lunes, 6 de julio de 2009

México: Democracia elemental

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar del domingo, en el distrito del desencanto, que abarca desde el hastío generalizado hasta los confines de la apatía, el porvenir de la ciudadanía se calculará en una simple adición, en un trámite sinuoso que excluye la evidente sustracción del rechazo popular...

Dicen los que saben que la democracia no admite adjetivos, que todos los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, y que desde los tiempos de Pitágoras, una elección se gana sumando complicidades.

En el momento en el que escribo aún no se instalan las casillas electorales y todavía no se declara formalmente el inicio de la jornada. Y sea cual fuere el resultado de los comicios, el abstencionismo y los votos nulos no incidirán en la determinación de los vencedores; desde hace décadas, el conteo oficial de los votos elude la cifra obscura del abstencionismo; y por eso, un solo voto es suficiente para alcanzar el triunfo en las urnas, a pesar del rechazo socialmente manifestado.

El factor que legitimará estas elecciones son los votos emitidos, sin considerar la proporción de votantes con respecto a la totalidad del padrón electoral, sin ponderar el porcentaje de anulaciones y abstemios en relación con los votos válidos.

La victoria electoral es el producto de una sumatoria simple, ni más ni menos. El conteo oficial de los votos fortalece una democracia incipiente que, convenientemente, no ha considerado el porcentaje de abstencionismo porque de hacerlo, los virtuales ganadores carecerían de legitimidad y varias elecciones se habrían anulado.

Y la anulación de una elección es una circunstancia hipotética, que no se ha identificado en la legislación vigente, ni en las anteriores, y por lo visto, ni en la próxima contra reforma.

El proceso electoral, jurídicamente establecido, adolece de precisiones y no contempla ni remotamente la anulación de la elección; la posibilidad de una segunda vuelta electoral es un concepto fantasmagórico y el voto en blanco, con la logística que implica, es poco menos que un sueño guajiro.

Como consecuencia de este proceso electoral, los partidos se apropiarán de los reclamos sociales para atraer votantes y militantes, pero la ansiada recontra reforma electoral se postergará hasta después del 2012. Porque a partir del 6 de julio, todas las acciones del partido gobernante y de la oposición estarán definidas por la próxima elección presidencial. La partidocracia debatirá las circunstancias y el marco jurídico que les favorezcan.

Si todo sucede de acuerdo a lo previsto, la jornada electoral consolidará un sistema rudimentario, una democracia incipiente, elemental, sustentada en una simple adición, en un trámite sinuoso que excluye la evidente sustracción del rechazo popular…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos Especializada en Literatura en el Itesm.


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