martes, 11 de agosto de 2009

Y el Gringo ahí

Alberto Pinzón Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

El hipódromo está lleno a reventar y hace sol. En las gradas del lado oriental del polígono y en la sombra que proyecta el sol a las espaldas, están apiñados y sentados desordenadamente los proletos de camisa simple y pantalón de popelina. En el lado oriental, con el sol iluminando sus caras sentados sobre cojinetes están los mejor vestidos con cachuchas extrañas y binoculares.

Algunos exhiben a sus bellas mujeres trajeadas con sugestivas y chillonas modas y adornadas con extravagantes sombreros. En el centro de la tribuna Occidental hay un sitio especial con alero y sillas mullidas para los personajes especiales o muy importantes. Hay sol, sombra y apuestas. Se va a correr el derby millonario en Colombia.

En el partidor hay numerosos caballos pura sangre, alazanes de lustroso pelaje de ollares expandidos y belfos espumosos, tascando el freno y prestos a partir. Algunos llevan cubiertas las canillas con protectores especiales y sus jinetes enjutos y en cuclillas con las riendas en la mano sostenidos sobre los estribos, portan un número de identificación. La ventanilla de las apuestas, abierta hasta última hora, espera a que las inspecciones, cálculos meticulosos y las comparaciones, lleven a los apostadores a una decisión. Todos parten del supuesto de que los dueños de los caballos los han preparado muy bien para esta carrera definitiva, en donde tomar la decisión es el Poder.

El gringo dueño del hipódromo, esta vez ha contratado con los miembros de la tribuna de personas muy importantes, que el ganador debe salir de los corrales propios y sin ninguna sospecha que empañe su triunfo o permita poner en duda su desempeño. Hoy es un requisito público indispensable, después de que en la última carrera, no se pudo tapar la sospecha que suscitó su número 82, ni superar el incordio oscuro de su pasado, ni lavar los coágulos de su triunfo. Es requisito sine quanon: ¡El ganador debe ser especialmente propio y sin pajas en el rabo!

La competencia indica que va a ser muy reñida, pues el ganador de la carrera anterior insiste en volver a correr, burlando todas las reglas hasta ahora establecidas. Sin embargo al ser una carrera de todos contra todos, las apuestas han aumentado y van a crecer más. Se sabe incluso que hay apostadores de países vecinos. Tres yeguas briosas y resabiadas, son las que más coces dan a sus vecinos tratando de llamar la atención. Hay un potranco pálido o incoloro, o exangüe que parece un hijo anémico del caballo ganador y trata de compensar su debilidad con relinchos y ventosidades. Un azabache inquieto exhibe su experiencia para saltar o burlar cercas, al lado de otro parduzco conocido por su obediencia y mansedumbre para con su amo. Hay un jamelgo de color sardo, tembloroso y olvidadizo al que ya le pasó su tiempo en que volaba como un cóndor, y se destaca un garañon cenizo de baja sangre pero bueno para cargar bultos, con pocas opciones de recibir apuestas serias de la tribuna de los muy importantes.

Pero como favoritos, sobresalen especialmente dos de los mejores corceles de sangre sabanera bogotana. Uno a pesar de traer pajas del nudo de paramillo en el rabo, es reconocido porque cosa rara entre los equinos finos, echa las orejas hacia atrás y muerde “positivamente” sin distingos. Otro, porque como sus pequeños y traicioneros antepasados, cojea de una pata delantera.

Y mientras todos ellos pelean encarnizadamente entre sí, hay un viejo caballo blanquecino que empieza a llamar la atención por su sobriedad, serenidad y lustre, y aunque no trae consigo ninguna paja rara que adorne su rabo, tiene pocas opciones de ganar porque no es del corral de los propios.

Entonces como siempre se ha hecho, los de la tribuna para personas muy importantes, sonrientes y tranquilos pero atentos y provistos de potentes binoculares que los demás no poseen, esperarán a que la carrera avance hasta casi su final para ver el que se destaca y toma distancia definitiva sobre sus rivales, y así dictarle ese numero seguro al garlanchín que está en la ventanilla de las apuestas, con el fin de que haga la última y oportuna inversión ganadora. Mientras tanto y para garantizar con “7 contratos” la operación millonaria: ¡El gringo ahí!.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.