miércoles, 22 de julio de 2009

Honduras: La tela de araña

Carlos Iaquinandi Castro (SERPAL)

Ya no quedan dudas. El golpe no es producto del delirio de un personaje de cartón piedra como Micheletti, ni del desvarío de un general procesado hace años –cuando tenía el grado de mayor- como miembro de una banda dedicada al tráfico de coches robados.

Los que urdieron el complot para sacar del país a punta de fusil y en pijama al presidente constitucional justo el domingo en el que el pueblo iba a ser consultado sobre la posibilidad de realizar en noviembre un referéndum para convocar una Asamblea Constituyente, esos, los "autores intelectuales", están entre bambalinas. Pero ya todos podemos verlos. Han sido muy torpes y cada dia dejan nuevos indicios de su responsabilidad. Son los representantes de los intereses económicos afectados por medidas “revolucionarias” de Zelaya como poner un sueldo mínimo acorde con las necesidades de subsistencia de los sectores más empobrecidos del país. Son los componentes del bloque continental que intenta frenar –por las buenas o por las malas – los diferentes intentos de cambios y transformación que impulsan gobiernos y pueblos de América Latina. Este bloque lo conforman políticos tradicionales, desprestigiados y rechazados por corruptos, por desoír las urgentes necesidades sociales, por actuar como agentes de los intereses de las multinacionales. Son –entre otros - los Fujimori, los Menem, los Alan García, los Novoa, y sus correspondientes séquitos de vividores. Pero también un aceitado y poderoso mecanismo de gran parte de la derecha política que sigue disponiendo de poder y control en campos decisivos como el de la comunicación. El canal latinoamericano Telesur, con sede en Caracas y algunos pocos medios alternativos fueron la única “ventana” para contemplar la realidad de Honduras. Las cámaras en la calle recogieron el sentimiento de la gente, las marchas multitudinarias, el ametrallamiento en el aeropuerto de Tegucigalpa contra los manifestantes que esperaban a Zelaya, las denuncias de secuestros y detenciones, etc. Por eso los golpistas cerraron medios y expulsaron a los periodistas de Telesur. El resto de la prensa local e internacional, medios radiales, televisivos o gráficos son “comprensivos” o apoyan sin pudor al gobierno de facto. El gobierno norteamericano rechaza retóricamente el golpe, pero Obama no controla los organismos heredados del gobierno precedente. Y los grupos internos de poder real presionan a favor de los golpistas, diciendo que son necesarios para “frenar a Chávez y a los bolivarianos”. Así, gran parte de los republicanos y no pocos demócratas están “infectados” por el antiguo virus del “anticomunismo”, aunque ahora la cepa ha mutado en “chavismo”, “populismo”, “caudillismo” u otros apelativos peyorativos. En definitiva lo que temen es la participación y la soberanía popular. Quieren frenar la historia, y si es posible, hacerla retroceder como una moviola.

Deshacer los avances, las conquistas conseguidas con tantas luchas, tanto dolor, tantas vidas.

Líder o rehén

Se agota el plazo de 72 horas solicitado por el negociador Oscar Arias, presidente de Costa Rica. El títere Micheletti se muestra intransigente y desoye a la OEA, a la Asamblea de las Naciones Unidas , a todos los organismos colectivos continentales y a gran parte de su pueblo. El sabrá que apoyos le sustentan. Pero entonces... ¿ en que se basa el optimismo del embajador de Costa Rica en la OEA al decir que "estaban muy bien encaminadas las negociaciones" cuyo plazo concluye en unas pocas horas ? ¿ Cuál es la salida que espera ? La única que puede destrabar el actual "punto muerto", es que el gobierno de facto rectifique y acepte el regreso de Zelaya. Pues no hay que descartarla. Claro que Micheletti acompañaría su aparente cesión, con la exigencia sobre los restantes puntos surgidos de la propia propuesta de Arias y negándose a debatir el resto. Ese posible escenario dejaría a Zelaya ante la alternativa de volver absolutamente condicionado, o negarse, con lo cual se convertiría en blanco fácil de la maquinaria mediática y de un posible quiebre del hoy - al menos en apariencia - unánime frente internacional contra los golpistas.

Es posible que la negociación deliberadamente prolongada se haya convertido en una tela de araña para Zelaya, tejida por sectores de la OEA y por el Departamento de Estado norteamericano. Este último coletazo puede ser la culminación del proceso para convertir al presidente constitucional en un rehén. Si vuelve condicionado por los restantes puntos sugeridos por Arias ( y en principio aceptados por Zelaya ) estará atado de pies y manos. Será un elemento decorativo. Un florero. Y si intenta reivindicar su condición de mandatario elegido por el voto popular, le acusarán de “romper el acuerdo” o de “incitar a la violencia”. Para los objetivos de la oligarquía hondureña, resultaría algo mejor que el propio golpe. Y facilitaría que gobiernos que se han sumado al repudio del golpe porque no había espacio para otra actitud, ni siquiera para la abstención, se quiten la máscara y rompan esa unanimidad. No hay que imaginar mucho para presumir que entre ellos estaría Colombia y el propio gobierno de los Estados Unidos.

El pueblo no afloja

Quizás por eso, los movimientos sociales que integran el Frente de Resistencia, han sospechado desde un comienzo sobre la "mediación" de Arias y han rechazado categóricamente cualquier condicionamiento. Incluso han reivindicado su derecho a ser consultados con la "cuarta urna" en noviembre para expresar su opinión en favor de una Asamblea Constituyente. En estas horas, diversas asambleas y reuniones de trabajadores y de la sociedad civil organizan un paro nacional que comenzaría el próximo jueves exigiendo la inmediata e incondicional restitución de Manuel Zelaya Rosales como presidente constitucional. Juan Barahona, dirigente del Bloque Popular y coordinador del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado dijo no tener esperanzas en la negociación en Costa Rica, y añadió: "hemos escuchado la posición arrogante de los golpistas, poniendo condiciones, lo que significa que ellos no están dispuestos a entregar el poder. Por su parte, Nelson Ávila, ministro asesor económico de Zelaya, expresó que las expectativas sobre el diálogo en San José son limitadas por la injerencia de la extrema derecha internacional, la cual está interesada en detener los procesos progresistas en América Latina. Ayer, en la concentración frente a la sede del congreso en Tegucigalpa, una mujer humilde, con un lenguaje tan sencillo como claro, ganó el aplauso de todos cuando expresó: "Si a 'güevos' entraron, a 'güevos' los vamos a sacar". Uno de los dirigentes de la Central de Trabajadores José Baquedano indicó que se extenderán las tomas de carreteras y de edficios públicos y ocuparán pacíficamente zonas de frontera.

Mientras tanto, en los salones alfombrados de los golpistas, Micheletti buscaba el calor y el reconocimiento de los grandes empresarios y productores. Allí escuchó complacido los "pedidos" de quienes son sus verdaderos mandantes. Entre ellos "rompa ya con el ALBA, presidente", lanzado por uno de los posibles beneficiarios de una política de "marcha atrás" de los golpistas. Otros suspiraban por la derogación de medidas sociales adoptadas por Zelaya, entre ellas, el salario mínimo con el cual el presidente constitucional intentó mitigar la pobreza de la mayoría de los ciudadanos hondureños. Entre quienes jaleaban al títere de la oligarquía no estaban los principales implicados.

Esos que siempre saben permanecer en un segundo plano. Posiblemente los directivos de las dos principales compañías de producción y exportación frutera, de triste trayectoria en la historia hondureña, simpre ligados a los sucesos violentos de represión, a huelgas aplastadas con secuestros y asesinatos, a la compra de funcionarios y gobernantes. Esos que hace meses lamentaban públicamente el salario mínimo fijado por el gobierno porque significaría una merma importante en sus ganancias. Es que el presente tiene su historia. Hace más de un siglo, Samuel Zemurray, fundador de la Cuyamel Fruit Company lograba colocar en la presidencia al general Manuel Bonilla, quien luego otorgaría generosas cesiones de tierras a las transnacionales norteamericanas en la costa norte de Honduras. Con razón afirmaba Zemurray "En Honduras un diputado es más barato que una mula".


Otros que manejan el control remoto que mueve a Micheletti son los dueños de los principales medios de comunicación de Honduras, siempre a contramano de los intereses populares, con olfato para distinguir entre un golpe a su favor y un gobierno constitucional que afecte sus intereses. Por eso no dudaron un minuto en sumarse rápidamente a la desinformación y a la manipulación de la opinión pública. Incluso "olvidaron" algunas interesantes noticias que años anteriores publicaron en sus propias páginas, como por ejemplo los vínculos del general Romeo Vázquez, "el desobediente", con una banda que traficaba coches robados, o la relación de Micheletti con el tráfico de drogas. Y por supuesto no movieron un dedo en defensa de las radios ocupadas o silenciadas, o del cese de personal del canal estatal, sumado al teatrillo de mentiras y atontamiento colectivo. Ni ante la detención y expulsión de corresponsales de medios internacionales, como el caso de los periodistas de Telesur. Ellos no querían competencia, eso les complicaba el andamiaje de la ocultación y la mentira. Ellos querían y consiguieron "manu militari" disfrutar plenamente de su patente de corso para manipular.

Roberto Micheletti afirma que se mantendrá en el puesto al que accedió ilegalmente, hasta el 27 de enero del 2010, fecha en la que vence el mandato del presidente constitucional Manuel Zelaya. Se ha burlado de los organismos de la comunidad internacional. Despreció públicamente la mediación de Arias, al afirmar a través de su "canciller" que el mediador "se entrometía en asuntos internos de Honduras". Sin embargo, el escenario negociador se mantiene. El rumbo indica fracaso, pero esa insistencia de Arias y el optimismo de su embajador en la OEA, deja la incógnita de la "tela de araña".

Esperemos que los presagios no se cumplan y el pueblo hondureño, sus trabajadores, sus campesinos, las mujeres, los sectores indígenas, logren consolidar el proceso de cambios que iniciaron con Zelaya. Lo contrario sería un golpe no solo para los hondureños, sino para las esperanzas de toda América Latina.

Carlos Iaquinandi Castro es coordinador de SERPAL.


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