viernes, 7 de agosto de 2009

Rusia: La guerra de los cincos días en el Cáucaso es un crimen sin caducidad

Alexei Pilko (RIA NOVOSTI)

El sábado, 8 de agosto, se cumple un año desde el comienzo de la guerra desatada por Georgia contra Osetia del Sur. Tras un ataque nocturno con artillería, la infantería georgiana cruzó la frontera de la región autónoma y con el empleo de la fuerza intentó resolver el problema suroseta. El resultado de esta aventura bélica es harto conocido, significó la derrota de Georgia.

¿Cuál será el futuro de esta región? ¿Qué posibilidades tienen Osetia del Sur y Abjasia de vivir en paz? ¿Es posible que Georgia opte de nuevo por la variante bélica para resolver el problema?, y lo más importante, ¿cuál deberá ser la política de Rusia en relación a este asunto?

Antes que todo, hay que partir de la realidad política y militar. En primer lugar, al desatar la agresión, Georgia se convirtió en el principal responsable de la tragedia suroseta. Precisamente la irreflexiva actitud del presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, y su entorno de atacar a la capital suroseta Tsjinvali ocasionó la muerte de muchos civiles y, al mismo tiempo, desvaneció para siempre el sueño de Tbilisi sobre el restablecimiento del Estado georgiano en las fronteras que existían cuando Georgia formaba parte de la URSS.

En segundo lugar, la parte georgiana incumple el acuerdo Medvédev-Sarkozy sobre la retirada de sus tropas a sus guarniciones permanentes. El incumplimiento de esta condición permite a los militares georgianos en cualquier momento reagrupar sus fuerzas y emprender una nueva agresión. Y, finalmente, Georgia permanentemente organiza provocaciones en la frontera con Osetia del Sur.

Su objetivo es provocar a que Rusia emprenda una respuesta contundente de tal forma que se pueda acusar a Moscú de una agresión contra Georgia. Y si se tiene en cuenta la conducta irracional de las autoridades de Tbilisi, no se puede descartar la peor de las variantes que sería la reanudación de las acciones militares con el fin de restablecer el control sobre el territorio suroseta.

A partir de esta situación, la política de Rusia deberá ser pragmática al máximo. Apaciguar los ánimos de los revanchistas mediante una investigación imparcial de los acontecimientos ocurridos en el Cáucaso hace año.

Moscú debe emprender todos los esfuerzos posibles para que los responsables de la agresión de agosto, la dirección política y la élite militar de Georgia comparezcan ante los tribunales y respondan por los crímenes de guerra cometidos.

En este caso, no importa quién presentará los cargos, o bien un fiscal georgiano. suroseta, ruso o de algún otro país.

Lo importante es que el castigo sea inminente. El criminal, incluso si ocupa un alto cargo, debe comparecer en el banquillo de los acusados y responder por los crímenes cometidos, entre ellos, contra ciudadanos rusos.

Únicamente tal política permitirá fortalecer la autoridad del Estado ruso ante sus ciudadanos. El crimen cometido en Osetia del Sur no tiene caducidad.

Ante la negativa de Tbilisi de acuartelar sus tropas, es indispensable tomar medidas preventivas que permitan vigilar y seguir de cerca las actividades de los militares georgianos, reforzar el trabajo de los servicios de inteligencia con el fin de conocer y anticipar los planes concebidos por la dirección política de Georgia, ya que el conocimiento anticipado de información puede salvar muchas vidas.

La mejor manera de prevenir las provocaciones de los georgianos en las fronteras, será la creación de una zona de delimitación lo suficientemente amplia a todo lo largo de la frontera georgiano-suroseta y georgiano-abjasa. En principio, esta iniciativa quedó consignada en el pacto del cese al fuego. Pero en la realidad nadie impide a Georgia concentrar sus tropas en las inmediaciones de la localidad suroseta de Ajalgori.

Lo importante es que Saakashvili y su entorno comprendan que la permanencia de tropas, a excepción de la policía en las zonas adyacentes a las fronteras, supondrá su inmediata aniquilación sin advertencia.

Sobre este territorio deben prohibirse los vuelos de los aviones militares georgianos tripulados y sin piloto, además es muy importante impedir el rearme del ejército georgiano y el reabastecimiento de sus arsenales.

Con este fin se puede encargar a la Flota rusa del mar Negro la inspección de barcos con carga sospechosa que naveguen con destino a los puertos de Georgia.

Es posible que las medidas anteriormente propuestas parezcan muy severas, pero en asuntos como la seguridad de nuestros aliados y la de los soldados rusos que vigilan las fronteras de Osetia del Sur y Abjasia es indispensable adoptar pasos enérgicos que demuestren la disposición de Rusia de hacer cuanto sea necesario para lograr sus objetivos.

Si Georgia repite la agresión que perpetró contra Osetia del Sur el año pasado, se arriesga a sufrir una nueva derrota, y muy probablemente, este será el fin del régimen de Saakashvili. Pero esto también tendrá un precio muy alto, la sangre de muchos civiles.

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