lunes, 13 de julio de 2009

Obama coloca más fichas en el tablero

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

Las designaciones esta semana por la Casa Blanca de un involucrado en el golpe de estado de 2002 en Venezuela y un funcionario que apoya la anexión de Puerto Rico como estado de la Unión, han dejado claro aspectos de la coyuntura hemisférica que enmarcan la crisis de Honduras.

Así, mientras estaba a punto de comenzar en Costa Rica el diálogo entre el presidente de Honduras, José Manuel Zelaya, y el jefe golpista Roberto Micheletti con la mediación del mandatario Oscar Arias y la bendición de Washington, el presidente Barack Obama nombraba para puestos claves en su gobierno con gran libertad de maniobra al ex director de la Fundación Nacional Cubano Americana Joe García y al funcionario del Congreso Tony Babauta.

La relación de la política de EEUU sobre la Habana con el golpe militar que desató un preludio del infierno en Centroamérica debería ser obvia, debido a que el derrocamiento de Zelaya se produjo a menos de un mes de que fuera precisamente en Honduras que la Organización de Estados Americanos levantara las sanciones contra Cuba. De igual forma, aunque un detalle menos conocido, el vínculo con Puerto Rico tiene que ver con que su Guardia Nacional es el cuerpo castrense de reserva de EEUU que se encarga de relaciones formales con las fuerzas armadas hondureñas.

En ese marco, que involucra además lo obsoleto de la estrategia militar estadounidense para América Latina documentado en casos como la inutilidad de la base de Palmerola, Obama está realizando una serie de movidas que –al menos en la superficie- ponen en desventaja a fuerzas recalcitrantes que sostuvieron la política imperial estadounidense plagada de golpes y dictaduras. Tales son los casos de la entrega a Bolivia del fugitivo ex coronel golpista Luis Arce Gómez, reclamado desde hacía muchos años, así como del agradecimiento a la América Latina a través del presidente brasileño Ignacio Lula da Silva por los esfuerzos para una solución diplomática a la crisis de Honduras.

Pero las designaciones de García y Babauta presentan aspectos más inciertos y de contradicciones para los propios EEUU.

García, un protegido de Jorge Mas Canosa, representó a la FNCA en 17 países antes de llegar a la dirección del organismo y en 2002 efectuó reuniones con los golpistas que intentaron derrocar al presidente Hugo Chávez y poner fin a la revolución bolivariana. Sin embargo, bajo la dirección del abogado de Miami ahora nombrado a un puesto importante en el Departamento de Energía, la FNCA dio su respaldo a la estrategia de Obama en la OEA para facilitar negociaciones con Cuba.

La nueva postura de García, que cuando estuvo vinculado al gobierno de George Bush apoyó también la política de éste sobre Radio Martí, ha provocado ataques de grupos más radicales en su posición contra el gobierno cubano. Su posición es que Obama ha sido brillante porque Cuba tendrá que acomodarse a los requerimientos de EEUU sobre el sistema democrático y los derechos humanos.

Sobre lo brillante que atribuye a la estrategia de Obama, al menos lo es para la FNCA, que ahora está comprometida en el apoyo a la política de EEUU sobre negociaciones con Cuba y es claro que el mandatario espera de esa organización una participación en todo el proceso. Además, la designación de García para la agencia encargada de energía lo pone en contacto directo con uno de los aspectos principales de la política de EEUU para con América Latina, con asuntos pendientes como las fuentes renovables de Brasil y el plan de Colombia para enviar electricidad a territorio de EEUU a través de la interconexión de América Central y un cable que cruce el Mar Caribe hasta Puerto Rico.

El caso de la designación de Babauta revela otro aspecto, cargado igualmente de contradicciones.

Babauta es natural de Guam, que se queja de que Washington exige que se resuelva primero el caso de Puerto Rico antes de atender la situación de esa otra colonia, en el Océano Pacífico. El funcionario ha servido por años en el subcomité de asuntos insulares del Congreso, donde se le conoce por haber dado mucho apoyo a los esfuerzos de los delegados anexionistas Carlos Romero Barceló y Luis Fortuño, así como lo hizo con el actual comisionado residente Pedro Pierluisi.

Al anunciar su designación, la Casa Blanca dijo que Babauta había trabajado en el Congreso por “el mejoramiento político de Puerto Rico”. Su designación para el Departamento del Interior –una agencia que participa en el comité de trabajo que diseña la política estratégica sobre Puerto Rico- ocurre en momentos en que Obama ha reiterado que el caso colonial puertorriqueño será atendido de manera definitiva este cuatrienio.

El avance de los anexionistas en Washington, sin embargo, plantea a la Casa Blanca un tema delicado ante la presión latinoamericana por la independencia de Puerto Rico.

Bien sea para convertir a esta nación isleña en estado de la Unión y así extender de forma definitiva la frontera de EEUU hasta el norte del Mar Caribe o para retirar su dominio como reclama América Latina, será importante que se defina el ambiente de cooperación o de confrontación en el hemisferio.

Parte de esa definición tiene que ver con el resultado de la crisis de Honduras y las conversaciones de Costa Rica.

Los golpistas hondureños, que contaron con apoyo externo de grupos como el Competitive Enterprise Institute y el CATO Institute, así como organizaciones empresariales de Centroamérica, son vistos como un intento de poner en práctica el modelo del golpe militar para detener el avance de la revolución bolivariana en muchos países. La reacción fuerte de las naciones del hemisferio en contra de volver a época de las dictaduras, sin embargo, ha puesto bajo sitio a los golpistas.

Obama por su parte no oculta su interés de descarrilar la revolución bolivariana y lograr cambios drásticos en Cuba, pero públicamente insiste en que las dictaduras militares no son la solución.

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