viernes, 7 de agosto de 2009

“Para taparle el ojo al macho”: Un círculo de hierro candente se cierra en torno al territorio colombiano ocupado por las FARC

Mario Rivera Ortiz (especial para ARGENPRESS.info)

No nos engañemos, la próxima guerra en gran escala, planeada por el capital global contra los pueblos de América Latina, se librará en el territorio colombiano ocupado por las FARC, no importa el pretexto que se aduzca.

Se trata de una zona de guerra civil en actividad desde hace más de 50 años, pero el recrudecimiento del asedio militar y político que se abate sobre ella en la actualidad, así lo indica. He aquí los hechos que fundamentan nuestra hipótesis:

1.- Los bloques militares en Sudamérica

El 23 de mayo de 2008 se constituyó en Brasilia, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) integrada por 12 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Guyana y Surinam. A partir de entonces la Unasur se organiza febrilmente a toda velocidad. El 10 de marzo de 2009 integró su Consejo de Defensa y el 10 de agosto, el presidente ecuatoriano Rafael Correa asumirá la presidencia pro témpore. El organismo surgió a propuesta de los presidentes “progresistas” Luiz Inacio Lula da Silva y Michelle Bachelet, con el fin dizque, de impedir intervenciones militares no autorizadas entre países vecinos, como el bombardeo colombiano al campamento de Sucumbios en marzo de 2008. La nueva alianza militar nació, obviamente, con el visto bueno del Comando Sur de los Estados Unidos, que es realmente su jefatura suprema.

Actualmente la Unasur dispone de 12 ejércitos con más de un millón de efectivos. Los más numerosos en orden de importancia son el brasileño con 334 mil 700 efectivos, Colombia 310 mil, 500, Venezuela 163 mil 300, Perú 84 mil 900, Argentina 71 mil 400, Chile 70 mil 900, Bolivia 43 mil 300, Ecuador 37 mil 400, Uruguay 24 mil 600 y Paraguay con 11 mil 600.

La Unasur, según declaraciones de los ministros de Defensa de los países miembros, es un organismo regional para promover la cooperación entre las distintas fuerzas armadas de la región, generar operaciones de paz conjuntas y dar transparencia a los gastos militares, además de un instrumento para impulsar una lucha coordinada contra el narcotráfico. Los representantes del Consejo de Defensa, tratando de evitar sospechas y suspicacias declararon al respecto que el Consejo de Defensa no ha planteado en ningún caso formar una fuerza militar similar a la OTAN. “No habrá OTAN del Sur”, dijeron.

Reza un viejo dicho: “Explicación no pedida, acusación manifiesta”. ¡Qué les crea su abuela!

Claro que se trata de un nuevo bloque militar con idénticas finalidades que la Alianza del Atlántico, es decir proteger los intereses del gran capital en la región sudamericana igual que lo está haciendo la OTAN en Afganistán y otros países del mundo. Ciertamente que ahora, dentro de Unasur existen ejércitos de gobiernos democráticos como el venezolano y el ecuatoriano, pero la masa militar de ese agrupamiento con mayor peso estratégico está en manos de gobiernos burgueses definidos como proimperialistas y ultra reaccionarios.

Es claro pues, hasta para un ciego, que la Unasur se ajusta al modelo de la governance multilateral encargado de ejecutar por diferentes medios, políticas distributivas “humanitarias” y guerras presentadas como operaciones de policía internacional contra el “terrorismo”, o sea las llamadas “misiones de paz”. Por lo demás la participación de algunos países sudamericanos en tal modelo no es un hecho nuevo, pues hasta el mes de marzo de 2009, fuerzas militares sudamericanas estaban participando en 22 misiones en los cinco continentes, con un total de 6,440 soldados, bajo el mando formal de la ONU. Entre los países que padecen la presencia y coacción de la tropa sudamericana están, entre otros, Haití, Afganistán, Palestina, República Democrática del Congo, Nepal, Pakistán, Kosovo y Liberia.

A lo anterior hay que agregar que el Comando Sur de los Estados Unidos, ha montado siete bases militares en territorio colombiano (tres bases aéreas, dos terrestres y dos navales), además de las que dispone en Panamá y Cuba, todas dispuestas como una poderosa infraestructura para controlar gran parte del cono sur y Centroamérica. Por lo demás, respecto de la sospecha de que el capital global y su brazo político, la ONU, buscan fomentar ejércitos mercenarios en América Latina, el periodista Carlos Fazio ha denunciado en varias ocasiones, que desde hace tiempo se han dado reuniones de las fuerzas armadas de América Latina para sacar adelante la idea de crear una fuerza armada continental, la última de estas confabulaciones ocurrió apenas el día 4 de agosto en Cartagena de Indias, Colombia, a la que asistió puntual el ala derecha de la Unasur.

Pero, ¿con qué propósito concreto e inmediato se ha creado tal dispositivo militar en la esquina noreste de Sudamérica? Evidentemente que el objetivo inmediato es desencadenar una gran ofensiva militar, bajo cualquier pretexto, para tratar de aniquilar a las FARC; después, obviamente, están en lista de espera, Venezuela, Ecuador, y todo aquel gobierno o movimiento que no se agache ante los manotazos del imperio. Manuel Marulanda, el gran dirigente histórico de la resistencia popular revolucionaria colombiana, siempre esperó una acción militar de los Estados Unidos de gran envergadura sobre su territorio y esa certera previsión de Tirofijo ya está plenamente a la vista de todo el mundo. Las FARC representan en este momento, el obstáculo principal para que la soberanía del imperio se enseñoreé sobre Sudamérica.

Pero, claro al macho hay que taparle el ojo. Los palafreneros de este siniestro plan, Álvaro Uribe a la cabeza, hablan de “coordinar sus efectivos militares para auxiliar a las poblaciones en casos de catástrofes naturales y crear mecanismos de consulta, información y evaluación inmediatas ante situaciones de riesgo para la paz de nuestras naciones” y no faltan algunos “progresistas” que proponen la solución del bloqueo de Cuba, como precio de su cooperación en tan turbia empresa.

A todo lo anterior habría que sumarle el rechazo reiterado del gobierno de Uribe a toda negociación seria con los insurgentes colombianos para alcanzar la paz en Colombia y los crímenes genocidas consumados por varios gobiernos colombianos en perjuicio del pueblo de Bolivar

Es verdad, un círculo de hierro candente se cierra en torno al territorio colombiano ocupado por las FARC.

2.- El caso Morett

Otro indicio convincente que apuntala nuestra hipótesis es el caso de la persecución policíaca y judicial que impulsan los gobiernos de Colombia, Ecuador y algunas organizaciones “civiles” mexicanas, contra la estudiante Lucía Morett, sobreviviente del bombardeo de Sucumbios. La persecución se torna estrecha desde el tres de diciembre de 2008, cuando ella regresó a México y declaró que quintuplicaría sus esfuerzos para denunciar a los verdaderos criminales. Se trata de otro ejemplo de la acción unificada de las fuerzas represivas policíacas a nivel continental bajo el control de los centros de mando imperiales: INTERPOL, FBI, CIA, etc., con su guantánamo. La pretendida extradición de Lucía es un pretexto para ello; pero además, un objetivo para tratar de silenciar testimonios y muy probablemente obtener cierta información que le es necesaria para consumar sus siniestros propósitos.

3.- El fuego “amigo”

Al acoso militar contra las FARC se suma el asedio político y “moral” de los compañeros de viaje que a cada esquina desean bajarse del tren en marcha, criticando sin fundamento, la estrategia militar de esa respetable fuerza revolucionaria desde posiciones liberales, y, finalmente, el silencio cómplice y las invitaciones “fraternales” al desarme incondicional que hacen algunos aspirantes a mediadores. Todo ello para contribuir, voluntaria o involuntariamente, a cerrar el fatídico cerco en torno a las FARC.

Conclusión

En este escenario de recrudecimiento de la guerra civil colombiana y su inminente conversión en una guerra internacional de incalculables dimensiones, cabe advertir a los combatientes de la FARC y a cualquier otro movimiento de los que las oligarquías criollas y el imperio han orillado a tomar las armas en defensa de su existencia, que es necesario reflexionar en relación con tal posible escenario y preparar un plan estratégico global para enfrentarlo: reiterar las propuestas de paz, pero si las clases dominantes no la desean y rompen las fronteras, como ya lo hicieron en Sucumbios, pues muy bien, que no haya fronteras y que la lucha llegue hasta donde quiera el enemigo. Por supuesto, no olvidar la experiencia histórica al respecto, sobre todo, la confraternización sistemática de los ejércitos burgueses a la hora de las matanzas de poblaciones enteras, incluyendo mujeres y niños, cuando de aplastar a fuerzas revolucionarias se trata. Tened presente, muy especialmente, la degollina de los 30 mil comuneros parisinos consumada por la soldadesca franco-alemana en 1871.

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