lunes, 27 de julio de 2009

Perú: La carga de los 600…

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

A mediados del siglo pasado una película hizo furor en todos los cines. Dirigida por Michael Curtiz y con la actuación del Errol Flynn y David Niven, buscó mostrar el peso del número sobre la calidad de las causas en los enfrentamientos entre poblaciones y ejércitos. Y se llamó “La carga de los 600…” como una manera de enaltecer la agresión en masa en las condiciones de una lucha dada.

Pues bien, en el Perú pareciera haberse reeditado, como una bomba, la carga de los 600 para un propósito más jugoso y definido: quebrar la resistencia de un congresista que juega un papel positivo en la defensa de los intereses populares y en la lucha contra la aplicación del modelo neo liberal.

Víctor Mayorga, como se sabe, es uno de los voceros más calificados de la Oposición y preside la Liga Parlamentaria de Amistad Perú-Cuba. Tiene, entonces motivos más que poderosos para resistir cualquier tipo de presión que se quiera ejercer sobre él en esta circunstancia.

La bomba estalló sorpresivamente a partir del mediodía del miércoles 22 del presente en el Parlamento Nacional cuando dos activistas del Movimiento Patria Libre resolvieron hacer apología de su Partido en una rueda de prensa convocada para otros fines, vinculados más bien a la defensa de los derechos ciudadanos afectados por constantes acusaciones procedentes de los servicios de inteligencia del Estado y difundidos por diversos medios de comunicación.

Al unísono virtualmente todos los diarios, los noticieros de la radio y la televisión y las agencias de noticias dieron una versión distorsionada de los hechos, pero idéntica, como si procediera de una misma plantilla: “apología del terrorismo”, “presencia del MRTA en el Congreso de la República”, “subversión generalizada”, dijeron a una sola voz responsabilizando por el hecho al parlamentario Nacionalista para luego doblegarlo y someterlo.

En definitiva, los evangelios por tierra, como dijera hace más de quinientos años un precursor del oscurantismo opresor.

El tema podría tener un carácter local, más bien anecdótico y doméstico si no fuera porque forma parte de una misma plancha: la campaña contra Zelaya y a favor del Golpe en Honduras, la ofensiva contra Evo Morales, las denuncias contra Correa en torno a sus negados vínculos con las FARC, los ataques contra Hugo Chávez y las agresiones cotidianas contra Ollanta Humala, los amazónicos y las poblaciones que combaten en el interior del país.

Se trata de expresiones de un mismo contenido y que se orienta a dividir al Perú, y al mundo, como si a un lado estuviera la concepción “occidental y cristiana” y al otro la incivilización y la barbarie “maximalista”, como le gusta decir otra vez a los áulicos del Gran Capital. Es, en el fondo, apenas un pequeño eslabón de una cadena de dominación continental que merece el más firme rechazo.

Quien tenga la posibilidad de revisar el video de la conferencia de prensa, podrán reparar en hechos muy claros: no hubo ninguna “apología del terrorismo”. Tampoco, una exaltación de los considerados “líderes de la subversión”, llámense Víctor Polay y Nestor Cerpa. Ni siquiera una alusión en torno a la lucha armada.

Los voceros de Patria Libre se limitaron a asegurar que representaban a una estructura partidista que había comprado un kitt electoral destinado a recabar firmas para inscribir su colectividad y asegurar así su participación en las elecciones nacionales del 2011.

Lo que se les puede -y debe- reprochar es que hubieran cambiado el propósito de la cita sin aviso ni acuerdo previo cediendo, al hacerlo, al interés estrecho, sectario y partidista, lo que sirvió como un caramelo a la voracidad desenfrenada del enemigo.

En el Perú hay bastante tela para cortar en la materia. La derecha vive aterrada ante la eventual posibilidad de una derrota suya en los comicios que se avecinan. Y no sabe cómo persuadir a la población -y al electorado- para que “no le haga caso” a los que promueven la resistencia al “modelo” oficial.

Incluso el propio Presidente García, a la cabeza de esa campaña, se desvive por convencer a los peruanos para que no vayan a votar por los “antisistema”, es decir, por aquellos que defienden a las poblaciones agrarias, a los territorios de la amazonía, a los trabajadores y a los sectores más deprimidos de la sociedad.

Pero además de miedo, la reacción tiene una doble moral que podría interesar vivamente a cualquier psicoanalista con un elemental criterio profesional.

Para ellos, es bueno Yehude Simon, que fue fundador de Patria Libre, que estuvo vinculado al MRTA y purgó sentencia por delitos de terrorismo. Y es malo quien asegura haber abandonado la acción armada porque desea participar en elecciones con derecho a elegir y ser elegido.

Yehude Simon puede darse el lujo de conceder una entrevista, y dialogar, con la hermana de Víctor Polay, pero un parlamentario de la oposición comete el delito de “apología del terrorismo” cuando presenta a los medios a dos personas en el mismo Partido que fundara Simon en 1990 dejando expresa constancia de que no está de acuerdo con ningún proyecto violentista.

Armando Villanueva puede presentar y prologar un libro de Víctor Polay, pero nadie más tiene derecho a pensar siquiera en la posibilidad de que pudiera respaldar a una organización legal.

Javier Vallerriestra puede pedir que los líderes encarcelados del MRTA sean indultados y retornen a la vida política, pero quien no comparte las ideas fundamentalistas del régimen, debe ser encarcelado por “subversivo”.

Ahora la derecha más reaccionaria promueve una “sanción parlamentaria” contra Víctor Mayorga. Y un proceso judicial contra los dirigentes de Patria Libre y otras personas.

Se trata, ciertamente, de medidas intimidatorias. Hay que enfrentarlas a pie firme y derrotarlas con la fuerza de la verdad.

Y tener presente lo que me dijera solamente ayer una persona mucho más sabia que yo, y más experimentada por cierto: “estos son algunos de los retos que la vida pone en el camino de los hombres. Los que saben enfrentarlos para seguir en la pelea, son precisamente quienes se gradúan de hombres”.

Esta vez, la carga de los 600 no debe concluir, como en 1856, con la victoria de los agresores, sino con su derrota. Será esa la única forma civilizada y tolerante de afirmar realmente el sistema democrático.

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