lunes, 31 de agosto de 2009

Argentina: El día que Córdoba saltó al espacio

Raúl Viarruel (EL DIRIGIBLE - PRENSA RED)

El periodista de Radio Nacional Córdoba, Raul Viarruel fue testigo privilegiado del histórico lanzamiento del satélite cordobés “Víctor” (U-Sat-1), desde el cosmódromo militar de Plesetsk, en Rusia. Han pasado 13 años de aquel acontecimiento y el lo cuenta en esta nota.

La mañana del lanzamiento había amanecido fresca y soleada. Estábamos en Mirny ("pacífico" en idioma ruso), una ciudad construida para dar soporte a las instalaciones del cosmódromo, donde habíamos arribado luego de viajar 800 kilómetros en un tren eléctrico desde Moscú. Hasta allí había llegado como enviado especial de Radio Nacional Córdoba, junto a otros colegas, para cubrir ese acontecimiento especial.

El sol pronto sería ocultado por una gruesa capa de nubes. Allí nos enteramos que los bosques del lugar y las nubes precisamente, habían sido la clave para la construcción del cosmódromo, ya que protegían al lugar de las indiscretas miradas de los poderosos satélites espías.

Es que Plesetsk, había nacido secretamente en épocas de la guerra fría como un complejo de misiles intercontinentales. Sin embargo, el anonimato duró hasta 1966, cuando un profesor británico de física (Geoffre Perry) y sus alumnos, investigaron la órbita de un satélite y lo pusieron al descubierto.

No obstante, la Unión Soviética no admitiría oficialmente su existencia hasta 1983. En 1996, cuando nosotros estuvimos, se mantenían las prohibiciones para tomar fotos de ciertos lugares de la base, alimentando las dudas sobre sus reales actividades.

Esa mañana y apretujados en varios minibuses, la comitiva compuesta por militares rusos, científicos, periodistas y funcionarios cordobeses, partió hacia el punto donde se realizaría el lanzamiento. La delegación argentina estaba encabezada por el Gobernador de la provincia Ramón Mestre y el ministro de Educación, Jorge Pérez, quienes de paso habían escapado de una multitudinaria movilización en Córdoba, que les reclamaba por su política educativa.

Fiel a su estilo, Mestre casi no había tenido diálogo con los periodistas durante la estadía en Moscú. Sólo una vez, logramos arrancarle un gesto de humanidad cuando nos invitara a cenar en un lujoso restaurante moscovita, gesto que agradecimos ya que de otra manera, nunca hubiéramos podido acceder allí en virtud de nuestros magros viáticos.

5,4,3,2,1,0…

Pero volvamos a aquella mañana del lanzamiento. Luego de un corto trayecto en los minibuses, llegamos al cosmódromo. Y rápidamente la ansiedad dio paso al asombro. En medio de una enorme pista, se hallaba el “Molnya” un imponente cohete que transportaría al “Víctor” hacia el espacio. Nuestro satélite aparecía casi insignificante en tamaño, sobre las espaldas del bólido ruso.

Luego de las declaraciones periodísticas de rigor sobre cuestiones técnicas y demás, fuimos conducidos hacia la plataforma donde “observaríamos” el lanzamiento. En rigor, una modesta caseta de observación de madera prolijamente pintada de color celeste, solamente equipada con dos enormes y vetustos teléfonos para la transmisión del acontecimiento y bajo la atenta mirada de dos soldados rusos.

Por motivos de seguridad, dicha caseta estaba bien lejos del lugar exacto del lanzamiento. Tan distante, que de ninguna manera podríamos ver su despegue y mucho menos describir luces o colores, como luego relataría un imaginativo colega.

Aunque si íbamos a poder escucharlo. Luego del consabido conteo, el atronador ruido de los motores del cohete llenó todo el espacio a nuestro alrededor.

A causa de ese estruendo verdaderamente monumental, recuerdo que la única sensación que tuve, fue casi de pánico. Por unos instantes temí que el cohete se nos viniera encima y acabara con todos. Pero afortunadamente el lanzamiento fue un éxito y acto seguido se desató el festejo. Era el festejo compartido por el logro conseguido gracias a un puñado de obcecados investigadores, que contra viento y marea, habían logrado que Córdoba incursionara en la historia aeroespacial del mundo con un modesto satélite.

Como prueba de ese afán viene bien vale recordar aquella anécdota de la pieza de embrague de un automóvil Fiat 128, que los investigadores supieron adaptar para que el “Víctor” pudiera ser puesto en órbita. Fue la demostración de un verdadero alarde de inventiva o mejor dicho, del ingenio “cordobés”, que culminó con un completo y rotundo éxito.

Los ovnis del general 

La algarabía por el éxito obtenido, se extendió incluso hasta las autoridades militares rusas. Tanto, que cambiaron nuestro regreso previsto en tren, por uno más rápido en avión. El avión era de uso militar claro. Nada de asientos, ni butacas. Un viaje rápido a Moscú pero sentados en el piso.

Junto a nosotros, viajaba nada menos que el Comandante General de las Fuerzas del Espacio de Rusia. Ni bien se produjo el despegue, el general ruso ordenó a un asistente repartir vasos y llenarlos con vodka. Promediando el viaje, nuestro diálogo con el alto jefe militar ganó en intensidad, a pesar de las barreras del idioma. Y los brindis con vodka también.

Quizá producto de la alegría por el exitoso lanzamiento –o por los sucesivos brindis- el general terminó revelando su creencia sobre la existencia de los ovnis y las investigaciones rusas sobre el tema. Al aterrizar, un clima de relajación y camaradería había envuelto a todos los pasajeros del vuelo, gracias al general y sus brindis.

Algunos apuntes sobre Moscú

Recuerdo que en Moscú nos asombraron más de un par de cosas. Por ejemplo, su monumentalidad, mezcla de ex super potencia mundial y pasado con reminiscencias soviéticas, claramente visibles a cada paso. En una esquina, una gigantesca estatua a un poeta. En otra, la imponente efigie de bronce que rendía homenaje al “hombre del espacio”. Recuerdos de una época distinta.

Y en muchos edificios, la supervivencia de la hoz y el martillo como símbolos imborrables de una época. Imágenes cotidianas, más allá de la magnificencia del Kremlin y la Plaza roja o el Metro y el edificio del Ballet Bolshoi, escalas obligadas de los turistas.

También recuerdo, la sorpresa que nos causó el movimiento de la vida cotidiana rusa. Para encontrar un taxi, el mejor método era levantar el brazo en plena calle y al instante, una fila de simples ciudadanos moscovitas en sus coches que viajaban a su trabajo o a su casa, se detenían para ofrecer sus servicios. En definitiva, recuerdos de una experiencia inolvidable.

El Equipo periodístico del operativo de transmisión estuvo integrado por: Raúl Viarruel (Rusia), María E. Romero (Instituto Aeronáutico Espacial Córdoba), Mariano Di Bartolo (Estudios centrales de Radio Nacional Córdoba).

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