martes, 4 de agosto de 2009

Afganistán: sin solución a la puerta

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El empeño militar de la nueva administración estadounidense en Afganistán, como continuación de la titulada “guerra antiterrorista” desatada en tiempos de George W. Bush, parece enfrentar serios encontronazos.

Se trata, esencialmente, de la sostenida incapacidad para enfrentar a la resistencia local, que lejos de disminuir o concentrarse en determinados predios, acusa crecimientos y avances sumamente preocupantes para las fuerzas extranjeras.

En efecto, según juicios de quienes siguen la problemática afgana, la creciente actividad rebelde amenaza incluso con eclipsar las cruciales elecciones presidenciales de agosto, organizadas para intentar suministrar renovados argumentos a la ocupación del país por fuerzas foráneas desde hace varios años.

La propias fuentes aducen que los talibanes decidieron boicotear el proceso eleccionario y al parecer van a todo ritmo, como se desprende del hecho de que julio concluyó como el mes de más bajas para las tropas de los Estados Unidos y Gran Bretaña durante la guerra de agresión.

Al menos 69 militares extranjeros perecieron en los últimos 31 días, cifra que excede o iguala las pérdidas totales de cada uno de los ejércitos expedicionarios en los primeros cuatro años de contienda bélica.

Las bajas de EE.UU. sumaron 39 muertos en julio, superando fácilmente la última gran cifra de 26 en septiembre del 2008.

Gran Bretaña ha sufrido su peor cantidad de fallecidos en el campo de batalla desde la Guerra de las Malvinas en la década de 1980. Los 22 soldados que perecieron el pasado mes elevan las pérdidas totales en Afganistán a 191, 10 más que las bajas en la guerra iraquí.

Los ocupantes se las vieron negras en recientes operaciones anti-insurgentes en la sureña provincia de Helmand, que por largo tiempo ha sido un bastión talibán.

De manera que los planes de enviar más efectivos hacia Kabul, incluidos contingentes hoy ubicados en Iraq, podrían relanzar la espiral de violencia a techos más altos, y dan mayor crédito aún a las numerosas voces que incluso, dentro de los ejércitos ocupantes, se pronuncian por negociaciones amplias para poner fin a los combates.

Sin embargo, entre los partidarios de la guerra, como el general británico Richard Dannatt, lo mejor es “asegurar nuestro éxito en la actual campaña, porque… establecerá una agenda para el futuro.”

Las elecciones presidenciales del cercano 20 de agosto son consideradas por los ocupantes “una prueba crucial” para la nueva estrategia de Washington, y como muestra de la “capacidad” del gobierno de Kabul de celebrar comicios creíbles, legítimos y seguros.

Pura pantalla que ahogue cualquier interrogante sobre lo inútil de persistir en el derramamiento de sangre a cuenta de la “misión antiterrorista” de la principal potencia del orbe.

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