jueves, 20 de agosto de 2009

Colombia: Las importaciones agropecuarias son la prueba reina del desastre del “Libre Comercio”

Jorge Enrique Robledo (MOIR)

La idea es hacer un balance y mostrar cómo está la situación del agro colombiano. Voy a dividir la intervención en dos partes. Una, sobre asuntos que llamaría estructurales y otra, una serie de comentarios sobre algunos productos que puntualmente están pasando por una situación más adversa y por graves problemas, sin que a mi juicio el gobierno los esté atendiendo satisfactoriamente.

Voy a poner el énfasis en demostrar lo que en mi opinión es el aspecto principal de la política agrícola, aspecto que empezó en 1990 con el inicio de la implantación del libre comercio en Colombia y que en este gobierno ha sido especialmente desastroso. Nada de las debilidades estructurales del agro colombiano se ha resuelto y, por el contrario, sí se empeora la situación. Lo peor que le puede suceder a un país es el sistemático incremento de la sustitución del trabajo nacional por trabajo extranjero, es decir, que lo inunden de productos importados, importación que al final arruina y empobrece a nuestros productores.

De 700 mil a 9.800.000

Empecemos entonces por ahí. De acuerdo con las cifras del gobierno nacional que acaba de entregar el Ministerio de Agricultura –aquí hay un problema, porque hay cifras y cifras, la SAC tiene otras, pero voy a tomar las del gobierno nacional para que no tengamos que ponerlas en discusión–, Colombia importó el año pasado 9 millones 800 mil toneladas de alimentos y productos del agro, incluido el algodón. ¡9.800.000 toneladas!, una cifra descomunalmente grande. En 1990, cuando empezaron el neoliberalismo y el libre comercio, Colombia importaba apenas 700 mil toneladas y vamos en nueve millones ochocientas mil. En el año 2002, cuando el doctor Uribe llegó a la Presidencia de la República, se importaron 6 millones 700 mil (según cifras del ministerio de Agricultura), que ya era muchísimo. Y el doctor Uribe ha logrado la hazaña de aumentar en tres millones de toneladas las importaciones de productos del agro. Esto, a mi juicio, es un desastre. Se traduce en pobreza, hambre, desempleo.

¿Qué ha pasado con las exportaciones?, para contrastar una cosa con la otra. Las exportaciones en el año 2005, el mejor momento en esta administración, llegaron a 5 millones de toneladas y el año pasado fueron de 4 millones 400 mil. No solo no crecen, sino que decrecen. Ni siquiera tenemos el contentillo de decir sí, nos venden mucho pero también nosotros les vendemos un montón. No, las exportaciones están absolutamente estancadas, son prácticamente las mismas de siempre: café, banano, flores y se acabó el cuento. Ahí estamos como la rueda del molino. O sea que el balance, a mi juicio crucial, es éste. ¿Por qué? Porque aquí se refleja el problema del crédito, el de la asistencia técnica, etcétera, todos los factores confluyen al final en estas cifras, en términos de toneladas, que es como hay que medirlos. Con respecto a los precios, los del café suben, pero no por obra del ministro de Agricultura ni del doctor Uribe, sino por causas que no controlamos y cuando bajan, pasa lo mismo. Esta vez los precios del café han subido por culpa de la política oficial, incluida la del doctor Gabriel Silva, porque como no hay café colombiano, los precios suben, de manera que ni siquiera eso lo pueden reclamar como éxito.

El “libre comercio” destruye el agro

¿Y por qué digo que este es el punto crucial? Porque desde 1990, cuando empezó toda esta discusión, y en 2002, cuando yo llegué al Senado de la República, les dijimos: esa política de apertura y neoliberalismo (de libre comercio) es absurda, y con esa política ustedes van a destruir el agro nacional. Colombia no puede competir con los extranjeros, no porque los colombianos seamos Fobos o vagos, sino porque los extranjeros producen con inmensos subsidios y garantías estatales que aquí no tenemos. Y los ministros nos dijeron, particularmente el doctor Andrés Felipe Arias, el de Agricultura, no, senador Robledo, aquí vamos a competir. Bueno, ahí están las cifras, ahí están los datos. No hemos sido competitivos en el mercado mundial. Estamos siendo derrotados en el mercado mundial. El de Uribe es el peor equipo: no solo no hace goles, sino que se los deja meter todos.

Les voy a dar otra cifra que ilustra hasta donde ha llegado este desastre. En 1990, cuando empezó todo este absurdo del libre comercio, Colombia importaba 55 kilos de comida por habitante. El doctor Uribe ya nos lleva en 221 kilos por habitante. Si en Colombia desaparecieran las importaciones por una guerra o un problema de cualquier tipo, en Colombia habría una hambruna. Nos quedaríamos sin trigo, sin maíz y sin cebada, como también sin pollo y sin cerdo, porque éstos se alimentan con maíz extranjero. Un pollo colombiano, suelo decir, es un grano de maíz gringo con alas. Este es el primer balance de los que quiero señalar.

Ahora, si Colombia fuera un país desértico, sin condiciones para producir, pues uno diría, bueno, qué se va a hacer. Pero este es un país en el que hay 9 millones de hectáreas de tierras con vocación agrícola subutilizadas. ¡Aquí sobra la tierra! Aterra lo que estamos mirando. Hay tierra de sobra y hay agua de sobra. Colombia es uno de los países que tiene el privilegio de ser riquísimo en agua. Y también hay gente de sobra. Tenemos los mejores campesinos y empresarios e indígenas y afrodescendientes del mundo para la producción agrícola y, sin embargo, miren ustedes el desastre en el que estamos.

La superficie bajo cultivo está estancada o ha disminuido, fenómeno también de una gravedad inaudita. Peores resultados de una política agropecuaria no se pueden encontrar. En el 2002, cuando llegó el doctor Uribe, había 3.74 millones de hectáreas bajo cultivo. En el 2008 había 3.5. Estos son datos del Dane y la Encuesta Nacional Agropecuaria y parte del problema que tenemos, señor ministro, es que tampoco hay una estadística seria y confiable. Cambian la manera de calcularla, salen cifras diferentes de uno u otro lado. Estos son datos, repito, del Dane y de la Encuesta Nacional Agropecuaria.

Los TLC, el puntillazo

Y ojo, para que el terror sea completo, todavía nos faltan los TLC con Europa y con Estados Unidos. El TLC con Estados Unidos va a acabar con el arroz colombiano y va a golpear en materia gravísima todos los cárnicos, particularmente pollos y cerdo, y también va a golpear la ganadería. Va a golpear durísimo en lácteos, quesos y leches. Ya los gringos nos están golpeando en lácteos. Y en oleaginosas nos van a golpear todavía más. Eso está claro. Lo hemos demostrado aquí con cifras contundentes en varias ocasiones.

En el caso del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea que se está tramitando, ya está claro que pasará lo mismo que con el de Estados Unidos: que los europeos se abren en lo que se les da la gana y se cierran también en lo que se les da la gana. Ya nos dijeron: en banano y en tropicales, olvídense, porque nosotros tenemos negocios con nuestras antiguas colonias africanas. Luego ahí no se hagan ilusiones, porque vamos a mantener las normas de la OMC. En subsidios y ayudas internas también ya nos dijeron los europeos, como lo dijo en su momento Estados Unidos, que van a mantener sus subsidios y sus ayudas internas con sumas astronómicas que nos hacen muy difícil competir con ellos. En sanitarios –hasta donde se entiende, porque las negociaciones son secretas–, estamos aspirando a conseguir lo que se consiguió con Estados Unidos, que es malísimo, porque se aplicarán las mismas normas de la OMC que nos crean mil dificultades para entrar a ese mercado. Y por supuesto, los europeos tienen los ojos puestos en los lácteos, y llamo la atención sobre los lácteos. Este es un mercado muy frágil a cualquier excedente de producción, tal como se está viendo en estos días, sea excedente por la vía de la producción interna o por la vía de las importaciones, un problema no menos grave.

Nos dijeron la otra vez, y recuerdo al doctor Jorge Humberto Botero, ministro de Desarrollo, sí, senador, las importaciones sí hacen daño, pero son baratas. No, doctor Botero, tampoco resultaron baratas. Estamos importando comida carísima.

La concentración de la tierra, una de las peores del planeta

El otro aspecto crucial es el de la concentración de la tierra. Colombia tiene uno de los peores índices de concentración de la tierra en el mundo, 0.85, una locura. Uno (1,00) es el índice que marca la concentración absoluta, que no puede existir, de manera que 0,85 se acerca a lo peor que uno pueda concebir. Todos esos desplazados, que tanto nos impresionan, en buena medida son campesinos que perdieron la tierra, y que perdieron la tierra en parte por la violencia, pero también por la pobreza resultante de la política agraria.

Las cifras de pobreza en el campo demuestran el fracaso de la política oficial. En el 2005 –y estoy seguro de que hoy estamos peor y las cosas se van a empeorar porque el país está entrando en una crisis gravísima–, el 73% de los habitantes del campo estaban en la pobreza; en la indigencia, el 27% ¡En la indigencia treinta de cada cien personas! El 75% de los trabajadores rurales no ganan ni siquiera el salario mínimo. ¡75%! ¡Otro desastre! Los que salimos al campo vemos en las caras de la gente, en los rostros ajados y sin dentadura completa la miseria que yo estoy mencionando en las estadísticas. Y esto no se ha intentado resolver en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Son todos problemas estructurales, y usted ahora, señor ministro, a la fija me va a decir que el gobierno sí da unos pesos más, unos pesos menos, y hará un listado de un peso por aquí y otro peso por allá, pero esas migajas no modifican el orden de las cosas. Mientras usted permita que le inunden el país de comida importada, usted seguirá arruinando a nuestros agricultores y a nuestros ganaderos. Ahí no hay nada que hacer. Mientras tengamos estos Índices de Gini, usted nada podrá resolver con esos dos o tres pesos que otorga. El 60 por ciento de los cafeteros tienen parcelas de menos de una hectárea, en medio de la mayor pobreza, inherente a esa condición, y el gobierno no intenta ni siquiera resolverlo. El ingreso per cápita agrario es la mitad del ingreso per cápita de todo el país. Es otro desastre que el gobierno ni intenta modificar de manera sensible ni de ninguna manera.

Con un agravante, ministro. Si el gobierno atendiera con seriedad estos problemas y no asumiera la actitud de quitárselos de encima como quitándose una molestia, todo lo que he venido denunciando debería ser objeto de un debate nacional.

La tierra en Colombia no es un factor de producción, sino cada vez más un factor de especulación inmobiliaria. Una parte inmensa de las tierras rurales no se compra para producir sino para tenerla ahí como una especie de alcancía de especulación inmobiliaria. La tierra se detenta un año, cinco años, diez años, y después se vende con unas ganancias inmensas, no producto de la producción agraria, sino producto de la especulación, que en últimas se explica porque como cada vez hay más gente pero la tierra sigue siendo la misma, pues por supuesto que la tierra se valoriza. Es otro problema estructural gravísimo. Aquí las tierras son más caras que las de muchos países, lo que dificulta la producción agraria. Por supuesto que también cuenta el narcotráfico, otro problema que tampoco se ha podido resolver, el de los narcotraficantes que aparecen pagando por la tierra precios exorbitantes. Entonces no hay ganadería ni producción de algodón ni de nada capaz de compensar esos precios tan altos de la tierra.

Este solo punto debería ser objeto de un debate nacional. La tierra, uno de los principales factores de producción, y aún más en un país como Colombia, resulta por completo subutilizada. Este gran incremento de los precios, que para algunos es muy beneficioso y no dudo que se ganan sumas inmensas, resulta atentatorio contra la producción y contra la tenencia de la tierra de los campesinos. Porque la presión de esa especulación inmobiliaria contra la pequeña propiedad rural es inmensa. Para no mencionar el hecho tan frecuente de que al cheque que le pagan al campesino, los compradores le agregan una pistola encima de la mesa. La verdad sea dicha, ministro.

Vengo de Córdoba y de Sucre, y los problemas de violencia, por lo menos en estos dos departamentos, siguen siendo inmensos. En mucha gente hay un estado de zozobra, de miedo, porque los muertos aparecen y aparecen sin que el problema se resuelva. Allí hay un problema, también delicado, de inseguridad rural. Puede haber sitios de Colombia donde no, pero hay otros muchos sitios de Colombia donde sí sigue habiendo un problema de violencia supremamente grande, sin importar cuál sea el nombre del problema o de la organización, o de la banda, o como se quiera llamar, porque al final, si a alguien lo van a extorsionar o lo van a matar casi que le da lo mismo que el tiro se lo metan de un lado o se lo metan de otro.

Altos costos de los insumos

El problema de insumos, crédito, vías, asistencia técnica, semillas, es terrible. Miren ustedes, el Triple 15, un abono bien utilizado en el sector agrario colombiano, aumentó su precio en 55 por ciento entre enero de 2008 y mayo de 2009. ¡55 por ciento! Son cifras de hoy. Así hacer agricultura es sumamente difícil y esto no se resuelve como se debiera. Los costos en los países vecinos los dio el domingo pasado Héctor Abad en el periódico El Espectador. Son casi la mitad de los de Colombia. Y es un factor que nos dificulta también las cosas. La úrea, en el mismo lapso mencionado, aumentó su precio en 57 por ciento. ¿Cómo pueden los agricultores colombianos trabajar en esas circunstancias?

El crédito. Usted ahorita me va a dar las listas de los créditos, y no voy a repetir ese debate completo, lo he hecho no sé cuantas veces, pero el crédito está concentrado en manos de unos pocos y es insuficiente para todos. Y doy una sola cifra que lo demuestra. Mientras el agro participa con el 13 por ciento del PIB colombiano, los créditos agrarios apenas participan con el 3 por ciento del total. Ahí se da un sesgo contra la producción agraria. Y esta administración no lo ha corregido. La modificación es por ahí de un cero punto algo, lo que indica que no hay una modificación estructural y que la gente del agro sigue padeciendo por condiciones muy complicadas.

El tema de las vías. Uno sale a las zonas rurales, dirigentes y senadores que estamos en esta brega, porque la política tiene en parte que ver con conocer a Colombia. En el campo colombiano cae una llovizna y todo el mundo se pega de todos los santos, porque se sabe que volver a salir o entrar de la finca es una hazaña y que los costos del transporte se disparan. Están malas las carreteras troncales. Me decía alguien en estos días que estuvo en la Costa, que la carretera Bogotá-Cartagena es un desastre. ¿Cómo será la situación de las vías rurales? La gente lo dice: no pueden sacar las cosechas o las tienen que sacar a precios astronómicos por el deterioro de la red terciaria.

La asistencia técnica, otro asunto crucial, sobre todo en la agricultura de los pobres. Explicarle al campesino, ayudarle a vencer la nueva plaga, eso prácticamente desapareció. Se lo trasladaron a unos municipios absolutamente arruinados. El caso de la asistencia técnica del ICA, por ejemplo, da grima. Un veterinario por un departamento entero. Es como una especie de chiste.

El problema de las semillas es gravísimo. Yo ahora lo voy a mencionar en el caso del algodón y el caso del maíz, en Córdoba. Llamo la atención del Senado sobre la presencia de esas semillas híbridas, las que tienen transformaciones genéticas, las famosas transgénicas. Hay todo un debate mundial sobre si los transgénicos se deben consumir o no, porque surge un riesgo grande de que puedan afectar a la población y conviene aplicar el principio de precaución. Pero digamos que en gracia de discusión para lo que me estoy refiriendo, se podría decir: es una discusión si los transgénicos hacen daño o no hacen daño, pero hay una cosa que sí es segura y usted la mencionó aquí, ministro, la vez pasada que estuvo refiriéndose al caso de los problemas con estas semillas de las trasnacionales. Y es que en la medida en que la semilla de la trasnacional se entroniza, las semillas nativas empiezan a desaparecer del mercado, por razones obvias. Y lo que acaba sucediendo es que la trasnacional se queda con el monopolio de la semilla. O usted le compra la semilla a la trasnacional o no tiene semilla, y eso es de una gravedad inaudita, porque es apenas natural que la trasnacional, Monsanto o la que sea, se va a aprovechar del monopolio para poner la semilla a precio de oro en entre los agricultores colombianos.

Es el súmmum de la irresponsabilidad, señor ministro que el gobierno nacional no atienda con seriedad la producción de semillas, de las mejores del mundo, en las cantidades absolutamente suficientes para garantizar que ningún monopolio privado pueda controlarlas y fijar el precio a su arbitrio. Porque no olvidemos otra cosa. Si un país se queda sin semillas, se puede terminar quedando sin toda la agricultura, porque es obvio que si no hay semillas, no hay agricultura. Y si eso se somete a los intereses extranjeros es un riesgo estratégico de proporciones supremamente grandes. Es el mismo lío que con las importaciones. Aquí nos dicen: se trae comida importada y no pasa nada. No, sí pasa. El año pasado le quedó claro al mundo que los principales países productores no están dispuestos a vender la comida de sus habitantes.

Se le van a vender tierras al capital extranjero

Quiero llamar la atención sobre un asunto que se me estaba pasando. Andan con el cuento, señor ministro, y ha salido en la prensa, de ver cómo le venden una porción grande, o todas las tierras de Colombia, al capital extranjero. ¡Eso son palabras mayores! Andan viendo cómo modifican la definición de la Unidad Agrícola Familiar, UAF, para poder venderle porciones inmensas de la Orinoquia al capital extranjero. La propia Sociedad de Agricultores de Colombia, que ha sido bien oficialista, está preocupada y nerviosa con el asunto. Todos sabemos que las trasnacionales están bregando a comprar un millón de hectáreas de tierra en Madagascar. Y que andan en eso por el Asia. Les vamos a vender las tierras agrícolas de Colombia a los extranjeros para que los extranjeros produzcan comida ahí y la puedan exportar, no importa que en Colombia haga falta. Esta fue una de las denuncias más graves que hizo la Procuraduría General de la Nación en el caso del TLC con EU. En el TLC quedó establecido, lo explica el Procurador, que Colombia tendrá que exportar comida que le pueda hacer falta, por ejemplo, si se determina que se va usar esa comida para pagar en especie deudas contraídas. Es un debate que se debiera hacer, senador Jaramillo. Qué va a pasar con los precios de la tierra en Colombia si llega el capital extranjero a comprarla. ¿Adónde se van a ir? ¿Y qué le va a pasar a la estructura agraria de este país, que es, como ya lo he explicado, una estructura agraria absurda y contraria al progreso de la nación? Que las trasnacionales puedan venir a sembrar comida en Colombia y el día de mañana exportar esa comida, aun cuando en Colombia haga falta, y que no haya normas en el Tratado de Libre Comercio con EU que prohíban ese tipo de operación comercial lo denuncia, repito, la Procuraduría General de la Nación. Estamos hablando de hechos extremadamente graves.

El café, el algodón, la panela, el maíz y el arroz

Veamos los casos de algunos productos. Empiezo analizando lo del café. Allá hay una crisis grave. Afortunadamente, los precios internacionales no han estado tan malos. Pero digamos que en parte no han estado tan malos porque como en Colombia la cosecha es malísima y no hay café, pues esa escasez del grano colombiano presiona al alza los precios internacionales. El caficultor raso dice, bueno, pero qué saco con que el precio esté más o menos alto en el mercado mundial si eso es un espejismo, porque no tengo café para vender. Y está además la revaluación de la moneda, fenómeno que no controla el gobierno nacional, y que a la hora de la verdad parece que no le importara, porque ni siquiera intenta controlarlo. Colombia terminó sujeta a un precio del dólar que es manejado desde afuera y en Colombia no se hace nada por controlar el problema. Digo yo, nada eficaz, de verdad. Y hace que los precios del café no sean buenos precios, en el ingreso que le entra al productor, que es lo que nos interesa. Los precios de los insumos también son muy costosos, las vías pésimas, etc., y a lo anterior se suma el envejecimiento de los plantíos, que es lo que explica la caída de la cosecha. Andan diciendo que en el 2017, o no sé cuándo, que dizque va a haber mucho café. Ya veremos, ese debate lo hacemos en esos días. Yo me he vuelto incrédulo con estos pajaritos de oro que nos pintan aquí, todos sobre el futuro. Porque la vedad es que cada vez que el futuro se vuelve presente, seguimos igual de mal a como estamos hoy.

Hay un asunto grave en esto de los tratados de libre comercio, y es que un café africano, al que en Estados Unidos o en Europa le hagan cualquier grado de procesamiento, se vuelve café gringo o café europeo y va a quedar con libre ingreso al mercado nacional. Este es un problema complicadísimo. Alemania es el tercer exportador de café del mundo y no produce un solo grano. Su negocio es revender, reexportar. Seguramente va a resultar que por la vía de los tratados de libre comercio, Colombia se va a llenar de cafés africanos, como ya está lleno de cafés suramericanos. Colombia está importando un número inmenso de sacos de café que nos hacen un daño bien grave.

El caso del algodón. En el algodón tenemos básicamente perdido el mercado interno. Las importaciones de algodón son grandísimas. Y quiero mencionar un caso que tiene que ver con esto de estas semillas. Lo explicó muy bien Conalgodon en la Costa Atlántica, aquí tengo los papeles. Los algodoneros de la Costa Atlántica le compraron a Monsanto una semilla tres veces más cara que la del algodón nativo. Y resultó que la semilla no era tan buena como dijeron. Y la trasnacional no explicó bien cómo había que manejarla. El punto es que al final hubo pérdidas por 15 mil millones de pesos en la cosecha de este par de departamentos. Conalgodon se apersona del caso, tiene poder, logra llegar a un acuerdo con esta trasnacional para que hubiera una indemnización por 640 mil dólares, mucho menos que las pérdidas. Y lo que terminó sucediendo fue que la trasnacional se mamó, como se dice coloquialmente. Se mamó. Y ahí quedaron los agricultores empobrecidos y repito, con riesgos graves de que el día de mañana no haya cosecha.

El caso de la panela, que aquí seguramente se va a mencionar en extenso, porque sé que aquí hay varios senadores que siguen el asunto de cerca. El problema es bien simple. Los precios han caído a menos de la mitad en los últimos meses. A menos de la mitad. Estamos teniendo precios de la panela que recuerdan los de hace varios años. Hay una crisis gravísima entre los paneleros colombianos, un sector tradicionalmente pobre y con productores débiles y debilísimos. Y hay algo que ofende más. El gobierno nunca ha intervenido en serio el mercado de la panela para proteger a los paneleros colombianos. Nunca lo ha hecho. Los ingenios azucareros siguen derritiendo para producir panela de manera fraudulenta sin que las autoridades hagan lo que están obligados a hacer.

Pero hay un asunto que ofende todavía más, y ustedes recordarán, los senadores más viejos, que lo vengo advirtiendo desde hace varios años. Con el cuento de que la salvación de la caña era el alcohol carburante se dispararon las siembras, inducidas de manera irresponsable por el gobierno nacional. Así sucedió en el caso particular de la hoya del río Suárez. Y a la hora de la verdad, esos cañeros se quedaron viendo un chispero. No aparecieron las plantas de alcohol carburante. Y no podían aparecer. Aquí lo advertí y lo expliqué una vez en Moniquirá ante los cañeros. Y no aparecieron porque resulta que competir con el alcohol de los ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca, en la economía panelera del campesino, es prácticamente imposible, senadores. Eso hay que mirarlo con seriedad y con rigor. A la gente no se le pueden ir vendiendo ilusiones. Este asunto de integrar producción, de mover caña, es costosísimo en tierras de montaña, algo tremendamente delicado. Cuando yo expliqué esto en la zona del Suárez, hubo gente que dijo: el senador Robledo no nos quiere, porque mire cómo es de pesimista. ¡No! Es que en casos como este es más decente y más honrado con la gente ser pesimista y explicar las cosas como son, que permitir que se meta sin advertencia en proyectos en los que el gobierno no actúa con responsabilidad. De la producción de alcohol carburante en la hoya del Suárez estamos hablando yo no sé hace cuantos años. E incluso alcancé a decir que lo que iban a terminar montando allá era una cantera, dadas las tantas primeras piedras que ha inaugurado el presidente la República de plantas supuestamente destinadas a producir alcohol carburante. Quiero llamarle la atención, señor ministro. El abandono de la economía panelera es una de las vergüenzas de la historia de Colombia. Es un horror lo que se ha hecho con esos compatriotas. Porque claro un poco de pobres ahí amontonados y nadie responde por ellos, en lo que tiene que ver con la jefatura del gobierno nacional.

El caso de la leche es otro lío dramático. Digamos primero que la mitad de los lecheros colombianos, o los ganaderos, tiene menos de diez vacas. Es un negocio lleno de pobres. Aquí a veces se piensa, sobre todo en Bogotá, que porque hay unas cuantas personas poderosas o inclusive poderosísimas en los negocios de leche y de ganadería, entonces toda la gente es rica. No. Este es un negocio lleno de campesinos, pequeños, débiles, de pequeños empresarios, sometidos a precios malísimos, de ruina. No pasan por todos los lugares de Colombia los camiones de las pasteurizadoras. No pasan, señor ministro, qué hacemos. Con cierta lógica. Un camión inmenso, refrigerado, no sé de cuantas toneladas, cómo se mete por un camino veredal bien horrible. Se desbarata.

Dice Héctor Abad Facciolince, en El Espectador del domingo pasado, que se están sacrificando vacas lecheras y que están sacrificando también las hembras recién nacidas, no solo los machos, como ha ocurrido con cierta frecuencia en el negocio ganadero. Que es que ha llovido, dicen. Sí, pero aquí hay otros factores. Primero el hambre de este país, el desastre de que haya quien vote la leche en el mismo momento en que los niños de Colombia no toman leche. Entonces que dizque busquemos mercados en el mundo cuando el mercado está aquí. Mejorémosles las condiciones de existencia a los niños de Colombia. Eso es lo que hay que hacer, ahí está el mercado. Mejórenles su consumo de leche. Y están las importaciones de leche en polvo y de lactosuero. Lo ha denunciado Colanta, que es bien afecta al gobierno, paisanos suyos, ministro. Y ha señalado que esas importaciones de lactosuero le hacen daño inmenso a los precios internos de la leche. ¿Qué es un lactosuero? Es bueno que esta palabra nos la vayamos aprendiendo de memoria. Es un subproducto que queda de la fabricación de quesos, una especie de agualeche, una especie de basura láctea, que es un poco lo que nos va a llegar con esto del TLC. Nos van a llenar aquí de hígados, y de riñones y de tripas, y de todo, y de rabadillas de pollos. No nos faltan sino los carros viejos, senadores. Y de lactosueros. Con eso se hacen fraudes y se hace de todo, y se sustituyen leche de una u otro manera y en un mercado saturado, pues por supuesto eso presiona los precios a la baja.

Como si fuera poco, y esto quiero volver a dejarlo como constancia, intentaron ustedes, ministro, ponerles otro impuesto a los ganaderos. Intentaron ponérselo, gravar cada litro de leche. Un impuesto contra los ganaderos. Afortunadamente, parece que la idea no prosperó, porque entre otras cosas, digamos, que era ilegal. Solo el Senado de la República y la Cámara de Representantes pueden establecer gravámenes de tipo parafiscal. No se puede mediante un decreto o una resolución. Y eso no se lo puede pasar por la faja el gobierno nacional.

El caso del maíz. Inundados de importaciones. De solo Estados Unidos están entrando tres millones de toneladas de maíz. Ahora que se está discutiendo tanto lo de las bases, que dicen que las bases no importan. Bueno, el Plan Colombia incluía el desprecio por lo no que no fueran cultivos de productos tropicales y en últimas la indicación de que debíamos abandonar todo lo que no fuera café y banano y flores y esas cosas, en beneficio de los productores norteamericanos. Y el “libre comercio” está condicionado en el Plan Colombia. Lo contó el doctor Andrés Pastrana. Ahí están todos los documentos. Basta visitar la página web del Banco de la República. Me llamaron ayer dirigentes maiceros de la zona de los Llanos Orientales, y me dicen, primero, que el precio llamémoslo amablemente de sustentación es extremadamente bajo, y además no lo están cumpliendo los compradores y la gente está teniendo que vender el maíz a pérdida, con diferencias de 200 y 300 mil pesos. Este es un hecho supremamente grave y que desestimula a los productores. Los intermediarios hacen en el caso del poco maíz que queda lo que se les da la gana, como lo hacen en el algodón y como lo hacen en todos los sectores.

El arroz es el otro viacrucis. Primero el contrabando. Si el contrabando es de centenares de miles de toneladas, yo he llegado a la conclusión de que la palabra contrabando no cabe, porque se supone que el contrabando es un delito y es un crimen que persiguen las autoridades. Pero si entran y entran tractomulas cargadas de arroz por las barbas de la policía y de todo el mundo, pues llamar a eso contrabando no es muy sensato. La responsabilidad que aquí le cabe al gobierno en el ingreso de ese contrabando es toda. Y los precios para abajo. El gobierno acaba de acordar 103 mil pesos por carga, que dicen los agricultores del Tolima y del Huila y de los Llanos Orientales que es un precio de quiebra, un precio de ruina, no un buen precio, señor ministro. Probablemente por eso a esa reunión en Ibagué no dejaron ni entrar ni a Agameta ni a Salvación Agropecuaria, porque no les iban a avalar ese precio. No se los iban a avalar, o por lo menos no Salvación Agropecuaria. Agameta dejó constancia de que no estaba de acuerdo. Es un precio malísimo. En eso se equivoca en materia grave Fedearroz. Pero me llaman también los productores y me dicen que no lo están pagando. Ayer o antier estaban pagando el arroz en la zona del Ariari a 93 mil pesos la carga. Y Arroz Roa solo les estaba comprando a quienes le tenían deudas por cartera, por esos negocios en especie que se hacen, en abonos y cosas de este corte. Es un drama lo que hay allí. Voy a hacer incluso una pregunta que debiera hacer un dirigente arrocero, señor ministro. ¿El propósito del gobierno nacional, el propósito de los molineros, es acabar con la producción nacional para importar el arroz de Estados Unidos y de otras partes? Tengo documento donde el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, la Secretaria, dice que viene por el arroz colombiano. Y aquí hay unos movimientos que son muy extraños. ¿Eso es lo que quieren hacer los molineros? Sería bueno que esto se planteara con toda franqueza.

Siguen las medidas sanitarias contra los pobres del campo

Y concluyamos diciendo lo que ya es como una especie de cantaleta en esta Comisión, pero que nos toca. Yo por lo menos no voy a fatigarme de hacerlo. Siguen las medidas sanitarias calculadas para perseguir a los pobres del campo. Siguen allí. El ministro de Salud nunca ha querido darnos la cara, siempre nos manda al viceministro. El ministro de Agricultura viene y nos da la cara, pero no responde tampoco con nada, porque más o menos sugiere que el problema es de salud. Pero no, yo creo que el gobierno es uno solo. Aquí nos tienen que responder todos por todo.

Ahí siguen los decretos contra la leche, la panela, los pollos, las gallinas campesinas, los mataderos. Ahí siguen como una espada de Damocles mientras van cumpliéndose los tiempos para golpear ese sector. Hace unos días pasó la policía por la carretera que va a Tunja decomisando quesos de campesinos pobres, o de campesinas, ministro, porque la mayoría son mujeres. Manejan una vaca, dos vacas, y para no morirse de hambre cogen la leche y la vuelven queso. ¡Y pasó la policía quitando todos los quesos! ¡Es inaudito! Que porque les falta un papel, que porque les falta un sello, que por que les falta no sé qué. Gente muriéndose de hambre, ministro. ¡Mujeres cabeza de familia! Eso es lo único que tienen. Abandonadas por completo por el gobierno. Para ellas el único Estado es ese policía que llega y les quita el pedazo de queso. Ese es el Estado para los pobres de Colombia en muchos casos. Como el que siembra coca porque ningún otro cultivo le funciona, y entonces el Estado aparece en una avioneta y lo fumiga como una cucaracha.

¿No es mucha desconsideración?, ministro, y encima con el cuento de la salud. ¡Paja! Lo que están es concentrando la producción, como le hemos explicado aquí no sé cuantas veces. Muéstreme una norma de la Organización Mundial de la Salud que diga que esas medidas sanitarias se deben imponer. Una de la Organización Mundial de la Salud. Hay otras maneras de atender esa clase de problemas que no sea echándole la policía encima a una campesina boyacense de 60 años, propietaria de una vaca y que comete el delito de producir un queso y empacarlo en una bolsa plástica, que es lo único que puede hacer.

Sigue la amenaza contra la panela. Les están exigiendo a los paneleros que tecnifiquen los trapiches. Que los trapiches paneleros de Colombia se parezcan a las chocolaterías suizas. Eso es lo que les están pidiendo. Y el precio de la panela se cayó a más de la mitad y el gobierno no movió un dedo.

Lo de las gallinas campesinas sigue ahí, ministro. Usted sabe que sigue ahí. Exigirle a un campesino colombiano que para matar una gallina tenga que tener una planta de sacrificio que parece la sala de cirugía de un hospital de tercer grado es un absurdo. Y la norma sigue ahí. La norma sigue ahí y se presta para corrupción y para tantas cosas. Y siguen cerrando mataderos locales, senadores, todos ustedes lo saben. ¡Siguen cerrando mataderos locales para concentrar el sacrificio de ganado y montar monopolios! Persiguiendo pobres, gentes del común. Acabando carniceros por todas partes.

A mí a ratos me llama la atención que las gentes de las zonas urbanas de Colombia no entiendan que esto también es con ellos. No por solidaridad. No porque pobrecito el campesino, o el empresario agrícola o el indígena. No. Es que si un país no desarrolla su agro, tampoco puede desarrollar su industria. Aprendamos de Estados Unidos y de Europa. ¿Qué es lo que quiere decir un agro fuerte? Una metalmecánica fuerte, una petroquímica fuerte, una industria de medicamentos veterinarios y de agroquímicos fuerte. Es una industria automotriz fuerte. Es más a quien venderle la producción urbana. No es posible que las ciudades funcionen bien si no funciona el campo. Y es lo que por supuesto está sucediendo. Si aquí no se desarrolla el mercado interno no es posible construir un país. No es posible. Eso son debates históricos que tenemos que volver a dar.

A mí me excusarán mi insistencia quienes no compartan estos puntos de vista, pero que más hacemos. Yo llevo aquí ya siete años, y esto es como hablarles a las piedras, les digo francamente. Pero allá los campesinos y las gentes del agro se están arruinando, se están empobreciendo, están sufriendo. Entonces qué: ¿no digo nada, me quedo callado, me hago el loco? Para mí esto incluso es más aburrido que para los que me oyen. Pero es la realidad, qué hacemos. Y me llaman de todas partes: senador Robledo, senador Robledo, senador Robledo, y estoy seguro de que a ustedes, senadores, también los llaman. Porque todo el mundo en política tiene amigos en el campo. Nada se resuelve. Ahora seguro que el señor ministro va a hacer una lista exhaustiva de cada bombillo, de cada galón de gasolina, de cada diez pesos que ha dado, y seguro que la lista es larga. Pero eso no resuelve los problemas nacionales, que son estructurales. ¡No se resuelven así! La pobreza de Córdoba, esa región tan cercana al presidente Uribe, donde tiene El Ubérrimo, da ganas de llorar, los indicadores se parecen a los de África. Lo mismo ocurre en toda la Costa Atlántica. Hay que ver esas bellas tierras, esas capas vegetales, que a ratos dan ganas como de sacar un cuchara y pegarles el mordisco. ¡Nada! En la especulación inmobiliaria. De vez en cuando un vaca ahí, flaca, para pagar un mayordomo, y los dueños esperando a que esa tierra valga algún día más plata, porque ese es el negocio. Aguas de sobra. Gentes de sobra. Es que aquí lo único que tenemos es gente que sabe trabajar la tierra. Y no la dejan las políticas del gobierno. Las políticas gobierno no se lo permiten. Es la triste realidad.

Concluyo recordando la figura que usé al principio: tenemos el peor equipo del mundo. Me refiero no a los agricultores sino a la gente del gobierno. Un equipo que en la competencia global, que es en lo que estamos, no mete ni un gol y se los deja meter todos. Nosotros se lo advertimos, no se metan en eso, pero bueno, se metieron. Ahora con los gringos y las trasnacionales aplaudiendo. ¡Felices! Con razón el presidente Bush dijo un día que el doctor Uribe le daba más que lo que ellos pedían. Yo sí creo que les dan más que lo que piden. No solo por las bases militares estas de ahora sino por toda esta política agropecuaria, absolutamente desastrosa.

Quiero por último informarles que hay mucha molestia social entre los campesinos colombianos. Están ofendidos. Los han maltratado durante demasiado tiempo. Y en este gobierno especialmente. Ya se hizo una reunión muy grande en Riosucio, Caldas, como con mil y pico de delegados de todo el país, campesinos, gente pobre, esos que nunca salen en la prensa, ni en la televisión, ni en ninguna parte, además de indígenas de toda Colombia. Y han decidido empezar una lucha para llamar la atención y para decir “qué van a hacer con nosotros”. Vienen además haciendo reuniones regionales, parecidas a las que hicieron cuando la prohibición del comercio de leche cruda. Prohibición que sigue ahí, porque siguen teniendo en la mira a los de la leche cruda. Y el 19 de agosto va a haber jornadas en toda Colombia. Ojalá los colombianos sean sensibles ante eso y pongan los ojos sobre esta dolorosísima realidad. Y el Congreso, senadores, ojalá hoy nuevamente se aprobara en esta Comisión una proposición que le dijera al gobierno nacional que esa política de medidas sanitarias es una política absurda, inaplicable, contraria a la realidad nacional, que golpea a los pequeños y medianos y enchapa en oro a los monopolios y a las trasnacionales. El deber del Estado no estar del lado de los poderosos que todo lo tienen y todo lo pueden, sino es deber, piensa uno, estar del lado de los débiles, que en Colombia padecen tantos sufrimientos.

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