lunes, 31 de agosto de 2009

Argentina: Hambre, miseria y desnutrición. Los comedores de Corrientes tienen hambre

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Una veintena de asentamientos precarios rodean la ciudad de Corrientes, donde sobreviven unas 25 mil familias carenciadas. “Acá hay hambre, hay miseria, hay desnutrición. Si no fuera por la solidaridad de la gente, esta provincia estaría en llamas”, dice Lucio Zalazar, presidente de la Asociación de Comedores Comunitarios que alimenta a más de cinco mil personas en 86 organizaciones de los barrios más pobres de la capital correntina.

De acuerdo con un estudio del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales (IADER), el 46,9% de los correntinos vive bajo la línea de pobreza. En los últimos veinte años, la provincia pasó del octavo al cuarto lugar con los indicadores socioeconómicos más bajos del país, sólo superada por el Chaco en la región noreste. “Los datos que surgen de los registros realizados por los centros de salud de la provincia hablan de un 40% por ciento de niños entre uno y cinco años con déficit de peso”, asegura el ex viceministro de Salud Julián Dindart.

“Sólo nosotros tenemos registrados 146 chicos desnutridos entre los que podemos controlar, pero hay muchísimos más a los que no llegamos porque no tenemos medios”, dice Zalazar. La asistencia alimentaria llega a través de una empresa sanjuanina denominada Teknofood S.A. que el año pasado ganó una licitación por 201 millones de pesos para abastecer de “comidas industrializadas fortificadas, copas de leche y refrigerios”, durante tres años, a los comedores provinciales. 

“Nos mandan estas raciones preelaboradas que son insuficientes y que a los gurises no les gustan”, dice Ramón Ramírez, a cargo del comedor El Pasito, ubicado en el barrio Seminario. Zalazar hace las cuentas: “Con menos de la cuarta parte de lo que le pagan a esta empresa, que no les da trabajo a los correntinos, nosotros podríamos darles comida natural a las familias y ayudar a revitalizar todo el cinturón verde del Gran Corrientes comprándoles la materia prima a los productores rurales de la zona”, dice.

Violeta Groglio, referente de Red Solidaria en la provincia, señala que “el aumento de la pobreza se hace más palpable en las escuelas rurales y en los comedores comunitarios”. Y advierte que “la carencia de recursos para satisfacer las necesidades básicas ya está esparcida por toda la provincia”.

Aunque unos 50 mil correntinos tienen cobertura de los planes Jefes de Hogar y Familias, los 150 pesos que percibe cada beneficiario no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas de los grupos familiares. “Nosotros les damos este guisito, que es la única comida diaria de los chicos, pero a veces a la tarde vienen a preguntarnos si nos sobró algo porque tienen hambre”, cuenta Mercedes Bazante, encargada del comedor Nuestra Señora del Luján, del barrio Ponce. 

Desnutridos y enanos

Se sabe que el déficit nutricional provoca retardo en el crecimiento de los chicos. Pero pocos ejemplos son tan gráficos como el de la familia Meza, que vive en el barrio Ongai. A punto de cumplir tres años, Elisabeth pesa 11,700 kilos y mide 84 centímetros. “Los doctores me dijeron que está desnutrida”, relata su mamá, Ninfa Martínez, mientras muestra la libreta sanitaria de su hija donde constan los datos antropométricos de la criatura.

Las comparaciones suelen ser odiosas, pero, en este caso, resulta imprescindible para comprender el impacto de la desnutrición provocada por la falta de cobertura. Irene Meza es sobrina de Elisabeth y tiene la misma edad de su tía. Sin embargo, pesa 18 kilos y mide 104 centímetros. Aunque todo el día juegan juntas en el patio de tierra que separa sus casas y tienen los mismos amiguitos, hay algo que las diferencia. Elisabeth no tiene la cobertura del Plan Nacer, pero su sobrina sí.

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