jueves, 27 de agosto de 2009

Moscú paga caro por el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur

VEDOMOSTI - RIA NOVOSTI

El reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur le costó caro a Moscú, escribe el diario Vedomosti al analizar, en su editorial de hoy, el balance de la guerra que tuvo lugar en el Cáucaso hace un año.

Los dirigentes de Rusia reafirmaron ayer, como la única correcta, su decisión de reconocer a dos antiguas autonomías georgianas. Al enviar las tropas al Cáucaso, Moscú frenó la guerra relámpago iniciada por Georgia, minimizó las víctimas entre la población de Osetia del Sur y, a lo mejor, previno la propagación de hostilidades a las regiones adyacentes, señala el diario.

Sin embargo, es probable que las flamantes repúblicas caucasianas decidan en el futuro usar mayor número de vectores en su política exterior y presenten a Moscú mayores exigencias económicas a cambio de la lealtad. El primer ministro ruso Vladímir Putin prometió recientemente a Abjasia una inyección financiera por valor de casi 25 mil millones de rublos, o unos US$800 millones, para la habilitación de las fronteras y el desarrollo social. Abjasia va a celebrar elecciones presidenciales en septiembre próximo y este dinero será de gran ayuda para su actual Gobierno apoyado por Rusia, escribe Vedomosti.

A un año de la guerra ruso-georgiana, el status internacional de Abjasia y Osetia del Sur sigue siendo similar al de la República Turca del Norte de Chipre cuya independencia es reconocida únicamente por Ankara. Ni siquiera los supuestos aliados de Rusia se apresuran a seguir su ejemplo a pesar de las reiteradas sugerencias por parte de Moscú. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, reconoció la soberanía de las repúblicas rebeldes pero todo se limitó a una declaración retumbante, puesto que el Parlamento nacional se negó a ratificar el tratado correspondiente. Hugo Chávez y Raúl Castro también guardan mutismo por ahora.

Lo ocurrido en agosto de 2008 infundió a los países postsoviéticos el miedo hacia Rusia, pero no tanto como para satisfacer gratis sus exigencias políticas. La de por sí complicada relación de Moscú con Kiev se deterioró aún más a causa del conflicto ruso-georgiano; hubo guerras comerciales con Minsk; Tashkent se opuso a la instalación de una base militar rusa en Kirguizistán; y Dushambé rebajó el status del idioma ruso en Tayikistán. El cierre de la base aérea estadounidense en Kirguizistán costó a Moscú dos mil millones de dólares en forma de crédito privilegiado, más otros 150 millones a fondo perdido. La guerra dificultó la comunicación entre Rusia y Armenia y redujo 2,7 veces el volumen del comercio ruso-georgiano.

La reputación internacional de Moscú también se vio perjudicada notablemente. Occidente y las naciones del desaparecido bloque socialista vieron en lo sucedido una reincidencia de la política imperial de Rusia. La fuga de capitales foráneos - más de 10 mil millones de dólares en los   cinco días de la guerra - provocó pánico en el mercado de valores ruso. Para restablecer el statu quo, fueron necesarias la crisis financiera global, la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de EEUU y su decisión de "relanzar" las relaciones con el Kremlin.

Georgia ganó en plano moral a pesar de haber perdido aquella guerra que, entre otras cosas, aplazó su incorporación a la OTAN. El avance de las tropas rusas hacia Tbilisi y el éxodo de decenas de miles de refugiados desde la zona del conflicto le ganaron al agresor una aureola de víctima. El presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, contrariamente a las expectativas de Moscú, no desapareció del escenario político a pesar de la derrota militar. Más aún: supo aprovechar la hipotética amenaza externa para desviar la atención pública de los problemas reales y resistir las protestas de la oposición. El arreglo en el Cáucaso se convirtió en una causa propia para los europeos que están dispuestos a proporcionar finanzas y otra ayuda a este proyecto. Según el periódico, ambos bandos fueron perdedores en aquella guerra.

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