martes, 18 de agosto de 2009

Elecciones presidenciales en Chile: Neoconservadurismo criollo con ventaja en las encuestas


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El avance electoral de la oposición según las encuestas, ha generado tensión y una preocupación desbordante en la coalición de centro-izquierda que gobierna en Chile, llamada Concertación de Partidos por la Democracia.

La situación es paradojal. Una coalición que encabeza un gobierno con significativa aceptación –por los datos el más popular en la historia y el de mayor estabilidad- está a punto de perder la presidencia. Las encuestas han demostrado que la población no votaría por su candidato.

En el puzzle, lo único que cuadra es el fenómeno de una alianza generada por la circunstancia o por el diseño – para resaltar el punto da igual - con el claro objetivo de “derrocar políticamente” a una coalición que ha estado 20 años en el poder.

La idea de “sacar” a la Concertación del gobierno y quebrarla como coalición, ha adquirido un cariz político de nuevo paradigma, es decir: la coalición que le devuelve democracia y estabilidad al país también puede quebrarse porque por principio debe haber alternancia en el poder.

También se habla de la crisis de los partidos políticos y hasta del sistema político, el binominalismo -una herencia de la dictadura- que excluye de representación parlamentaria a los que no participan de las dos coaliciones mayoritarias.

Puede ser. Sin embargo, hay una trampa mucho más grave que es de diseño económico y social.

El planteamiento central del nuevo paradigma que intenta aplicar la oposición que podría vencer en la elección presidencial de noviembre, es profundizar las medidas del ajuste estructural a la economía, que se aplicaron en la década de los años 80 y que se han mantenido relativamente contenidas durante los 20 años de Concertación.

Privatización, desregulación a ultranza y apertura indiscriminada y no selectiva en los mercados, los ejes del ajuste, han sido los caballitos de batalla de una concepción ideológica de organizar la sociedad en base e un individualismo exacerbado que lo único que ha generado es la dictadura del gran capital.

En el fondo es otro tipo de totalitarismo, disfrazado en una espuria libertad sometida a la ilusión de poder del voto popular que solo alimenta la sustentación de las elites.

Este neoconservadurismo criollo, que plantea una profundización del ajuste estructural sin manifestarlo de cara a la población, está representado por los dos candidatos que han exhibido la oposición más agresiva que haya enfrentado la Concertación en esos 20 años en la administración del país.

El más prominente es Sebastián Piñera, el representante de la coalición por el cambio, una alianza de derecha tradicional y de nuevo tipo, que ha liderado permanentemente en las encuestas bordeando el 40%.

Piñera, ex senador, exitoso empresario, y candidato perdedor con un 46.5º %, en la elección 2005 de segunda vuelta frente a la actual presidenta Michelle Bachelet (53,50%), representa en su eje programático, los principios económicos y filosóficos de ese ajuste a la economía mundial de la década de los años 80.

Claramente estos principios han sufrido una readecuación, con una mayor preocupación por la “protección social” (término acuñado por los autores del ajuste en el Banco Mundial), aunque sus bases descansan sobre las mismas premisas: continuar privatizando capitales estratégicos, aumentar la desregulación, reducir el rol del estado en la seguridad social, y continuar con el esquema productivo que demanda la apertura de los mercados.

En el plano internacional, Piñera se ha declarado admirador del “modelo Sarkozy”, (La Tercera 29/06/2009), y mantiene posiciones antagónicas a la política exterior de la Concertación que privilegia el multilateralismo, la integración y la consecución de lo equilibrios.

El segundo contendor opositor, y que se posiciona en las encuestas, un diputado recientemente renunciado al partido socialista y apartado de la Concertación, Marco Enríquez-Ominami, representa tendencias políticas de un amplísimo espectro, aunque también expone un programa anclado en las doctrinas del ajuste estructural de los 80.

Con el mensaje de “limpiar la casa” con mejor gestión y probidad, y con su oferta de mayores libertades y firmeza de carácter en relaciones internacionales, plantea una plataforma muy similar al mensaje de la dupla Bush/Cheney cuando desafiaron a Clinton y Gore en la elección del 2000 exclamando que “ Debían abandonar la casa por haberla ensuciado”.

Al definirse de “pinochetista” en el debate de una salida al mar a Bolivia, Enríquez -Ominami expresa ese perfil de realismo duro mezclado con una postura funcional-conductista en relaciones internacionales, que fue el sello Bush/Cheney. Más allá de una frase tal vez fuera de contexto, el solo hacer alusión a un rasgo del pinochetismo en política exterior, le entrega un elemento eje a su discurso en esta área.

De acuerdo a la respetada encuesta CERC de agosto, en primera vuelta Piñera obtiene un 36%, Eduardo Frei un 22%, Enríquez –Ominami un 15%, mientras que Alejandro Navarro y Jorge Arrate candidatos de izquierda, obtienen un 1% de las preferencias. En tanto, el senador del PRI, Adolfo Zaldívar, de centro derecha, cierra la lista con tan sólo un 0,2%.

Es decir, nunca antes las posiciones neoconservadoras habían estado tan cerca de recuperar el poder que perdieron al acabar la dictadura militar en 1989.

El legado de un slogan

“Frei Sí otro No”, fue un slogan que se usó en 1964, cuando la contienda presidencial era entre un socialista, Salvador Allende Gossens, y uno erigido en la salvación de la democracia, Eduardo Frei Montalva.

Contenía un mensaje simple y directo. Aquella elección de 1964 fue encasillada por la derecha entre la dictadura (Allende), y la libertad (Frei).

Para la izquierda de 45 años atrás era elegir entre algo vislumbrado como socialismo, o un sometimiento a EEUU. Eduardo Frei Montalva venció con más del 16% de votos a su favor.

La desclasificación de documentos de la CIA y el informe del Senador Frank Church de EEUU, indicaron que hubo apoyo financiero estadounidense en la campaña contra Allende. Fuentes de la época, hecho ampliamente admitido hoy, señalan que Eduardo Frei M. ganaba de todas maneras sin ese apoyo externo.

Ahora, sin el dilema límite de libertad o dictadura, con batallas pasadas todavía indescifrables, en otro contexto, por lo que se desprende de la coalición que gobierna frente al avance de la oposición, el argumento central reedita una encrucijada y el slogan de 45 años atrás: Frei Sí otro No.

El Eduardo Frei de 2009, es hijo del Eduardo Frei M. presidente de 1964 a 1970. Ya fue presidente en el período 1994-2000, es de afiliación demócrata cristiana y actual senador.

Representa a la coalición de Gobierno, no repunta en las encuestas (22% en primera vuelta y pierde en segunda vuelta; CERC agosto 2009). Su triunfo depende que el apoyo de la población al Gobierno (65%) y a la presidenta Bachelet (73%) se transfiera en votos para su candidatura.

Lo que está en disputa esta vez no es la probable llegada del comunismo, sino la tentación autoritaria y de corte fascista representada en el envoltorio de mayor eficacia como es el neoconservadurismo, por imponer la supremacía total del capital y el mercado en la organización social y en el desarrollo humano.

Tanto la izquierda, como el verdadero centro y el humanismo de cualquier color, salieron de vacaciones o están demasiado preocupados en mantener los beneficios del poder.

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