda económica de Estados Unidos, junto al congelamiento de los programas con Honduras del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial, comienzan a impactar en la población pobre de ese país. Sin embargo, no obstante las condenas, el desconocimiento del gobierno de facto de Micheletti, los asesinatos de dirigentes sindicales y de pobladores (4 asesinatos, 1,158 detenciones ilegales, acoso y persecución a representantes del movimiento social), la censura a los medios de comunicación (14 medios de comunicación cerrados), los toques de queda y la ocupación militar de las principales ciudades violentado los derechos individuales y fundamentales contemplados en la Constitución de la República, la señora Hillary Clinton desde la secretaría de estado impuso una mediación que, sin duda, favoreció a los golpistas y los grupos oligárquicos liderados por Micheletti, empresario vinculado a los carteles de la droga.

¿Por qué la señora Clinton no siguió la línea instruida por Obama? ¿Piensa la secretaria de estado imponer la política de los dos cañones en la Casa Blanca? ¿Son tan fuertes sus vínculos con los halcones o pertenece a ellos desde la otra esquina de los demócratas? Una respuesta clara sale a la luz, la mediación de Arias rompía el esquema de la inmediata restitución, segura y sin condiciones, acuerdo unánime de la OEA, de Manuel Zelaya como legítimo y constitucional presidente de Honduras. Pretender darle un marco legal, salida arreglada, a lo inminentemente inconstitucional, prohibido, ilícito e inclusive delictivo, no está inscrito en ninguna parte del ordenamiento jurídico de las naciones civilizadas. En consecuencia la mediación de Arias estaba condenada al fracaso y constituía sólo un ganar tiempo para consolidar el gobierno de facto, sin contar, por supuesto, con la fervorosa lucha del pueblo hondureño contra la dictadura y la violación de los más elementales derechos democráticos y humanos. Y como era de esperarse, Oscar Arias, jugó a favor de los golpistas y propuso como solución a la crisis hondureña, doce puntos en el llamado Acuerdo de San José, que a excepción del retorno del presidente Zelaya al poder, disminuido en sus atribuciones, fueron todos acomodados a los privilegios de los grupos de poder oligárquico comandados por Micheletti. Destacaban en la propuesta de Arias la amnistía para los integrantes del gobierno de facto y el abandono de la idea de la instalación de una cuarta urna en las elecciones generales del 29 de noviembre, la necesaria consulta popular para ir a la aprobación de las enmiendas constitucionales y la modernización del estado.

La presión política de la mediación internacional en la cabeza de Manuel Zelaya, como si fuera él el responsable de la violencia y el golpe de estado, continúa después de haberlo hecho ceder en casi todo, sin tener en consideración el trato o negociación con elementos delincuenciales (Micheletti y los golpistas) que han asaltado el poder militarmente rompiendo el orden constitucional. El triste papel de Insulza, secretario de la OEA, se reacomoda a las circunstancias a cada momento, llamando a la reconciliación como si ella fuera posible luego de lo ocurrido en Honduras desde el 28 de junio pasado. Terminada la función mediadora de Arias, inútil desde el inicio, la OEA debe retomar el camino de las sanciones y el aislamiento total y absoluto del gobierno usurpador. El Gobierno de Micheletti no puede ser reconocido bajo ninguna circunstancia y Honduras como país debe seguir suspendido hasta el retorno a la constitucionalidad.

En el caso de Honduras se actúa por razón de principios democráticos, con absoluta independencia de las posturas políticas nacionales e internacionales; y es lamentable que la oligarquía y los segmentos conservadores de ese pequeño país centroamericano, con el apoyo internacional de la extrema derecha, no entiendan que América Latina viene cambiando la manera de verse representada por sus respectivos pueblos. Estos grupos reaccionarios, conservadores y corruptos no quieren darse cuenta del giro renovador en el continente mediante gobiernos como el de Lula en Brasil, Cristina Fernández en Argentina, Lugo en Paraguay, Vásquez en Uruguay, Morales en Bolivia, Chávez en Venezuela, Bachelet en Chile, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, Funes en El Salvador; no se dan cuenta que de ahí parte el compromiso ineludible del presidente legítimo y constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, de marchar junto a su pueblo hasta Tegucigalpa a fin de devolver la confianza en la democracia y en el poder soberano del pueblo por encima de quienes pretenden enajenarlo. "Voy a regresar de una u otra forma, en diferentes momentos, tengo que hacerlo. Estoy respetando que se culmine con los procesos de diálogo diplomático internacional. Siento que hay buena voluntad de quienes patrocinan pero hay una pésima lección de querer premiar a los golpistas," dijo Manuel Zelaya en rueda de prensa desde Managua, capital de Nicaragua.

Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano residente en Canadá.


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