viernes, 10 de julio de 2009

Tratado nuclear: Persiste obstinación norteamericana

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Las incógnitas parecerían que empiezan a despejarse en torno a la real posibilidad de que Moscú y Washington lleguen a concretar un nuevo protocolo que implique reducciones más drásticas de sus respectivos artilugios atómicos.

En efecto, los presidentes de Rusia, Dimitri Medvedev, y de los Estados Unidos, Barack Obama, suscribieron en el Kremlin la intención mutua de recortar aún más los arsenales nucleares de ambas potencias, mediante un nuevo tratado bilateral que sustituya al que sobre esa materia vencerá el próximo diciembre.

El documento de marras, posible sustituto del conocido como START 1, puesto en marcha en la década de los 90, y el cual fijaba topes iniciales a las armas nucleares de las dos naciones, está en elaboración por una comisión binacional, pero según se informó existen obstáculos que aún deben ser discutidos con mayor amplitud.

Tanto Medvedev como Obama coincidieron en que las nuevas reducciones deben incluir el número futuro de misiles de largo alcance, así como fijar entre mil 500 y mil 675 las ojivas para cada uno de los firmantes.

Sin embargo, analistas apuntaron que el Presidente norteamericano insistió en el pretendido derecho de su país a desarrollar sistemas defensivos distintos al tipo de armas contempladas en un posible convenio.

Esa alusión se interpretó como una directa referencia al controvertido escudo anticoheteril que Washington despliega en Polonia y la República Checa, y que Moscú considera lesivo a su seguridad.

De hecho, en territorio checo será levantada una estación de rastreo, mientras en suelo polaco estarán ubicados misiles interceptores.

A estas alturas se anunció la presencia en Polonia de baterías de cohetes estadounidenses Patriot, junto al personal militar de esa nación que los operará, una condición impuesta por Varsovia para prestarse a los empeños del Pentágono.

En ese sentido, Medvedev dijo que el asunto de la defensa antimisiles es un aspecto difícil de la discusión bilateral, y manifestó su confianza en que la franqueza entre los dos gobiernos podrá limar los posibles desacuerdos.

No obstante, del dicho al hecho va un largo trecho, y si la obstinación norteamericana persiste, será difícil pronosticar un final feliz para el sustituto del START 1.

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