jueves, 20 de agosto de 2009

Sigue el repudio contra el pacto del presidente de Colombia con el de Estados Unidos, para la instalación de bases militares gringas

Apolinar Díaz – Callejas (especial para ARGENPRESS.info)

Soy de Colosó, un pequeño municipio cercano a Sincelejo, capital del Departamento de Sucre, en la Costa Caribe colombiana, en el que sobrevive una tradición indígena existente en esa región por la presencia de un resguardo indígena de la raza Zenú, que ocupó esa zona desde antes de la llegada de los españoles a América, hasta que la población indígena se mezcló con españoles blancos pero pobres.

Este ha sido un pueblo activo, creador incluso de fórmulas medicinales indígenas para el tratamiento de enfermedades bronquiales, que durante el régimen colonial español tuvieron amplio mercado en Alemania y otras naciones europeas. Es un pueblo de grandes poetas populares, llamados “decimeros”, que se ha distinguido como productor y exportador de fórmulas médicas naturales contra enfermedades regionales tradicionales. Fue siempre un pueblo liberal que participó en la llamada Guerra de Los Mil Días, que duró desde fines del siglo XIX hasta principios de XX. Los más importantes conductores políticos liberales de esa guerra, se reunieron en Colosó. Estuvieron los mandos liberales, especialmente el general Rafael Uribe Uribe, la figura más notable en aquel conflicto armado. La vida de Colosó depende de las aguas naturales que son abundantes, en corrientes de origen subterráneo que se mantienen cristalinas, limpias y abundantes y en movimiento durante todo el año. La creación del acueducto municipal, siendo yo mismo gobernador del Departamento de Sucre, permitió salvar las aguas y las fuentes naturales y proteger los bellos y altos arboles de la región.

Pero en el día de hoy, 19 de agosto, leo en el periódico regional de Sincelejo, El Universal, que denuncia el desmonte criminal de vegetación de altas montañas, que amenazan las fuentes naturales de agua. Quiero unirme al pueblo campesino de Colosó para exigir del gobierno, si es que hay gobierno en Colombia, que suspenda la destrucción de la vegetación natural de la región de Colosó. De todas maneras viajaré pronto a esa región para intervenir en este abuso por parte de propietarios de tierras de esa zona del país y salvar las fuentes de agua.

Pido excusas a los lectores de esta columna por distraer su atención con este tema aparentemente de solo interés municipal, pero que toca en el corazón la conservación natural de las fuentes de agua de un país, en lo cual he sido intransigente toda mi vida.

Pero volvamos al tema de la represión en Colombia bajo el gobierno del presidente Uribe Vélez y el monstruoso pacto celebrado con el presidente Obama, para instalar las primeras siete bases militares, terrestres, aéreas y marítimas de Estados Unidos en pleno y exclusivo territorio colombiano. En el diario de Bogotá, El Espectador, de hoy 19 de agosto, hay declaraciones del presidente de México, Felipe Calderón en que dijo que “no admitiría militares de Estados Unidos en su país”. También dijo en el diario brasilero O’ Globo: “aunque respeto la decisión de Colombia, nosotros no admitimos ni admitiremos actividades militares de los estadounidenses, de ningún tipo, en nuestro territorio”. Un periodista mexicano hizo hincapié en que esa declaración fue hecha para vigilar la marcha de la política latinoamericana en América del Sur en una materia que el presidente de México no comparte, como es la de traer soldados marineros y pilotos gringos, que es lo que ha pactado Uribe Vélez para Colombia, con lo cual nuestro país quedó bajo la tutela, vigilancia y acción militar de los Estados Unidos. Es un retroceso de 200 años en una materia en que Colombia había tenido una política internacional sobre Estados Unidos cada vez más independiente.

Aprovechando la presencia del presidente de México en Brasil, el jefe del comando militar de la amazonia brasileña, General Luiz Carlos Gomes Mattos, admitió la preocupación de Brasil por el acuerdo. “Cualquier cosa que ocurra próxima a nuestras fronteras es motivo de preocupación, aunque tengamos una excelente relación”. Es decir, el conjunto de las naciones independientes de América del Sur y del Caribe, tal vez con la única excepción del Perú, cuyo presidente actual fue anti-imperialista e izquierdista, y ahora es abiertamente pro norteamericano y apoya la decisión colombiana de Uribe Vélez de aceptar bases militares gringas en nuestro territorio.

Por todo ello es que voy a seguir escribiendo trabajos especiales históricos sobre este tema y las dramáticas consecuencias que tuvo para el desarrollo colombiano la entrega nacional a los intereses norteamericanos de varios de los gobiernos colombianos que hemos tenido desde la Independencia.

Pero ha sido muy importante subrayar y resaltar la valentía del presidente de México que es un hombre de la derecha política de su país.

Mientras tanto, en este preciso momento, el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez ha aceptado ser candidato presidencial por tercera vez, con el apoyo de la cadena de congresistas y burócratas que ha logrado conquistar como colaboradores de su gobierno y de sus favores. Hoy la suerte de Colombia quedó echada: Uribe Vélez batallará por su tercera elección, que de irle bien electoralmente será la primera de las muchas reelecciones que patrocinará usando el mismo procedimiento y los mismos métodos políticos corrompidos. Será otro Somoza, otro Batista, otro Puerto Rico, otro Pinochet.

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