jueves, 23 de julio de 2009

La Europa del Este es un problema más para Estados Unidos

Dmitri Kosirev (RIA NOVOSTI)

La gira emprendida recientemente por el vicepresidente de Estados Unidos Joseph Biden por Ucrania y Georgia estuvo precedida de una ofensiva ideológica que no pasó desapercibida por los expertos.

Parte de esa ofensiva incluyó una carta abierta firmada por líderes políticos de la Europa del Este remitida a la Administración estadounidense, y también, lo que se puede considerar la respuesta a esa carta, en la forma de una nota editorial publicada por el diario Washington Post.

A partir de estos dos documentos, se puede valorar de la forma adecuada la diplomacia de Biden en Ucrania y Georgia, y más exactamente, el interés de la nueva administración en la Casa Blanca por comprender parte la crisis de la política exterior de EEUU, y esa parte se llama Europa del Este.

Más que todo Europa del Este desde el punto de vista de su influencia en las relaciones internacionales, que se complicaron al máximo tras los acontecimientos que ocurrieron hace un año tras la agresión de Georgia contra Osetia del Sur, el 7 y 8 de agosto de 2008, la actitud adoptada por Rusia tras esa agresión y las convulsiones políticas que desató el conflicto ruso-georgiano en las relaciones internacionales.

Vale la pena recordar que el comienzo del conflicto ruso-georgiano, los medios de prensa europeos y estadounidenses con obstinación explicaron los hechos de tal forma que la opinión pública creyó que la agresora en esa guerra fue Rusia.

Posteriormente, los europeos establecieron la forma en que se desarrollaron los acontecimientos en Osetia del Sur y al fin y al cabo, comprendieron que en el norte del Cáucaso habían ocurrido cosas muy diferentes.

Sencillamente, un pequeño país con un régimen específico apoyado por EEUU provocó una guerra entre dos potencias mundiales en el espacio europeo. Además, Ucrania, (primer país en la gira de Biden) en cara de su presidente, Víctor Yúschenko suministró armas a Georgia para la agresión de manera clandestina, lo que motivó protestas en algunos sectores políticos ucranianos.

Y los líderes de la Europa del Este, en general, los mismos que ahora escriben cartas abiertas a Washington, se manifiestan en calidad de ideólogos y activistas de la política, "defender a Georgia".

En esencia, no fue una política, sino más bien una confabulación con el propósito de utilizar a EEUU para desatar una guerra (además de Iraq y Afganistán) o por lo menos provocar una grave crisis en vísperas de los comicios presidenciales estadounidenses. En resumidas cuentas, cosas muy difíciles de perdonar.

La carta de los europeos de oriente supone un extenso documento firmado por personalidades como Lech Walesa (Polonia); Vaclav Havel (República Checa); Vaira Vike-Freiberga (Letonia); Valdas Adamkus (Lituania) y otros políticos destacables.

Los autores de la carta se autodenominan "atlantistas" y advierten que la popularidad de EEUU en sus países disminuye y que al poder llega gente nueva. Los firmantes exhortan a Washington conservar vínculos especiales con la "nueva Europa", incluir a Ucrania y a Georgia en la OTAN, contrarrestar la influencia de Moscú, entre otras cosas, con la construcción de nuevos gasoductos que no pasen por el territorio ruso y otras cosas.

Y las propuestas del presidente de Rusia, Dmitri Medvédev en relación a la creación de una nueva arquitectura de seguridad en Europa, una horrible pesadilla que exige el reforzamiento de la OTAN.

En resumen, un llamamiento a continuar la política que desarrolló Washington antes que llegara el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, seguir la política que terminó con la catástrofe de Georgia,

Algo parecido a la brusca polarización ideológica que ocurre actualmente en EEUU por parte de los neoconservadores y partidarios del ex presidente Dick Cheney opositores categóricos a que Obama desarrolle una política exterior diferente a la que promovió Cheney.

En la historia de EEUU, una situación muy poco común, comparable probablemente con las luchas ideológicas e intentos de renovación ocurridos en la Unión Soviética en la década de los años 80.

En respuesta a la carta abierta de los líderes de la Europa Oriental, la nota editorial del Washington Post opina que la Administración estadounidense debe interpretar esta carta como un estímulo y no tanto como un reproche.

Porque no son muchas las naciones que reclamen relaciones más estrechas con EE.UU., relaciones basadas en los ideales de la libertad y la unión.

La élite intelectual de EE.UU. se da cuenta de que la política anterior era insensata y hasta peligrosa. No obstante, una política de nuevo cuño que se distancie del aventurerismo de la Administración de Bush pero tampoco signifique una cesión brilla por su ausencia en EE.UU..

De igual manera, los pensadores de la época pasada en Europa del Este se empeñan en mantener la política de antes, sin que haya visos de algo nuevo.

Pero también Rusia, que durante largos años se opuso a la política de Bush-Cheney, debería expresar con mayor claridad sus apreciaciones tanto negativas como positivas de la línea seguida por Washington.

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