jueves 16 de julio de 2009

Paraguay: Gigantesca cazuela menonita

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

Unos tres mil protestantes cristianos, procedentes de 50 países, más otro número similar de nacionales, animan esta semana en Asunción el XV Congreso Mundial Menonita, consolidando la creciente influencia de esa confesión, exclusiva y excluyente, en la vida empresarial, política y religiosa de los paraguayos.

La Iglesia Menonita, cuya membresía gozaba hasta hace poco de una aureola de honestidad y sacrificios, perdida cuando algunos de sus máximos dirigentes entraron al anillo corrupto del anterior gobierno, se instaló en el país en 1927, con un primer grupo de fieles, expulsados de la Unión Soviética.

Ente los asistentes destaca el exPresidente Nicanor Duarte Frutos y su esposa Gloria Penayo, cabeza visible de la secta Raíces, de gran predicamento en ese último gobierno del Partido Colorado. Su derrota, el año pasado, alejó casi en masa, tal como habían llegado, a una gran cantidad de fieles adoradores.

El Concilio General Menonita, convocado cada seis años, se realiza en el Centro de la Adoración, un fabuloso complejo multifuncional, inaugurado para la ocasión.

Su elevadísimo costo, que alimenta comentarios y murmullos por todos lados, resulta imposible de verificar, dado el mutismo que rodea a las actividades de las grandes sectas, con la zona financiera imposible de franquear, en particular cuando se intenta conocer sus balances, siempre envueltos en velos de misterio.

Koinonia (comunión) de iglesias de orientación anabaptista, es el emblema del encuentro, que exhibe un impresionante despliegue de recursos tecnológicos, inéditos en Paraguay.

Una rigurosa disciplina marca hasta por segundos el tiempo de los frugales desayunos y almuerzos, preparados en una inmensa olla de cinco mil litros, que cocina con gas, mediante una instalación de compleja ingeniería.

Convocado “para confraternizar, celebrar cultos, servir y testificar, animado por hacedores de paz, enemigos de la violencia”, el Congreso es viva representación de la conducta que exhiben los menonitas en Paraguay, seres ensimismados, que se mueven como elegidos, desentendidos de su entorno, insolidarios con los problemas del país, e indiferentes frente a quienes no pertenecen a su confesión.

Todo ello es posible porque el Estado paraguayo, fraccionado desde hace más de un siglo, continúa prisionero de varios bloques empresariales, religiosos y mafiosos que, en buena medida, deciden la inoperante política del país que, cuando se aproxima el primer año del esperanzador gobierno de Fernando Lugo, ningún cambio significativo muestra.

Por el contrario, las “patrias” sojera, ganadera, de los narcotraficantes y de las sectas religiosas, como la Menonita, con fuerte presencia en toda la estructura del Estado, siguen determinando el rumbo de la vida de los seis millones de habitantes, el 60 por ciento en situación de miseria, con represión de los movimientos populares e impunidad para las roscas mafiosas.

“CUANDO LA GUÁTICA PIDE COMÍDICA,
NO HAY REGIMIENTO QUE LOS DETENGA,
SI TIENEN HAMBRE LOS POPULÁRICOS”.
Violeta Parra

Arrastrando extrema miseria, tuberculosis, sida y otros dramas, muchos indígenas acampan desde hace meses en plazas públicas de Asunción y, últimamente, amenazan con iniciar el asalto de supermercados y otros comercios, en búsqueda de alimentos para su hambre vieja, y alguna ropa que cubra su escualidez.

Un grupo de ellos llegó esta semana ante la residencia del Presidente Lugo, solicitando una audiencia, pero fueron rechazados, rodeados por un contingente de Cascos Azules, que forzó el desalojo.

Con fríos de tres o cuatro grados, niñitos de seis, siete, ocho años, descalzos, desarrapados, que esperan en los semáforos pidiendo limosnas, convierten en mentiras las promesas electorales, cuando el ex Obispo les decía que la solución de sus desgracias, sería una de las prioridades de su administración.

Las raíces menonitas se remontarían a los alrededores del primer cuarto del siglo XVI, de la mano protestante de un reformista suizo de apellido Swing, cuya posta tomó Menno Simons unos cien años después en la frontera holando-alemana, quien sembró sus confesiones por diversos países.

Con mucho apoyo material inicial de su Confederación Mundial, con sede en Estados Unidos y de otras congregaciones que ya estaban consolidadas en Canadá y México, los menonitas en Paraguay han levantado una república aparte, una especie de “isla del orden”, en los últimos 90 años.

Su organización en cooperativas de producción y servicios, el inmenso sacrificio de sus pioneros en la colonización del “infierno verde”, como se conocía al vasto, salvaje y tórrido Chaco, su espíritu colectivo enajenado en el trabajo, en el ahorro y en una vida austera, más las diversas franquicias y favores de los gobiernos paraguayos, explican una parte de ese éxito.

Explotando la ganadería, la agricultura y los bosques, el mundo menonita, una especie de apartheid paraguayo, representa el principal núcleo económico del país, cuya población, de algo más de 30 mil personas, goza de un privilegiado índice de ingresos que, según sus informes, oscila entre 12 a 14 mil dólares per cápita.

Otro aspecto resaltante de su expansión, tiene que ver con la explotación de unos 25 mil indígenas, mano de obra barata, muchos de ellos víctimas, incluso, del sistema del “enganche”, una especie de esclavitud, que los fuerza a trabajar para pagar alguna deuda que han contraído en sus almacenes o farmacias.

Igualmente, los nativos padecen la ocupación, cuasi militar, de inmensas extensiones de sus tierras que, por derecho natural, pertenecen a las 17 etnias originales de Paraguay, abandonadas desde siempre por el Estado.

Los “meno”, que hábilmente han construído un mito de población honrada e igualitaria, en base a su pujanza económica y financiera, conforman un Estado dentro del Estado, aunque se identifican en muchos vicios.

Sus dirigentes alimentan una imagen de honestidad que oculta la traición a principios del cooperativismo, pues permiten la desigualdad de ingresos, que empobrece a ciertos grupos a la par de enriquecer de otros, cuyas fortunas están siendo invertidas a título familiar, en Estados Unidos y Europa.

En definitiva, es una sociedad elitista, cerrada, xenófoba, suspendida en el tiempo con hábitos muy conservadores, como la prohibición del consumo de alcohol entre sus miembros, a quienes se condena si constituyen pareja con una persona ajena a las colonias.

En virtud de su estrecha relación con el General Alfredo Strossner, durante su tiranía entre 1954 y 1989, admirador de todo lo alemán, en particular el nazismo y su líder Adolfo Hitler, la colectividad menonita continúa gozando de muchas dádivas estatales y privilegios fiscales, que le permiten tener escuelas y hospitales exclusivos, además de leyes, policía y cárceles propias.

Tienen la mejor infraestructura de servicios generales de todo el país, y aseguran el 80 por ciento de toda la producción láctea nacional, con alto porcentaje de exportación a Brasil.

Sin embargo, continúan considerándose extranjeros y viven al margen de la cultura y población paraguaya. Hablan el alemán antiguo y hasta el dialecto plattdeutsch del siglo XVI.

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