martes, 18 de agosto de 2009

Argentina, Corrientes: Describen situaciones extremas en el sistema carcelario


MOMARANDU

Colmados los pabellones, vigilancia y castigo decantan y condiciones patéticas de existencia encierran a los presos del sistema penitenciario correntino. Momarandu.com visitó el Penal Nº1 y recogió entre internos, familiares y organizaciones de derechos humanos esos testimonios.

“El principio de igualdad se revierte en estas cárceles en las que se opera pensando en que fueron hechas para proteger a la sociedad de elementos considerados peligrosos”, señala Hilda Pressman, de la Red de Derechos Humanos cuando se la consulta por los presos de la Penitenciaría Nº1.

En 2007 ya se había publicado testimonios de presidiaros que duermen en camas que no alcanzan, que dicen tenderse en los pisos para descansar o sobre tablas que atraviesan de lado a lado los muros que separan las celdas. Verbos en presente porque “nada ha cambiado” para los internos [Ver nota relacionada].

Aún habitan los pasillos entre pabellones donde la muchedumbre deja un espacio por ocupar, entre cubículos de dos metros cuadrados con paredes y piso de cemento al descubierto. Uno dice que vive bajo una escalera, otro que duerme bajo la cama de su compañero. 600 donde no debería haber ninguno, instalaciones donde caben sólo 180.

Analfabetos de todas las edades, correntinos de clase baja del interior, trasladados a kilómetros de sus familias, son mayoría en la población carcelaria, algunos jamás han visto una computadora.

Personas encerradas

La comisión de Justicia y Paz es el vínculo de los internos con el Arzobispado de Corrientes que en diciembre pasado calificó a las condiciones de vida en el penal como infrahumanas. Calificación que siguió a un reclamo del Superior Tribunal de Justicia que hace casi un año puso plazo perentorio para que el Ejecutivo revierta esas situaciones.

“Pero no sucede nada, continúa todo igual, inclusive esa lógica del choque tan difícil de revertir en las autoridades penitenciarias”, coinciden internos y familiares desde el anonimato.

Los presos esperan que con los encuentros que promueve la justicia se habrá el diálogo, que la situación se resuelva, y que la sociedad entienda que somos personas que hemos cometido un error, que pagamos la prohibición de la libertad, la primera herencia del hombre la fundamental, “el peor castigo, el suficiente”.

Droga

Los internos dicen que hay agentes del servicio miran hacia un costado cuando se hacen las entregas. El patio central de la penitenciaría está separado por enormes vallas verdes que no detienen las pastillas, la marihuana y el alcohol que sin problemas pasan de un lado a otro.

Profesionales que han visitado los penales Nº 1 y Nº 6 señalan que adentro “no hay síndrome de abstinencia”, pero tampoco tratamientos acordes. Los internos que ingresan con adicciones las mantienen con los estupefacientes que compran en el penal.

El servicio supone que las drogas ingresan los días de visita ocultos en paquetes que traen familiares, como se ha informado oficialmente luego de varias requisas, pero los internos señalan que no hay posibilidad de que ladrillos de marihuana enteros descubiertos hayan entrado de esa forma.

En una última requisa en el Penal Nº 1 reveló en una celda un paquete de casi un kilo de marihuana que no fue informado. Según la droga fue retirada pero esa misma noche volvió al Penal volando por detrás de uno de los muros perimetrales.

“Un interno salió al patio recogió la entrega y nadie dijo nada”, se señaló.

Las pastillas de Rivotril cuestan la mitad pero el alcohol para invertir el efecto del estupefaciente en eufórico producto es más caro: casi ochenta pesos. “Adentro la droga es un verdadero negocio” sostienen. Mercado no ajeno a las dificultades por las que atraviesa cualquier circuito comercial en Corrientes, como el de escasez de monedas.

El cigarrillo de marihuana hace un tiempo costaba un peso, pero aumentó para hacer efectivo el cambio con un billete de dos, que sin embargo ahora también escasean. “La droga puede comprarse en cualquier momento, sólo es necesario tener el dinero para adquirirlo”, señalan.

La excusa de la rebelión

Los internos dicen que las redadas se vuelven más violentas cuando públicamente se revela información sobre cualquier caso de abuso. Violentas ocupaciones sin aviso que suceden por las noches aunque en algunas oportunidades sucedieron en días de visita.

Requisas comandadas por agentes de otros penales para que los internos no generen malestar con los oficiales el Penal Nº 1 que son resguardados. Extraños que ingresan con a las habitaciones con insultos, bastonazos y destrozos de objetos personales como escarmiento.

Las redadas son comunes, según señalan, cuando un grupo de internos se organiza para reclamar por las condiciones de precariedad que padecen. A los pocos días aparecen los agentes de choque y se llevan a los líderes que son trasladados a la granja o al penal 6 dependiendo de la resistencia.

“Acusan a los delegados de rebeldía y desaparecen. Después los rumores corren y sabemos en qué lugar y pabellón quedó luego del traslado, pero ya nadie quiere volver a ser representante de nada porque sabemos que habrá castigos y golpes para el que se queje y reclame”, señalan.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.