martes, 25 de agosto de 2009

Hacia la conferencia del partido (I)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El pasado primero de agosto el presidente Raúl Castro, también Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, anunció la posposición del congreso de esa organización y anunció la convocatoria a una Conferencia. A diferencia de otros países, en los cuales la ciudadanía es indiferente a lo que ocurre al interior de los partidos, en Cuba esos asuntos, de un modo u otro involucran a la sociedad.

Así quedó decidido cuando, en 1975 durante su primer congreso el partido cubano adoptó un modelo de sistema político semejante al vigente en la Unión Soviética y endosó la inclusión en la Constitución de la República adoptada en 1976 el precepto de que: “El Partido Comunista de Cuba…es la fuerza dirigente superior de la Sociedad y el Estado…” Consultados mediante referendo, junto con el texto constitucional, el 98 por ciento del electorado aprobó esa definición. 

En los 34 años transcurridos desde 1975 a la fecha el Partido Comunista cubano celebró otros cuatro congresos (1980, 1986,1991 y 1997). A pesar que sus estatutos prevén efectuarlos cada cinco años, el más reciente tuvo lugar hace 12.  

Durante el primer Congreso del Partido fueron aprobadas una veintena de tesis y resoluciones y un Informe Central presentado por Fidel Castro en su calidad de Primer Secretario. Los acuerdos del evento que regirían no sólo al Partido sino también la actividad del Estado y la vida de la sociedad cubana en su conjunto, abordaron: el desarrollo económico, la lucha ideológica, la política educacional, la formación de la niñez y la juventud, la igualdad de la mujer y la política respecto a la religión, la iglesia y los creyentes.

Además de los asuntos internos de la organización, entre otros temas, el Congreso se pronunció acerca de: política Internacional, estudios del marxismo-leninismo, medios de difusión masiva, política educacional, política científica; así como la cuestión agraria y las relaciones con el campesinado. 

A pesar de estar concebidos como directivas de largo aliento y no obstante lo intenso y laborioso del período preparatorio que conllevó largas jornadas de análisis en las bases de la partido, así como en las instituciones sociales, estudiantiles y juveniles y en la dirección revolucionaria, el contenido de aquellos documentos fue rápidamente superado por los acontecimientos, en primer lugar por la dinámica de la propia Revolución Cubana y, poco después por la debacle que terminó con la Unión Soviética y los países del socialismo real. 

Excepto el Informe Central presentado por Fidel Castro y algunos otros que aludían procesos históricos concretos, los textos aprobados resultaron inviables, hoy son poco aprovechables y no figuran entre las creaciones que hicieron de la Revolución Cubana un proceso autóctono y magnifico.  

El Congreso dio luz verde para la aprobación de la Constitución Socialista, la adopción de una nueva división política administrativa del país y la implantación del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía y debido a la no existencia de un programa, cosa requerida de mayores estudios, adoptó una Plataforma Programática. El foro partidista decidió avanzar en la “Institucionalización del país”, culminando 16 años de provisionalidad iniciados con el triunfo de la Revolución el Primero de enero de 1959. 

El contenido de las Tesis aprobadas por el Primer Congreso, el sistema de dirección de la economía adoptado, la estructura de la administración central del Estado, y la nomenclatura del propio partido así como ciertos elementos del sistema político, incluida la concepción del parlamento, fueron extraídos de la experiencia soviética. Una feliz excepción fue el sistema electoral que combinó elementos universales con innovaciones cubanas, originales e incluso revolucionarias. Los demás asuntos no corrieron la misma suerte y se consumó lo que luego, en sentido autocrítico, el propio Fidel Castro llamaría la “copia”. 

A pesar de ciertos ajustes, las deficiencias del modelo soviético trasladado a la sociedad cubana, unido al bloqueo norteamericano, a las tensiones de un desarrollo acelerado y que conllevaba la participación de toda la sociedad y a errores de la dirección cubana, se llegó a una especie de estancamiento o crisis inducida a la cual Fidel Castro se enfrentó, abriendo que se llamó: el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, iniciado en 1986, antes de que Mijail Gorbachov comenzara la Perestroika.   

Tal vez para marcar la diferencia, Fidel Castro, quiso terminar el Congreso a su manera y a su aire, convocando al pueblo para la Plaza de la Revolución. Eran los momentos iniciales de la epopeya en Angola que, 13 años después, con la derrota de los racistas sudafricanos en Cuito Cuanavale, contribuiría poderosamente a poner fin al apartheid y a la liberación de Namibia. En el discurso pronunciado entonces enfatizó: “Si en el teatro "Carlos Marx" se reunió el Congreso del Partido, aquí en la Plaza de la Revolución se reúne el Congreso del pueblo…Nos sentimos como gotas de agua en este mar de pueblo…”.

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