martes, 18 de agosto de 2009

Tercerizaciones, crisis, y autogestión

Cristian Horton (ACTA)

De todas las calamidades con las que se suele caracterizar al menemato de los 90 –las privatizaciones, la farandulización de la política, la regresión en la cuestión de los derechos humanos, la corrupción, etc-, hay una que es especialmente trágica para los trabajadores.

Se trata de la consumación del plan de destrucción sistemática de los derechos conquistados por los trabajadores iniciado por los malhechores comprobados que asaltaron los poderes públicos a partir del 24 de Marzo de 1976.

Largos y oscuros años de persecuciones, desapariciones y otras desgracias, fueron instalando primero el terror, que luego se fue cristalizando en desmovilización y finalmente en desesperanza.

Desembocamos en un dramático descreimiento en las potencialidades que tienen las herramientas históricas de los trabajadores para conquistar derechos y defender nuestros intereses de clase. En este escenario de abatimiento general de la clase trabajadora se produjo lo que dio en llamarse la “reconversión industrial”.

El marco general fue dominado por la lógica neoliberal. Fueron tiempos de primacía de lo económico por sobre lo político. O mejor dicho, la política fue privilegiar a lo económico: cualquier decisión política, aunque tuviera impacto social adverso, era justificable si era funcional al dios mercado.

Todo el espacio económico industrial, aquel que nació y creció con orgullo al calor de la sustitución de importaciones, fue condenado de incompetente y plagado de obreros revoltosos, por lo que paso a ser sometido a la “reconversión”. Esta denominación genérica fue utilizada para designar desde la lisa y llana desaparición de ramas de actividad enteras (naval, aeronáutica, textil, etc), hasta para nombrar las novedosas operaciones con plantas “oscuras”, o sea con carga laboral cero, o sea sin obreros.

Entre esos extremos, toda una batería de experimentos, ensayos y otros tanteos que fueron modificando el escenario productivo, invariablemente en perjuicio de los intereses de los trabajadores. Corrieron ríos de tinta con escritos de los principales gurúes del mundo entero teorizando, conceptualizando, recomendando y relatando experiencias acerca de cómo reconvertir mejor.

Los neo-anglicismos y las siglas como downsizing, outsourcing, just in time, five S, MPT, Q1, etc, etc lo invadieron todo. El capital rearmaba sus técnicas de explotación. Nosotros en general (siempre hay excepciones) permanecíamos paralizados (o peor, muchas veces traicionados). Pero quisiéramos detenernos, para profundizar, en una de estas técnicas: las tercerizaciones. Outsourcing le llaman, para hablar con propiedad.

Se trata de una táctica que hace referencia a “concentrar los esfuerzos en lo que mejor sabemos hacer”. Dicho de otro modo, una fábrica de galletitas debería centrarse en hacer galletitas, lo más integradamente posible desde la harina hasta las galletitas envueltas en su vistoso paquete. Todas las demás actividades que intervienen mas o menos indirectamente en la producción, a saber, la vigilancia para protección de Planta, el servicio médico, la logística de materiales y productos, el ordenamiento y limpieza, ciertos mantenimientos y reparaciones y toda otra larga lista de actividades que “no agregan valor o lo hacen en poca cuantía” deben ser eliminados de la estructura propia, aunque, lejos de prescindir de ellos, debe ser contratado a terceros.

Debe ser “tercerizado”. Desde el punto de vista de la economía de mercado, la lógica es casi irrefutable: habría decenas de empresas compitiendo por hacerse cargo de los servicios y actividades tercerizados. De esta competencia surgiría el mejor en calidad y precio. De esta manera se transferirían a otros la conflictividad de las relaciones laborales, y la carga administrativa concomitante. Se compraría la resolución del problema y casi con seguridad a un menor precio.

Pero para nuestra lógica, la nocividad fue fulminante: por un lado comenzó a implementarse una perjudicial atomización de la clase entre los de adentro y los de afuera y por otro lado la precarización de las condiciones laborales y el salario fueron escandalosas. Podemos hablar con cierta propiedad sobre el asunto porque lo experimentamos en carne propia, aunque, también fue la condición de posibilidad de nuestra exitosa experiencia de trabajo asociado autogestionario.

En efecto, hacia el año 1995, la empresa siderúrgica Acindar S.A., decide tercerizar, entre otras áreas, las operaciones de carga y descarga de su Puerto Ingeniero A. Acevedo en Planta Villa Constitución. La contratista “beneficiaria” fue la transnacional Manpower S.A. quien nos empleó junto a otros 80 compañeros –la mayoría ex obreros del Puerto de Acindar- como “su” fuerza de trabajo. Los conflictos no tardaron en llegar: cuando nos pagaban el salario, no nos proporcionaban ropa y elementos de seguridad; cuando nos daban los elementos de protección personal, nos liquidaban mal el aguinaldo; cuando nos pagaban el aguinaldo omitían liquidarnos los salarios familiares o depositar los aportes

Y así, hartos de los atropellos e injusticias, encabezados y apoyados políticamente por nuestro sindicato –la UOM Seccional Villa Constitución- que formuló acuerdos elementales con la principal Acindar S.A., el 7 de mayo de 1996 decidimos romper con Manpower, apropiarnos del trabajo y comenzar la larga marcha de construcción de nuestro destino a través de la constitución y fortalecimiento de nuestra Cooperativa de Trabajo. Fue nuestro acto de resistencia.

Tomamos la figura jurídica del cooperativismo como una salida inmediata para “blanquear” nuestra situación pero no dimensionábamos entonces la trascendencia histórica de lo que estábamos construyendo. Con aguante, esfuerzo y organización, fuimos descubriendo primero y abrazando con firmeza después, los valores y principios del cooperativismo. Así, de obreros marginalizados nos transformamos en trabajadores dignos que albergamos la sensación de estar construyendo una empresa de Economía Social ejemplar en el concierto local y nacional.

Pero quizás los rasgos más sobresalientes, aquellos que podemos expresar con orgullo como triunfos de nuestra condición de trabajadores son:

• Si nos lo proponemos, podemos autogestionarnos, es decir, además de “saber hacer bien nuestro laburo” podemos aprender a administrarnos y podemos organizar democráticamente el mejor criterio de funcionamiento de nuestra Empresa.

• Podemos definir criterios de retribución al trabajo que marquen rumbos y que indiquen objetivos salariales para el resto de los trabajadores empleados en otras empresas contratistas.

• Podemos recuperar la dignidad en el trabajo. Sentir que lo que hacemos sirve para algo. No somos “patrones”, no somos “dueños” que persiguen el lucro. Somos obreros que todos los días construimos Capital Social, que van a utilizar nuestros pares, nuestros hijos, los miembros de la sociedad donde vivimos

• Podemos ganar en conciencia de pertenencia a la clase trabajadora.

Estamos integrados y participamos de nuestro sindicato. Es nuestro derecho y nuestra obligación No podemos decir con seriedad que la táctica del “outsourcing” (o de las tantas otras maniobras de perfeccionamiento de la acumulación capitalista) haya fracasado. La nuestra fue una respuesta fortuita que nos posibilitó acomodarnos a la situación, pero otras experiencias de tercerizaciones gozan de buena salud en las industrias del país. Pero defendemos enfáticamente y sin falsa modestia nuestra iniciativa para hacer frente al atropello.

Lo hacemos porque nos ha permitido:

• Aumentar la cantidad de puestos de trabajo desde 80 iniciales a 245 trabajadores asociados en la actualidad.

• Mantener el vínculo asociativo aún en épocas de crisis. Mientras la mayoría de las empresas despide a sus trabajadores como medida paliativa en la presente crisis recesiva, nosotros nos sostenemos solidariamente con ocupación y retribución para los 245 trabajadores asociados.

• Asegurar retribuciones al trabajo más que decentes, tanto en la crisis del 2001 como en la actual crisis que jaquea especialmente a la actividad metalúrgica. La decisión asamblearia dispone que en la actualidad ningún trabajador asociado lleve mensualmente a su hogar menos de un piso consensuado equivalente a una canasta familiar digna.

• Conservar intacto un sistema retributivo adicional compuesto por monotributo, adicional a la Obra Social, seguros de accidentes personales y de vida, vacaciones, 13º anticipo de retorno (ex SAC) y subsidios especiales (matrimonio, nacimientos, escolaridad, etc). Aún en tiempos de crisis, decidimos sostener con nuestras reservas los derechos que tienen todos los trabajadores.

• Generar ininterrumpida y crecientemente excedentes, los que mediante democráticas decisiones de Asamblea hemos capitalizado en un 50% y nos ha permitido invertir en la sede social, taller y galpón propios donde mantenemos nuestra flota de 7 flamantes cargadoras frontales y 3 autoelevadores.

En momentos en que el modelo de acumulación mediante la especulación parece hacerse añicos, los que creemos en la trascendencia del trabajo como paradigma de apropiación de la naturaleza para extraerle racionalmente su riqueza y como enaltecedor de la condición humana, seguimos apostando a él. Aquí y de esta noble manera estamos.

Cristian Horton es Secretario General de la CTA Villa Constitución; Presidente del Consejo de Administración de Cooperar 7 de Mayo Ltda.


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