jueves, 20 de agosto de 2009

Por una oportunidad

ARTEMISA

En estos días que pasaron, de puja por frenar el aumento de tarifas de gas y luz, no pude dejar de pensar en una mujer. Ella se mantuvo ajena de las peleas, como de casi todas las batallas que tengan que ver con acceder a algún tipo de derecho.

Ella acepta las cosas, así como vienen. No está preparada para quejarse, sino para aceptar. Cada día de este invierno, como de los 11 que lleva viviendo en Argentina, calentarse es obra del azar.

En la villa de Barracas, donde vive, no tiene gas. La luz, el único medio de calentarse, puede cortarse en el mismo momento en que planeaba bañarse o preparar la cena.

Los helados días de este invierno, la tensión fue más azarosa aún, e hizo lo que quiso con sus manos enrojecidas de frío y sus pies contraídos.

Muchas veces tuvo que levantarse en la oscuridad, vestirse tanteando muebles y frotarse los brazos para darse calor, para salir a la calle y caminar apurada para tomar el colectivo hasta Pompeya y luego el 44 hasta Parque Chacabuco.

Zunilda trabaja en casa desde hace 6 años. En algún momento pensé en regalarle un calefactor, una solución absurda razonaba segundos después porque no tiene dónde conectarla.

Hoy cumple 34 años, aunque parece una nena cansada, con su pelo recogido en una cola y dos hebillitas a presión a los costados. Hace 11 dejó Paraguay y todavía no tiene documento en Argentina. No porque no lo haya intentado sino porque a pesar de estar acogida al plan Patria Grande, todavía no pudo acceder a él. Por eso no viaja tanto como quisiera a visitar a su mamá, en el interior de Paraguay, porque sabe que tiene que además de pagar el pasaje debe preparar plata extra para poder pasar la frontera sin inconvenientes.

Hace otros tantos años también, que hace un tratamiento para la fertilidad. Un padecimiento que sufren muchas mujeres pero que en una persona sin recursos se alarga frente al sin número de estudios, médicos poco sensibles y madrugadas haciendo colas que tal vez azarosamente también se corten antes de que la atiendan.

Por eso, cuando escuchaba las radios despotricando contra los aumentos –y no los estoy justificando- no podía dejar de pensar en esas mujeres, como Zuny, para las que no hay queja posible porque están al borde de la ciudad, del trabajo legal y de todo tipo de políticas que les otorguen derechos.

Hoy Zunilda cumple años y me gustaría regalarle algo más tangible que un pulóver. Quisiera regalarle oportunidades.

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