martes, 25 de agosto de 2009

México: El punto sin retorno

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar de la infancia, cuando la brutalidad del ambiente irrumpe en la conciencia y es imperativo adaptarse para sobrevivir, las ilusiones infantiles se desvanecen y las esperanzas se postergan; y a partir de ese momento, el único aprendizaje posible proviene de la hostilidad del entorno…

Dicen los que saben, que las leyes de Darwin se actualizan constantemente, porque en épocas de crisis la prioridad es sobrevivir, y que hoy como siempre, aquellos que no logran adaptarse, sucumben en la hostilidad del entorno. 

La crisis global y galopante que nos aqueja, ha provocado una secuencia de ajustes en la jerarquía de las prioridades: cuando la sombra de la crisis financiera descendió a la economía real, se redujeron los niveles de consumo y se racionalizaron las compras; el impacto de la crisis en el empleo obligó a buscar alternativas laborales y a ejercer el ingenio y las habilidades por oficio; hoy por hoy, los estragos de la crisis se agudizan en el sector más vulnerable, enfatizando la imperiosa necesidad de sobrevivir.

Sí…la crisis es una abstracción, un éter amenazante, una nebulosa intangible. Pero la crisis adquiere forma y se materializa en eventos claramente perceptibles, como el largo y sinuoso regreso a clases.

En estos días, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indicó que la crisis financiera mundial tendrá un impacto considerable en la deserción y eficiencia terminal educativa, ya que este fenómeno está relacionado, en gran medida, con el ingreso familiar (1).

La crudeza de esta declaración estriba en la disyuntiva que enfrentan miles de hogares mexicanos: elegir entre satisfacer sus necesidades de alimentación o gastar sus limitados ingresos en la educación de los hijos.

La crisis provocó un ajuste brutal en las prioridades familiares, pero la magnitud de este fenómeno es uno de esos datos oscuros, una de tantas cifras imprecisas de la administración pública. El índice de la pobreza en México es un porcentaje esquivo que se desvanece entre las clasificaciones, categorías y rangos que presenta el gobierno federal.

Pero el impacto crítico en la educación permite ponderar el peso específico de la pobreza en México: (2) en 2005, 5.5% de alumnos abandonó la escuela, y en 2008 ese porcentaje aumentó a 7.4%. 

Estas cifras adquieren dimensiones trágicas al traducir los porcentajes en vivencias: miles de niños mexicanos cruzaran el umbral de la escuela para no volver. Las cifras oficiales demuestran que 90% de los alumnos que interrumpen los estudios ya no regresan, principalmente por factores económicos: abandonan la escuela y la infancia para incorporarse al entorno hostil de la economía informal.

Cuando las estadísticas se materializan en evidencias contundentes, todos los argumentos oficiales carecen de sentido: México invierte poco más de 5% del Producto Interno Bruto (PIB) en educación, pero un lugar en una escuela destartalada no garantiza ni eficiencia terminal ni calidad educativa. 

El decreto presidencial que establece salarios máximos no es suficiente para depurar el presupuesto de egresos de la federación y mucho menos para reorientar el gasto social atendiendo las necesidades urgentes en los sectores de la salud y la educación. 

Eventos recientes exhiben la magnitud de los recursos del erario que son dilapidados: la Secretaría de la Función Pública (SFP) denunció un quebranto estimado en 7.2 millones de pesos atribuido a un red de corrupción que medraba en la Dirección General de Educación Indígena de la Secretaría de Educación Pública (SEP)(3); la evidencia de la cuantía exorbitante de los sueldos y las prestaciones a los legisladores quedó al descubierto cuando el diputado por Tabasco, Gerardo Priego hizo pública la devolución al erario de un millón de pesos, resultado del sobreprecio de los boletos de avión y bonos extraordinarios que no utilizó (4).

Sí!... los caprichos de la Fortuna suelen provocar indignación. Es insufrible el contraste entre los recursos asignados a una estirpe de inútiles con fuero y los recursos destinados a la educación, debidamente mermados por redes de corrupción. Este desequilibrio en las finanzas públicas agudiza la desigualdad y la perpetúa.

Mientras los legisladores gastan millones de pesos en una infinidad de costosas insensateces, millones de niños abandonarán el aula para incorporarse al ejército de sobrevivientes en la economía informal.

No… un decreto no es suficiente para recuperar una infancia perdida, ni para resarcir la cualidad humanizante de la enseñanza, porque cuando las ilusiones infantiles se desvanecen, el único aprendizaje posible proviene de la hostilidad del entorno…

Notas:
1) Hernández, E. Primero comer que estudiar. El Universal. Domingo 23 de agosto del 2009.
2) Declaración de David Calderón, experto en temas de enseñanza y director de la asociación civil Mexicanos Primero. Nota publicada en El Universal, el domingo 23 de agosto del 2009.
3) Ramos, J. Mandos medios, en red de corrupción en la SEP. El Universal. Domingo 23 d agosto del 209
4) Merlos, A. y Arvizu, J. Legislador regresa 1 millón, sus “abonos” de tres años. El Universal. Domingo 23 de agosto del 2009.

Laura M. López Murillo es Lic. en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

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