martes, 11 de agosto de 2009

Honduras y la política exterior made in USA

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Habrá que ver si los “soñadores” en torno a un presunto idilio entre los Estados Unidos y América Latina insisten en cerrar los ojos y languidecer entre suspiros.

Podrá alguien desde el Norte, por qué no, tener buenas intenciones y proyectar un clima bilateral más constructivo, pero es evidente que, como sistema, los poderes imperiales norteamericanos no congenian con esa tendencia.

Mucho se hablado de los contactos de grupos derechistas estadounidenses con los golpistas hondureños, antes y después de la asonada que el pasado 28 de junio sacó del gobierno al presidente Manuel Zelaya e instauró un clima de cruda represión en la más empobrecida nación centroamericana.

Al tiempo que en la Casa Blanca unos dicen reconocer únicamente al depuesto mandatario como legítimo representante de su país, otros intentan imponer negociaciones mediatizadoras que incorporan las exigencias de los fascistas. Incluso, llegan a negarse de plano a asumir las rectas posiciones debatidas y acordadas en no pocos organismos regionales y globales en relación con el tema de Honduras.

Es lo sucedido con la reciente carta del Departamento de Estado divulgada en Tegucigalpa, donde en blanco y negro, el grupo rector de la política externa norteamericana afirma categóricamente que “no presionará ni aplicará medidas fuertes” contra los golpistas, sobre la base de artilugios como el no apoyo a “una figura o política en particular”, o el oponerse “a la violencia y al intervencionismo”.

Sin dudas, es una extraña monserga proveniente de la vieja labia con la que los grupos de poder han intentado vestir sus culpas, desde la invasión militar que abortó la guerra de independencia en Cuba en 1898, hasta el último muerto en Iraq o Afganistán a manos de las propias tropas ocupantes.
S ucede que las evidencias que van apareciendo, junto a los intencionales devaneos del Departamento de Estado, dejan claro que Washington no fue ajeno al derrocamiento de Zelaya, al golpe propinado al ALBA y a las fuerzas progresistas latinoamericanas, y al interés de descabezar al movimiento popular hondureño, que pone día a día en evidencia una asombrosa fuerza organizativa y amplitud de miras que puede derivar en una alternativa de poder que sobrepase los límites de la política tradicional en aquella nación.

Este es un elemento que, tal vez de inicio, pasaron por alto quienes creyeron que la aventura fascista en Tegucigalpa solo transitaría unas pocas horas de confusión…

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.