jueves, 27 de agosto de 2009

Chamorro por Palacios: Otro perro guardián con el mismo pelaje

CORREPI

El comisario mayor Osvaldo Horacio Chamorro ingresó a la PFA en 1977. Es abogado. Fue nombrado al frente de la Dirección Administrativa de la Policía Federal (hoy Superintendencia de Planificación y Desarrollo) por el recién asumido presidente Néstor Kirchner. En 2004, como respuesta oficial a la "cruzada Blumberg", el ministro de justicia y seguridad Gustavo Béliz anunció el "Plan Estratégico de Justicia y Seguridad 2004-2007" y una mega-purga que alcanzó a 107 altos jefes de la PFA.

Entre ellos, pasaron a retiro los comisarios generales Colella, Condinanzo, Van Kerckhoven y Ramis; los comisarios mayores Roncati, Trezeguet, Derecho, Fernández y Chamorro, y algunos comisarios inspectores como Gabrieluk y Capuchetti (ver Boletín nº 271). Por lo tanto, Chamorro no fue ajeno a nada que la policía federal hiciera de 1977 a 2004.
 
Cuando, apenas unos meses más tarde, también Jorge "el Fino" Palacios fue separado de la fuerza, Chamorro, que había sido su mano derecha en la actividad policial, pasó a ser su segundo en la agencia de seguridad privada Strategic Security Consultancy. Juntos trabajaron para el club Boca Juniors y como asesores del PRO y de Sobisch en materia de "seguridad", por lo que resulta muy natural que fuera designado subjefe de la Policía Metropolitana en el mismo decreto que nombró a su mentor como jefe.
 
Más allá de la saludable reacción popular que forzó la renuncia del "Fino", seguramente alguno estará contento porque cambiaron el collar a otro perro de presa más limpito, y dirá que "fue un éxito" evitar que Palacios asumiera como jefe de la Metropolitana. Pero no es un policía, es toda la institución. Una institución que, como brazo armado del estado, tiene una clara tarea asignada: aplicar las políticas represivas del estado, la dirija quien la dirija, y gobierne quien gobierne, mientras haya ricos y pobres.

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