martes, 28 de julio de 2009

Mesa del diálogo, hija de la mesa de Enlace

PRENSA DE FRENTE

Corriendo al debate sobre el “modelo” del centro de escena y abriéndose mansamente al diálogo, así decidió masticar el oficialismo la derrota del 28 de junio en las legislativas.

Asfaltando el camino para que quienes mejor expresaron los deseos de la Mesa de Enlace durante el conflicto del agro aparezcan como impulsores de políticas sociales progresivas. Relegando la agenda distributiva y trastocando a la derecha de golpista en neoliberal sensible. No hay desvío hacia ningún lado, hay rectificación del rumbo y mayor poder de fuego de los sectores concentrados de la economía.

Lo que había sido planteado en voz baja durante la campaña surgió como sorpresivo emblema al cerrar las primeras jornadas del dialogo republicano al que convocó el gobierno. Universalizar las asignaciones por hijo o esquemas similares, se ha convertido en un eje rutilante en los planteos públicos – ya no exigencias – de la oposición parlamentaria. Gerardo Morales de la UCR fue agraciado con el rol de ser quien esto exige a un gobierno declamado como “nacional y popular” que condujo en años de sostenido crecimiento a altas tasas.

Lejos de tratarse de un simple problema de autoría, que sean Morales y De Narváez quienes capitalicen y no las organizaciones sociales, sindicales y políticas que instalaron el reclamo originalmente, aun en la previa de la etapa kirchnerista, es consecuencia de la decisión del oficialismo de negar demandas que lo desbordaban a su izquierda. La derecha repite ahora el esquema pingüino, apropiándose de banderas que no le pertenecen en búsqueda de blanqueo. Para las voces oficiales, el punto no parece explicar mejor la falta de votos en el conurbano que las picardías de un puñadito de intendentes. La universalización de las políticas sociales, abre un problema práctico: pone en juego el esquema de acumulación de poder de los propios partidos implicados, sobre todo el PJ.

Pero aunque se lo presente, no es ese el eje principal de la convocatoria oficial. La parte del león, el trazo grueso en lo económico, se definirá sentando a la mesa a las corporaciones industriales simbolizadas en la UIA y AEA y agrarias, en la dura y poderosamente reaccionaria Mesa de Enlace. Es que el gobierno parece haber hecho suyas las lecturas post eleccionarias del Pan Radicalismo y los Pro Peronistas, dejando abierto el trayecto que llevará a poner en debate las retenciones a las exportaciones de granos, caballito de batalla de las patronales agrarias, que, con Hugo Biolcatti y Eduardo Buzzi a la cabeza, poseen el verdadero timón de su deudora: la oposición por derecha. En tanto, las cámaras empresarias, robustas en subsidios, se escudan en la crisis manifestando públicamente su poca predisposición a perder un ápice, estrechando aun más el margen de negociación en el consejo del salario.

La gobernabilidad, entendida por todos como un concepto siempre más cercano a los intereses del bloque dominante, fue lo que garantizó en poco tiempo Néstor Kirchner tras su asunción en mayo de 2003. Aquella coyuntura, aun signada por las jornadas de diciembre de 2001 y un alza de movilizaciones populares lo obligó a ampliar la batería de recetas conocidas. Profunda y contundentemente, el conflicto por las retenciones a la exportación de granos con la Mesa de Enlace como mascarón de proa, marcó la bisagra y fue el hueco por el cual sectores económicos concentrados y los grandes grupos mediáticos lograron aglutinar a la oposición político partidaria de recambio para una nueva etapa en ciernes. El grupo Clarín, por caso, que mostró su rechazo al gobierno de Cristina no lo había hecho del mismo modo con el gobierno de Néstor Kirchner. Baja de retenciones y devaluación son los caballitos de batalla para comenzar a formatear el modelo por venir.

En términos de gobernabilidad la cancha ya es otra. En silencio pero activo, el hombre del kirchnerismo en la provincia hasta las últimas elecciones, parece leer mejor el libreto necesario: se rodea de intendentes ortodoxos, cambia de agendas, se reúne con Carlos Ruckauf, se acerca a Roberto Lavagna, revive a José Pampuro y pispea a Duhalde. Instalado en sus aspiraciones presidenciales, juega no tanto al republicanismo exigido por la oposición campera sino trabajando con mayor énfasis a la interna del PJ. Daniel Scioli regresa a un contexto discursivo que le es más cómodo, y donde todavía posee mayor margen de maniobra que su jefe. Esta semana fue quien, previa visita a la oligárquica exposición rural, intentó expresar a la Mesa de Enlace frente a la presidenta. La estela dejada por el nucleamiento patronal agrario, traccionó todos los reacomodamientos, aún los de la corporación industrial, pero no tiene aún represtación política cabal, está en disputa. Disputa vedada para el kirchnerismo puro por esfuerzo que haga.

La responsabilidad de instalar ejes redistributivos, queda entonces en manos de la CTA en minoría en el consejo del salario, los espacios políticos encabezados por Pino Solanas en Capital, y Martín Sabbatella y por separado, los movimientos sociales que han pedido ser incorporados al diálogo. La universalización de la asignación por hijo a 300 pesos y las modificaciones al sistema impositivo regresivo aúnan sus demandas y propuestas. Prohibición de los despidos por 180 días; desactivación del tarifazo en los servicios públicos, implementación de obra pública y viviendas por medio de cooperativas también serán ejes planteados. Tal vez por hacer foco en el núcleo central del modelo de acumulación transnacional en nuestro país, que ningún partido de los mayoritiarios pone en tela de juicio, las asambleas ambientalistas surgidas de la lucha contra el saqueo y la mega minería, serán otro espacio ausente en la ronda del diálogo.

En un país en el que, según datos de la consultora Equis, el 30 por ciento son pobres, el 62 no tiene cloacas; casi el 60 vive sin gas natural y el 33 por ciento lo hace sin agua potable; el 47 por ciento no tienen cobertura de salud que no sea la de los vaciados hospitales públicos; y el 15 por ciento habita en villas de emergencias o asentamientos precarios, los planteos distribucionistas no parecen ser de máxima. Aun así, serán probablemente desoídos en pos de la gobernabilidad.

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