martes, 11 de agosto de 2009

Córdoba


Carlos del Frade (APE)

“No es fácil ser cordobés, porque nacimos de una desobediencia, porque nos castigaron con una injusticia y porque nuestros fundadores eran algo raros: traían más libros que armas, cargaban vides, limoneros, olivos, higueras y los primeros rosales de la Argentina.

Siendo una de las últimas en fundarse, Córdoba abrió la primera universidad sin descuidar el levantar molinos y fábricas, donar conventos, cultivar la mala vida, dar a luz al primer poeta y propiciar que nuestros paisanos no tuvieran que depender de los terratenientes para vivir...”, dice la escritora Cristina Bajo, nacida en Córdoba capital y elegida mujer del año en 1998. “Tenemos a Dios y al Diablo en el cuerpo...”, agrega más adelante.

Y el cronista está tentado a decir que semejante dualidad está vigente en la vida cotidiana del cuerpo social cordobés.

Cuatro de cada diez pibes cordobeses de la mismísima ciudad capital, menores de cinco años, sufren “episodios de hambre”.

En total, son 50.227 chicos. De ellos, 21.164 experimentan hambre severo (no comen con frecuencia) y 29.063 presentan un déficit moderado (pasan hambre en algunas ocasiones). Y entre los que tienen seis y diecisiete años, el 27 por ciento de los cordobeses de 6 a 12 años presenta déficit alimentario. Y la cifra es de 30 por ciento en los chicos de 13 a 17 años.

El diablo parece andar suelto en el cuerpo de la vida cotidiana de los cordobeses para seguir las palabras de la escritora. Según los diarios de la zona, “comedores de la ciudad de Córdoba aseguran que, como los vecinos ahora tienen menos recursos, hay más gente que necesita alimentarse gratuitamente. Las donaciones de la sociedad civil y el dinero que aporta el Estado no alcanzan y se ven obligados a decir ‘no’ a muchos chicos”.

De acuerdo a la crónica, “las instituciones consultadas detectan lo mismo en este 2009: más desocupación, mayor precariedad laboral, salarios que no alcanzan ni para comer. Y todo ello se traduce en una mayor demanda a los comedores. ‘Hay chicos que se quieren incorporar pero no podemos hacerlo. Tenemos una lista y, cuando se puede juntamos algo y les damos a los que se quedan afuera. Las madres no se enojan, saben que hacemos lo que podemos’, cuenta Norma Cortez, de Corazones Solidarios, donde comen 105 chicos”, apuntan los trabajos periodísticos.

Relatan lo que sucede en distintos barrios. En Pancitas Tristes, de barrio El Quebracho, cien niños meriendan todos los días y cenan tres veces por semana. Hay otros 50 en la lista de espera. "Hay chicos que vienen al mediodía o los fines de semana y preguntan si hay algo. Cuando sobra, tratamos de alcanzarles la comida a las personas que están en la lista. Cada vez se suma más gente. La situación está muy jodida", describió Adelina Milla, coordinadora del lugar.

Ciudad poderosa y de poderosa historia, Córdoba capital vive un presente marcado en el hambre de sus pibes hambreados. Algo inexplicable en una ciudad tan rica.

“Pero si algo nos redime, es el humor. A veces socarrón, otras irónico... es este un humor vivo, que abarca todas la clases sociales, que se palpa en los barrios, que florece en las cátedras, que discurre por los pasillos tribunalicios, que parpadea en el médico más serio, en el chico de la calle, en las vecinas primorosas y en los paisanos de a caballo o en bicicleta. Como ya dije, no es fácil ser cordobés, pero el humor ayuda”, completaba la escritora Cristina Bajo.

Los pibes empobrecidos cordobeses hoy lo confirman con dureza: no es fácil ser cordobés en estos saqueados tiempos del tercer milenio.

Autor imagen: APE


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