lunes, 6 de julio de 2009

Honduras. Sacándose las caretas

ECUPRES

La Conferencia Episcopal de Honduras avaló el golpe de estado en ese país, afirmando “que la justicia social, el dialogo y las consultas dentro del marco de la ley son necesidades que debían ser reconocidas y respetadas a nuestro pueblo”.

En el comunicado público “Edificar desde la Crisis”, emitido el viernes 3 de julio, los obispos católicos romanos recurren a documentos provenientes de “las instancias competentes del Estado (la Corte Suprema de Justicia, el Congreso Nacional, el Ministerio Público, el Poder Ejecutivo, Tribunal Supremo Electoral) y muchas organizaciones de sociedad civil”

Según la lectura de los eclesiásticos “Todos y cada uno de los documentos que han llegado a nuestras manos, demuestran que las instituciones del Estado democrático hondureño, están en vigencia y que sus ejecutorias en materia jurídico-legal han sido apegadas a derecho.- Los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución de la República de Honduras”.

Sobre la situación del Presidente Manuel Zelaya la jerarquía de la Iglesia Católica Romana de Honduras se asocia a la interpretación del actual Gobierno al citar el Artículo 239 de la Constitución de la República donde se señalaría que el presidente deja de serlo si hace determinadas causales. A partir de ello, el documento evitando mencionar el nombre del Presidente dice que “Por lo tanto, la persona requerida, cuando fue capturado, ya no se desempeñaba como Presidente de la República” (subrayado nuestro) y mencionan directamente de las acusaciones que se le enrostran a Zelaya.

Luego se citan una serie de sugerencias, como las de la necesidad del diálogo, escucharse, vivir en justicia, conocidas y repetidas en estos documentos, pero que se expresan a partir del aval al golpe de estado que, por supuesto, el comunicado episcopal católico romano no lo llama así

Al decir que “Es necesario globalizar la solidaridad como un camino que puede ayudarnos a superar la injusticia y la inequidad” agregan que “La comunidad internacional, con la información adecuada sobre la situación de nuestro país, puede contribuir a estos propósitos”, una frase de fuerte contenido ideológico ya que, más adelante, afirman que “A la comunidad internacional le manifestamos el derecho que tenemos de definir nuestro propio destino sin presiones unilaterales de cualquier tipo, buscando soluciones que promuevan el bien de todos” y que “Rechazamos amenazas de fuerza o bloqueos de cualquier tipo que solamente hacen sufrir a los más pobres”.

Ese sesgo posicional se amplia cuando apelan a los medios de comunicación recalcando que “Hoy más que nunca los comunicadores sociales deben expresar su amor a Honduras buscando la pacificación y serenidad de nuestro pueblo, dejando a un lado los ataques personales y buscando el bien común” donde “el amor” por el país no se manifiesta ayudando a esclarecer la verdad sino pacificando y serenando al pueblo, es decir, apelan a la domesticación y esclavización de la población.

Esa misma línea se mantiene al dirigirse “A la población en general” a quien invita a la participación “respetuosa” y “responsable”, para construir una Honduras más justa y solidaria, “con el trabajo honesto”, fuerza física pero si referencia al aporte del pensamiento y participación en la toma de decisiones. Es decir, una actitud totalmente pasiva, dependiente de las autoridades de turno.

Si se toma conocimiento de la tendencia de Zelaya hacia la participación popular, puede leerse mejor la frase de los obispos “A la Organización de Estados Americanos pedimos que preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras, y no solamente a lo sucedido a partir del 28 de junio reciente”

Desde otro ángulo, Pedro Landa, Director Ejecutivo de la Pastoral Social Caritas Arquidiocesana, de Tegucigalpa, escribía el l de julio que “La separación forzada del ex presidente Zelaya el domingo 28 de Junio ha significado un retroceso en el proceso democrático hondureño y no resuelve el problema central de la crisis democrática y el agotamiento del bipartidismo en Honduras” aunque no cree que la restitución de Zelaya “sea una solución real al problema” ya que “Mas allá del debate sobre la legalidad o ilegalidad de lo sucedido, el debate debe ser en impulsar un verdadero proceso de dialogo nacional y transformación de las estructuras políticas agotadas en Honduras”

Según Landa “En Honduras priva la confusión y el uso de los medios de comunicación para desinformar y negarnos este derecho a la población. Hay una fuerte censura sobre lo que realmente esta sucediendo en el país” y que hay muchas denuncias sobre personas presas, detenidas y hasta desaparecidas y no hay ninguna información clara y veraz al respecto.

“Lo mas doloroso -dice Landa- es que los que ahora aparecen como defensores de la democracia y la institucionalidad del país son los militares y los grupos económicos y políticos que han desangrado a mi país y que son igual o mas corruptos que los que antes estaban en el poder. Es una verdadera locura”

Hay otras personalidades eclesiásticas y comunidades católico romanas que se manifiesta igual que Landa, pero que no aparecen en el documento oficial de la Conferencia Episcopal de la ICR.

Un sector de las iglesias evangélicas tuvo un “papel significativo dentro del bloque que procura desplazar del gobierno al presidente Zelaya” según informa la Agencia Serpal al comentar que en San Pedro Sula, una de las principales ciudades hondureñas, las expresiones religiosas vinculadas a Iglesias Evangélicas de Miami, como la "Alianza de Miami por una Honduras en Paz y democracia", convocaron a sus fieles para manifestarse contra la consulta al pueblo sobre la modificación de la actual constitución.

En su mensaje, el pastor Misael Argeñal dijo que "Honduras no necesita una nueva Constitución" y que "Honduras no será jamás de la extrema izquierda". Los organizadores afirmaron que era una manifestación " a favor de Dios", y que contaba con la participación de los estudiantes de las escuelas y colegios religiosos.

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