martes, 4 de agosto de 2009

Rusia: El primer frente ruso-estadounidense pasa por Georgia

GAZETA - RIA NOVOSTI

La incandescencia de las declaraciones políticas que preceden al primer aniversario de la guerra ruso-georgiana en torno a Osetia del Sur es un testimonio de que el problema sigue sin resolver, escribe Gazeta.Ru en su editorial de hoy. Más que a Tbilisi, es ahora a Moscú y a Washington a los que incumbe prevenir un nuevo conflicto armado en Georgia, por donde pasa el primer frente ruso-estadounidense.

Como resultado de la guerra de agosto de 2008, Rusia fue la única que reconoció la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. El reconocimiento por parte de Nicaragua no cuenta porque esta nación centroamericana, distante del Cáucaso en todos los sentidos, ni siquiera se tomó la molestia de establecer las relaciones diplomáticas con las flamantes repúblicas caucasianas.

Rusia logró la retirada de observadores internacionales desde Abjasia y Osetia del Sur y el mantenimiento de su presencia monopólica, indefinida e incontrolada en ambos Estados cuasi-independientes. Sin embargo, no pudo aportar una paz real y estable a la zona porque nadie en el mundo, exceptuando a Moscú, piensa que la situación actual es definitiva. Rusia fracasó también en sus intentos de derrocar el régimen de Mijaíl Saakashvili y enterrar el proyecto Bakú-Supsa-Ceyhan, el más grande de los oleoductos regionales tendidos al margen del territorio ruso.

Abjasia y Osetia del Sur se convirtieron en rehenes absolutos de las intenciones políticas y militares de Moscú. La prevención de una segunda guerra en el Cáucaso será en estas condiciones una prueba de capacidad para EEUU y Rusia. Osetia del Sur y Abjasia son meramente títeres de Rusia que se transformó en parte directa del conflicto. EEUU, con su continua apuesta por Saakashvili, responde de manera igualmente directa e inequívoca por la observancia del armisticio por parte de Tbilisi. Lo anterior significa que Georgia, con sus territorios separatistas, se convirtió de hecho en la línea del primer frente ruso-estadounidense.

En parte, es consecuencia de que la comunidad internacional "se tragó" la primera guerra georgiana prácticamente sin rechistar. Tanto Rusia, que mantiene sus tropas en Osetia del Sur, como Georgia, que continúa un intenso proceso del rearme, incumplen el cacareado Plan Medvédev-Sarkozy, de modo que los políticos ni siquiera mencionan este documento en calidad de mecanismo que podría garantizar un armisticio real en la región.

La Unión Europea mantiene observadores en el territorio georgiano pero no puede de ninguna manera influir en Georgia, Rusia, Abjasia y Osetia del Sur. Ahora que ha transcurrido un año después de la guerra, es evidente que la preservación de la paz en el Cáucaso Sur es responsabilidad directa de EEUU, cuyo satélite político es Georgia, y de Rusia, la cual ejerce el control militar (no financiero todavía) sobre Osetia del Sur. Abjasia en este sentido ocupa un lugar aparte porque no depende tanto de Rusia en plano económico ni fue escenario de hostilidades en agosto de 2008.

La situación en Georgia, por consiguiente, será en los próximos meses un indicador que permitirá juzgar el relanzamiento de las relaciones entre Moscú y Washington mejor que los nuevos acuerdos de de armas estratégicas ofensivas, por no hablar ya de las declaraciones políticas del Kremlin y la Casa Blanca.

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