miércoles, 15 de julio de 2009

Ni Rusia ni Japón quieren ceder un ápice en el asunto sobre las islas Kuriles

Andrei Kuznetsov (RIA NOVOSTI)

El choque frontal de alto nivel ocurrido recientemente entre Rusia y Japón sobre el denominado "asunto territorial" fue un asunto que debió ocurrir tarde o temprano.

En la cumbre del G-8 en L´Aquila, el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev y el primer ministro de Japón, Taro Aso sostuvieron un áspero encuentro en el que las partes expresaron de manera particularmente franca sus puntos de vista sobre un asunto que desde comienzos de 1950 ha empañado notablemente las relaciones bilaterales.

Mientras que las declaraciones del presidente ruso se ajustaron a la norma diplomática, las réplicas del primer ministro japonés se destacaron por su dureza contrastando con el tradicional tacto que tanto caracteriza la retórica oriental.

En materia de las relaciones ruso-niponas, y en particular, en el "asunto territorial", en la cumbre del G-8 no debió ocurrir nada del otro mundo. A comienzos de año, funcionarios de alto rango del ministerio de Asuntos Exteriores de Japón afirmaron en conversaciones privadas de que Aso no tenía planes de proponer a Rusia nada nuevo en relación al contencioso territorial y que consecuencia, Japón no espera nada especial del presidente Médvédev.

Pero poco antes del encuentro en L´Aquila, la situación comenzó a empeorar después de que la Cámara Baja del Parlamento nipón aprobará y posteriormente, la Cámara Alta del Legislativo de Japón ratificara el pasado 2 de julio, enmiendas a la ley de 1982 sobre las "medidas especiales para acelerar la solución del problema de los territorios del norte", que entre otras, estableció la pertenencia de Japón de cuatro islotes del archipiélago de las islas Kuriles del Sur.

Para Japón, "los territorios del norte" son cuatro islas, Iturup, Kunashir, Shikotan y Jabomai, que forman parte del archipiélago de las islas Kuriles del Sur, pertenecientes a Rusia, y cuya devolución exige Tokio como condición para firmar con Rusia un tratado de paz, tras la II Guerra Mundial.

El paso emprendido por el parlamento japonés (en Japón casi desapercibido y poco destacado por la prensa) ocasionó reacciones muy negativas en Rusia. La Duma o Cámara Baja y posteriormente, el Consejo de la Federación, o Senado de Rusia, aprobaron una declaración que incluyó propuestas para que Rusia apruebe con retroactividad el Acuerdo de Paz de San Francisco por el cual, Japón renunció a sus derechos sobre las islas Kuriles y la isla Sajalín del Sur.

Por su parte, las Administraciones Públicas de las islas Kuriles del Sur en señal de protesta se manifestaron a favor de suspender el régimen de extensión de visados con Japón.

En el curso de las conversaciones bilaterales en L´Aquila, el presidente ruso subrayó que la discusión de temas tan complejos como la firma de un tratado de paz y la problemática territorial entre Rusia y Japón debe transcurrir en un ambiente adecuado.

Y, según la parte rusa, "esa atmósfera no ha mejorado sino que por el contrario, ciertos pasos emprendidos han desatado manifestaciones de carácter emocional". Medvédev informó que el Consejo de la Federación insiste en que sean anuladas las enmiendas aprobadas por el parlamento de Japón. "Esto no quiere decir la interrupción de los contactos, pero cada una de las partes está obligada a emprender pasos de acercamiento", subrayó el líder ruso.

Al constatar que la parte rusa optó por la defensa diplomática y que no tiene intenciones de solucionar los problemas de acuerdo a las propuestas de Japón, el primer ministro nipón pasó a la ofensiva diciendo: "Japón no puede considerase satisfecha con la situación actual".

Añadió que si Rusia no emprende pasos concretos hacia la firma del tratado de paz, es decir, si no hace las concesiones territoriales que exige Tokio, Japón desistirá del plan de concertar relaciones de asociación en la zona de Asia y del Pacífico.

Y cuando Medvédev destacó que los empresarios de Rusia y de Japón a veces muestran más comprensión y flexibilidad que los políticos de ambos países, el primer ministro nipón pronunció su frase clave: "Ante la falta de avances políticos, la élite empresarial japonesa podrá vacilar cuando se trate el tema de programas de inversión en Siberia oriental".

Una señal más que clara. Si Moscú no emprende pasos hacia la devolución de las cuatro islas, no habrá cooperación económica de Japón en el Extremo Oriente de Rusia. Una amenaza que no puede considerase una broma si se tienen en cuenta los planes fijados durante la reciente visita del primer ministro ruso Vladimir Putin a Japón.

El primer ministro nipón amenazó con anular o congelar la ejecución de contratos por miles de millones de dólares, lo que supondrá un duro revés en los planes de desarrollo del Extremo Oriente ruso.

¿Estamos ante una situación muy terrible? Al analizar la posible causa de las duras declaraciones del primer ministro nipón, en primer lugar hay que tener en cuenta la situación política de Aso. Su permanencia en el cargo se aproxima a su fin y el Partido Liberal-Demócrata (LDP) que preside, tiene pocas opciones en las próximas elecciones para la elección de la cámara baja del parlamento nipón.

Aso apuesta por una postura dura en la arena interna y externa con el fin de elevar la popularidad de LDP, aunque el principal interrogante es en qué medida el sector empresarial y económico privado nipón está dispuesto a obedecer las órdenes de Aso de renunciar a contactos ventajosos con Rusia sobre todo en condiciones de crisis.

Vale recordar que el oponente principal del LDP en los comicios es el Partido Democrático encabezado por Yukio Hatoyama, que también es presidente de la Sociedad Rusia-Japón y que tiene una larga historia de relaciones con las principales fuerzas y líderes políticos rusos.

En caso de que su partido gane las elecciones, Hatoyama será el nuevo primer ministro y, a pesar de que no cabe esperar notables mejoras en la actitud de Japón hacia el contencioso territorial, la postura del nuevo jefe del gabinete difícilmente será tan categórica.

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