viernes, 14 de agosto de 2009

Presidente de Honduras José Manuel Zelaya en Chile: Señales y mensajes


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Su corta visita del día 13 de agosto, no dejó de impactar el ambiente político chileno e internacional.

Fue muy útil para detectar señales y mensajes del troglodita ambiente político nacional en búsqueda de votos y apoyos en un fin de año electoral decisivo.

La lucha es sin cuartel, y mientras los políticos locales se veían sudados y agitados en pleno invierno, en contraste, el presidente hondureño – instalado en las montañas tropicales - se le vio pausado, ponderado en sus juicios, y sin su sombrero ranchero parecía un miembro de la Cámara de los Lords en un día sábado.

Se reunió por casi tres horas con la presidenta de Michelle Bachelet y después hizo una serie de visitas programadas a diferentes organismos políticos y sindicales.

Fue tratado como un jefe de estado en ejercicio con todos los honores oficiales y los únicos desaguisados provinieron de los medios cuadrados con el gobierno de Micheletti y alimentados por el fuerte lobby anti Chávez que existe en Chile.

Para estos medios, siempre fue “el depuesto Presidente”. Ni para Barack Obama, ni para el Felipe Calderón, José Manuel Zelaya representaba a un depuesto presidente. El tema central es la restitución del estado de derecho en Honduras y el argumento Chávez, y bases militares en Colombia quedaba en el otro carril del debate actual.

Agradeció la solidaridad del Gobierno de Chile destacando además la transversalidad del apoyo chileno cubriendo un amplio espectro político para restituir los derechos constitucionales en Honduras.

Hizo especial énfasis en el papel del Secretario General de la OEA, señalando que “José Miguel Insulza había sido valiente. H a recibido los embates de la derecha como de la izquierda”.

El presiente hondureño fue enfático en apuntar a EEUU para la dilación de la solución a la crisis, dejando entrever que en el gobierno de Barack Obama residía una buena parte de la presión para que el gobierno ilegal cediera.

La corta visita de José Manuel Zelaya ha sido como un catalizador para proyectar la imagen de un gobierno como el chileno que se ha conducido con audacia y prudencia en el plano de los conflictos internacionales.

Para bien o para mal, Chile está plenamente insertado en las negociaciones claves para lograr los ansiados equilibrios en esta región del mundo al menos. Y la visita de Jose Manuél Zelaya fue una confirmación de ese derrotero.

Un diplomático centroamericano hizo el comentario a este reportero: “Chile se ha instalado como una potencia (política) en la región, especialmente a partir de la crisis en Bolivia el año pasado y ahora con Honduras. Resalta el liderazgo de la presidenta Michelle Bachelet en UNASUR. Pensaba que la solución constitucional en Honduras y el restablecimiento del estado de derecho, dependía en gran medida de la posición de Chile al insistir en la restitución de Zelaya.

Más allá del inevitable sesgo chovinista que contamina comentar la conducta exterior del propio país, es incuestionable que el rol de “caperucita roja de la región” preocupada de la llegada del “lobo comunista”, esto dicho por los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, está siendo dejado atrás con claridad.

Y es curioso y corajudo al mismo tiempo, que un gobierno como el chileno, destile una política de estado -que resulta a la luz pública claramente poco antagónica hacia los gobiernos citados- en un año electoral crucial para la coalición de gobierno que se agrupa bajo la égida de la Concertación de Partidos por la Democracia.

En un ámbito político nacional, proclive a posiciones conservadoras en lo ideológico y lo económico, como las que representan las principales candidaturas de oposición a la Concertación, es osado ejercitar una política exterior como la actual, que no es acogida particularmente por ese ambiente.

Es el caso de Sebastián Piñera respaldado por la coalición de la derecha tradicional, así como la de Marco Enríquez –Ominami, representando el neoconservadurismo criollo muy a la semejanza del que explota en EEUU, Canadá y Gran Bretaña en los años 80, guardando las proporciones de contexto y caracteres.

En medio de un clima conservador propagado por consorcios de medios compactando la información hacia un lado de la balanza, la Concertación, hay que reconocerlo, mientras se acerca la elección de noviembre, ha debido hacer frente a situaciones internacionales que por oportunismo político, debió haber optado la vía cómoda de la observación y la espera. Sin embargo ha tomado un rol pro activo y protagónico en causas de derecho y protección de estabilidad en los estados.

En ambas candidaturas de oposición, confluyen aspectos del ajuste estructural a las economías que condujo a las fracasadas privatizaciones y las desregulaciones que han producido la crisis. En lo político, son candidaturas en que no se conoce con claridad el rol de Chile en el plano internacional, aunque la visita de José Manuel Zelaya fue un buen indicador para cotejar posiciones.

Las posiciones de ambos candidatos de oposición dura frente a los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa, difieren diametralmente a la política de estado de dialogo y cooperación que intenta implementar el actual gobierno.

Es poco preciso etiquetar en política pero ayuda. Los dos candidatos referidos, tanto Piñera como Enríquez, se posicionan con más cercanía al realismo duro y el pragmatismo conductista representado por el neoconservadurismo republicano de EEUU, que encarnó en forma especial Paul Wolfowitz. Compasivo con la desigualdad y la pobreza, pero implacable a la hora de enfrentar amenazas externas y aceptar el tutelaje del estado. En lo valorico, la tendencia es al conservadurismo con tinte progresista, una mezcla inconducente a la hora de trabajar con la diversidad.

No es Barack Obama el referente en los dos candidatos que se oponen al candidato de la Concertación Eduardo Frei.

Este representa en cierta medida la continuidad de los gobiernos de la Concertación de 20 años, y tiene al frente el mayor desafío de todos los presidentes anteriores en caso de ser elegido: Hacer realidad algunas promesas incumplidas durante 20 años en cuatro años. Ya fue presidente. Solo le queda hacerlo mejor.

La Concertación de centro izquierda, en el Gobierno por 20 años, enfrenta electoralmente por primera vez una oposición doble: la tradicional de derecha, y una tercera fuerza emergida de sus propias filas con otros sectores de izquierda y de derecha, que se retroalimentan con el principal objetivo que la Concertación deje de gobernar.

Independiente de las virtudes y los defectos de la coalición política con más permanencia en el Gobierno en la historia de Chile, la Concertación se ve enfrentada a una suerte de golpe político para suspender su predominio.

No es el golpe de estado que derrocó a Zelaya, aunque es un golpe también. Esta vez basado en procesos políticos como los que han hecho desarmar las estructuras políticas en México e Italia, situaciones comparables en forma muy lata.

El proceso fue estimulado por sus propios errores, pero también por la adopción de un furtivo neoconservadurismo filtrado en el país por vía de las políticas económicas adoptadas durante la dictadura, de las cuales el país no ha podido desprenderse, continuando como la panacea.

Y por otra parte, el ideologismo valorico que redunda en la política internacional, representado en las posiciones de privilegiar alianzas con las potencias occidentales.

Esta corriente ideológica del país se siente culturalmente occidental y así hace reflejar sus planes de política exterior. No es multilateral, sino que privilegia el bilateralismo, y las nuevas asociaciones de países en base a criterios de supremacía económica o política.

La visita de Manuel Zelaya fue utilísima, porque en pocas horas, un país en medio de una convulsión electoral por futuras selecciones, veía refractariamente su democracia en un personaje, Zelaya, con su drama de mes y medio, pero convertido en un acontecimiento de importancia internacional por ser víctima de la ruptura democrática y del intervencionismo una vez más.

Aunque no sea de un dominio público amplio, en Chile también se detecta un proceso de intervención, especialmente en las posiciones neoconservadoras.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.