jueves, 17 de septiembre de 2009

Argentina: Buscan en plantas antídotos contra venenos de víboras

Catriel López Acosta (AGENCIA CYTA - INSTITUTO LELOIR - UNNE)

Con el fin de rescatar la rica tradición transmitida por los aborígenes, la que ha sido documentada por los misioneros Jesuitas y por naturalistas, investigadores argentinos estudian la utilización de extractos y aceites esenciales de plantas de la región para el tratamiento de mordeduras de víboras.

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) estudia la utilización de extractos y aceites esenciales de plantas de la región para el tratamiento de mordeduras de víboras. Aseguran que son muchas las plantas de la zona que han mostrado actividad in vitro y que debe continuarse su estudio, ya que esto abre una gran posibilidad para su empleo como fitofármaco.

Se trata del Grupo de Química Orgánica y Toxicología de la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura (Facena), que trabaja en el estudio de plantas aromáticas y medicinales hace más de 30 años y que tienen en su haber numerosas presentaciones sobre las virtudes de las plantas. El grupo está dirigido por el profesor Armando Ricciardi (UNNE) y el doctor Eduardo Dellacassa de la Universidad de la República, de Montevideo, Uruguay.

La Revista Ciencia y Técnica de la UNNE entrevistó a Ana María Torres, una de las bioquímicas del grupo de investigación, quien aportó algunos datos relevantes obtenidos entre los cientos de pruebas realizadas a plantas de todo tipo durante los últimos años. La mayoría con alguna virtud para contrarrestar los efectos de los venenos de animales (actividad alexítera).

Del diálogo se desprende que las últimas investigaciones realizadas por otra de las integrantes del grupo, la doctora Gabriela Ricciardi, sirvieron para comprobar la estabilidad fitoquímica de algunas especies vegetales que están siendo evaluadas por su actividad alexítera. Junto al Bioquímico Francisco Camargo, han encarado el estudio de los aceites esenciales y extractos de Nectandra angustifolia y N. megapotamica (“laurel amarillo” y “laurel negro”) y de especies de Mikania (“guako”) entre otras, comprobando cómo actuaban para contrarrestar el efecto del veneno de la yarará chica, una de las especies más peligrosas de la zona.

Según las explicaciones brindadas por Torres, luego de realizar pruebas in vitro de inhibición de la actividad coagulante y de inhibición de la actividad hemolítica del veneno de yarará chica, han resultado activos el aceite esencial de aguas y el extracto hexánico del laurel negro y el extracto alcohólico del laurel amarillo.

Por otro lado, con respecto al guako, fue estudiada Mikania micrantha, y se demostró que tanto el aceite esencial como el extracto hexánico de verano presentaban actividad anticoagulante frente al veneno de yarará, al igual que el aceite esencial y el extracto de partes aéreas en hexano de M. periplocifolia.

Torres concluyó sobre los resultados obtenidos, que estos estudios “tienden a corroborar o refutar la acción de estas especies que eran usadas por los indígenas de la zona frente a accidentes ofídicos y que es muy importante el estudio de los aceites esenciales para comprobar la estabilidad química de las especies mencionadas ya que, de comprobarse sus actividades biológicas, resultarían material importante para su posible aplicación como fitofármacos”.

“Hay que respetar y destacar la rica tradición de empleo de las plantas para tratar las intoxicaciones por acción de venenos de animales (víboras, escorpiones, arañas) transmitida por los aborígenes y que recibiéramos a través de las crónicas de la época de la colonia por los misioneros Jesuitas y de los naturalistas que recorrieran estas regiones, información de usos validados por siglos de experimentación”, finalizó.

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