martes, 4 de agosto de 2009

Puerto Rico: Alarmante aumento de desamparados

Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)

En apenas diez años, la cifra de personas que deambulan sin hogar en Puerto Rico ha aumentado entre el 400 y el 425 por ciento mientras ese desastre social y humano parece ser inmune a todo intento de atajarlo, ante lo cual ha dado inicio un diálogo urgente entre el Gobierno y grupos asistenciales.

El problema, que deja perplejas a las autoridades, marca otro distanciamiento progresivo entre la realidad puertorriqueña y la de Estados Unidos, donde los informes oficiales dan cuenta de cómo ha ido bajando el nivel de los llamados “desamparados crónicos”, es decir, los que permanecen mucho tiempo sin tener dónde vivir.

“Sabemos que entre los factores que llevan a estos seres humanos a la deambulancia son la dependencia de sustancias, como el alcohol y las drogas, y otros graves problemas de salud mental”, dijo el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, quien pidió que se establezcan “alianzas” entre las agencias del Estado, los grupos comunales y otros sectores.

Sus comentarios se produjeron en una rueda de prensa para anunciar la ronda de diálogo que se llevará a cabo esta misma semana en el Capitolio y en la que la doctora Silvia Arias, de la Fundación de Salud Mental, advirtió que es necesario “entender por qué los servicios para esta población están tan fragmentados y no logramos darle coherencia”. En la actividad hubo desde llamados a promover la “compasión” hasta señalamientos de que tanto el Estado como los grupos privados tienen que reconocer que en Puerto Rico “no tenemos un plan coherente” ante el problema, que sigue creciendo.

Así lo atestiguan los cómputos oficiales del Estado.

En 1998, un censo de personas sin hogar localizó 3,191 casos, cifra que ya en 2003 se había duplicado a 6,522. En 2005, se calculaba que había 8,418 personas que no tenían dónde vivir y en el 2007 había aumentado a 12,700, siempre según cálculos del propio gobierno.

Hasta ahora no se han difundido las cifras oficiales para el año corriente, pero la doctora Arias indicó que la proyección “conservadora” era de 400 casos más cada año, por lo cual la nueva cifra podría llegar a los 13,500 casos, o un 425 por ciento de crecimiento en comparación con 1998.

Además, mientras en EEUU se calcula que sólo el 18 por ciento de los desamparados son tenidos por crónicos y que la proporción sigue bajando, ese no es el caso en Puerto Rico. Mientras en 2005 se calculaba que el 60 por ciento de los desamparados en este país caribeño eran “crónicos”, el presidente Rivera Schatz dijo que el cálculo más reciente indica que ya éstos deben ser un 72.8 por ciento.

Esos cómputos, sin embargo, tienen grandes limitaciones en la descripción de ese problema social. Las deficiencias comienzan desde el momento mismo en que se llevan a cabo los censos.

Así por ejemplo, el “resumen ejecutivo” del censo de deambulantes de 2005 advierte que las entrevistas se llevaron a cabo entre las 10 de la mañana y las 2:00 p.m., lo que indica que nunca se intentó localizar a las personas sin hogar en los lugares donde pasan las noches. El informe explica que lo que se hizo fue trabajar con una muestra accidental “debido a que el universo de personas deambulantes no está identificada y los lugares de acogido pueden variar de municipio a municipio y de año en año”, que “no hubo suficientes voluntarios”, así como “variedad en las capacidades y nivel de experiencia de los voluntarios”.

Si bien las cifras oficiales podrían estar por debajo de la realidad, al menos dejan claro que cada vez se localizan más casos, mayormente de adultos de entre los 22 y los 54 años (77 por ciento), aunque también se han encontrado sobre 1,000 niños y adolescentes, así como una cantidad de ancianos que podría llegar al 15 por ciento.

Los cómputos oficiales, sin embargo, son bastante conservadores, si se tiene en cuenta voces de alerta sobre el problema que se dieron ya desde 1997, cuando la Coalición Pro Derechos de Personas sin Hogar calculó que para ese entonces había en Puerto Rico más de 28,700 casos. De la misma manera, el punto de vista de que se trata de los efectos secundarios de adicciones, vicios y problemas de salud mental se quedaría corto ante los señalamientos de que entre el 70 y el 90 por ciento de las personas sin hogar no tienen ingreso monetario alguno.

Tampoco cuentan las muchas historias de personas abandonadas por sus propias familias, ni las del horror informado por la Unión Americana de Libertades Civiles en 2006, de que casi la mitad de las mujeres de ese sector excluido “perdieron su hogar como resultado de la violencia doméstica”.

El Sistema de Información sobre Administración de Desamparados” establecido por la Fundación Chana & Levis ha advertido que el problema se aceleraba y mientras en 2003 sólo 1 por ciento de eran “deambulantes nuevos”, ya en 2007 éstos habían aumentado al 30.1 por ciento de la muestra estudiada por sus técnicos.

De igual forma, las cifras –oficiales o no- dejan fuera el drama humano del desprecio social y hasta las medidas represivas, como las golpizas a los que sorprenden pidiendo limosna y los traslados forzados de un municipio a otro. Se han registrado hasta casos del envío de seres humanos a la cárcel por el delito supuesto de no tener un lugar dónde vivir.

Poner la casa en orden con los programas y políticas públicas sobre las personas sin hogar tiene también un aspecto pragmático en momentos en que el Estado sigue en una crisis fiscal profunda y trata de conseguir todos los donativos que pueda de parte del Gobierno de EEUU. Para este año, el gobierno federal estadounidense espera repartir 1,600 millones de dólares entre programas que atiendan el problema en los cincuenta estados de la Unión y las colonias caribeñas de Islas Vírgenes y Puerto Rico.

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