Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
La concertación de negociaciones a partir de este jueves en Costa Rica entre el depuesto presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya, y los golpistas que usurparon ilegalmente el gobierno nacional, evidencia enfoques diferentes sobre tan sangriento conflicto.
La propuesta de conversaciones surgió en Washington del encuentro entre la secretaria de estado, Hillary Clinton, y el propio Zelaya, aunque resulta sintomático a la hora de analizar el tema, el hecho de que al finalizar la entrevista cada quien ofreciera por separado declaraciones a la prensa.
De hecho la Clinton impulsó la idea de una negociación bajo los formales auspicios de Costa Rica, donde, insistió, “las partes deben cambiar impresiones sobre muchos temas y llegar a un acuerdo mutuo” para terminar con la explosiva situación interna en el más empobrecido país centroamericano.
De manera que, a tono con esa versión, se insinúa cierta igualdad de derechos y de representación entre los pretendidos contendientes, que juntos deben de llegar a conclusiones “equilibradas”.
No dudar, desde luego, que a esta hora algunos en el imperio estén apostando por el regreso de un Zelaya mediatizado como el mal menor y admisible ante una asonada que, es evidente, no tiene futuro ante el pueblo hondureño ni ante el resto del orbe.
Mientras, Zelaya fue claro y preciso al afirmar en su intervención en Washington que asistirá al diálogo para demandar de los golpistas el final del régimen de facto y la vuelta de Honduras al estado de derecho y a las normas constitucionales, violentadas el pasado 28 de junio por los militares y la oligarquía.
No habrá traición al pueblo que lucha y cae en las calles, precisó el mandatario, cuya restitución sin condiciones demandan las clases populares hondureñas y todos los gobiernos del planeta.
De manera que las horas por venir en el tema hondureño pueden ser fundamentales. La resistencia permanente del pueblo de esa nación, admirable por su coraje, organización y empuje, seguirá siendo decisiva en el logro de una victoria sin fisuras ni compromisos, así como la verticalidad demostrada por su máximo y legítimo representante, junto a la activa y permanente solidaridad global.
Esas premisas serán vitales para retorcer la mano a los que acarician planes de mediatización y tutela bajo la mascarada retórica y los rostros bonachones.
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