martes, 29 de septiembre de 2009

Bolivia: El pueblo derrotará en las urnas a la derecha que sueña con restaurar el viejo orden

Remberto Cárdenas Morales

Existen las condiciones suficientes para que el pueblo derrote, otra vez, a las propuestas electorales de la derecha y a las de un centro desdibujado, y que le dé la victoria a Evo Morales y Álvaro García, quizá con dos tercios, como se espera.

Sin embargo, esto sólo será posible con una campaña que ofrezca un programa con las demandas de los marginados (para la nueva etapa que se avecina), con organización no sólo electoral, con unidad de largo aliento e ideas que convenzan; todo para aumentar los votos de los candidatos de los pobres, respecto de aquéllos de los patrones y de los otros que se creen con respaldo popular cuando en los hechos difunden planteamientos de los sectores sociales aún dominantes, por falta de pensamiento propio o porque tienen coincidencias básicas entre dominadores y dominados marginales.

Cabe tomar nota de las escasas ideas compartidas por los candidatos que, como para darse ánimos, dicen que ganarán el 6 de diciembre, aunque con certeza adviertan que serán derrotados.

Los candidatos de la derecha extrema, de la otra más o menos moderada, de un centro con dejo confesional/protestante y unos dudosos izquierdistas, en distintos tonos y con arreglos formales, coinciden en ofrecer que reimplantarán la democracia de las minorías, un estado de derecho para los de arriba (como desde hace siglos), la libertad para abusar de ella y para usarla en contra de los pobres.

Con variaciones de forma, pero con similar contenido, las candidaturas de los todavía pudientes y otros que pasan de un partido a otro como una forma de vida politiquera, afirman que el gobierno de Evo Morales es el más devastador o destructor de todos los tiempos en Bolivia. Respecto de esa apreciación vale un apunte: desde el gobierno y desde el pueblo no debe negarse que sí, que se destruyen injustos privilegios, aunque todavía no todos, de los pequeños grupos acostumbrados a mandar y a enriquecerse con el trabajo ajeno y con el fraude.

Aquellos candidatos o sus voceros aseguran que no hubo nacionalización de los hidrocarburos y que esa medida, mal llamada con ese nombre, ahora se la administra mal, agregan. Respecto de esa reivindicación incluso se pronuncian los que desde que se ocupan de la política o la politiquería no han hecho otra cosa que defender los intereses de las empresas transnacionales y/o de sus socios criollos, de manera abierta o encubierta, por lo que han cobrado beneficios.

En la sociedad boliviana aquellos candidatos jamás han hecho algo destinado a la superación de las relaciones de explotación y de opresión de los que sólo tienen su fuerza de trabajo para vender en el mercado capitalista. Sin esas relaciones no habría capitalismo dependiente y atrasado, como el que todavía predomina en Bolivia, a pesar de los cambios, aunque no debemos olvidar que así sea en parte se modifican las formas de distribución de la riqueza nacional (con los bonos y los ingresos directos e indirectos para los más empobrecidos); empero, la forma de producir sigue sin alteraciones de fondo. Lo último queda como tarea pendiente, la que debe ser acometida en la otra fase del gobierno democrático y popular, al que se lo quiere más avanzado.

También se asegura que el actual gobierno es dictatorial o antidemocrático, autoritario porque no respeta el estado de derecho y hasta fascista, según autoexiliados en Brasilea (Brasil). Al fascismo se lo sigue definiendo como una dictadura terrorista desembozada de los representantes de los grandes capitalistas; los operadores de una dictadura de tal naturaleza serían los más derechistas que se podrían encontrar en territorio boliviano.

Por eso la afirmación que el gobierno actual es fascista no resiste ni la más débil argumentación. Las dictaduras militares y fascistas o narcofascistas fueron las de Banzer y García Meza y Arce Gómez, de las que han sido parte, las han tolerado y/o se han servido de ellas varios de los políticos y politicastros que ahora son candidatos, aunque alguno de ellos diga que incursionó en política en tiempos de la democracia, mentira que los datos la destruyen.

El actual orden democrático tiene que ser defendido en base a normas que en mucho todavía expresan la voluntad de los empresarios criollos y que aún favorecen a las empresas transnacionales. Sin embargo, creemos, que hasta donde sea posible se deben articular las condiciones materiales para que crezca y se agigante una democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo: la que apenas surge. Los cambios que impulsa el pueblo no tienen que ser para mantener la actual democracia, y esto hay que decirlo, fundamentarlo y propagarlo para convencer (vencer con argumentos) a los que todavía no lo están y que tendrían que apoyar la transición boliviana; incluso para afirmar a los que apoyan al proceso y al gobierno.

A propósito de la nueva democracia del pueblo que postulamos, intelectuales de la derecha y del centro (y algunos que apoyan con algún fervor a Evo y al proceso que éste encabeza), sostienen, en el quincenario Nueva Crónica… y en otros medios y ambientes, que si los candidatos de los pobres ganan con el 70 por ciento o más no habrá debate en la Asamblea Legislativa Plurinacional y que por tanto eso sería antidemocrático. Nosotros aseguramos que ese triunfo contundente sería contrario a la democracia actual, mezquina y formalista respecto del pueblo, pero todavía generosa con la derecha de todos los pelajes, la que incluso conspira, precisamente, apoyada en esa democracia.

Sobre la presunta dictadura gubernamental es necesario recordar que no es posible gobernar sin dirección y sin dominación a la vez. Dirección respecto de los que apoyan al proceso y al gobierno y dominación hacia los opositores (y sin medias tintas). Tengamos presente que con los últimos, el gobierno negocia como una extensión de la democracia en vigencia.

Sobre la dirección y la dominación (es decir, acerca de la hegemonía en Bolivia que cambia), un influyente ministro, semanas después del 22 de enero de 2006, para el diario La Razón de La Paz, dijo que los gobernantes no pretendían la hegemonía, acaso para tranquilizar a la derecha o como consecuencia de una real limitación ideológica y política suya. (Claro, hay de todo en la viña del Señor). Esa declaración la recordamos a propósito de lo que acaba de pedir el Presidente, en Oruro: que los trabajadores mineros le ayuden a identificar a neoliberales y paramilitares, en su gobierno y entre los sindicatos, para expulsarlos de una y de otra parte. Además de asumir tal tarea, con la satisfacción que eso puede depararnnos, habrá que ayudarle al Presidente a redoblar la guardia para evitar ese tipo de infiltrados entre sus colaboradores.

Los candidatos de la derecha que ahora proclaman su victoria electoral en diciembre, quizá pretendan culpar de fraude electoral a la verdadera victoria del que consideran el “mejor Presidente” de esta era democrática en Bolivia, según la encuesta de una empresa políticamente desafecta al mandatario. Por ello, es necesario que estemos atentos frente a lo que dicen y, sobre todo, respecto de lo que hacen los enemigos de los cambios en nuestro país.

Disgusta a los candidatos, que perderán las elecciones, que Evo entregue obras o que aparezcan en el Canal 7. Las obras hablan por sí mismas, eso es lo que puede mostrar el gobernante y por ello los postergados durante siglos, todos los días, avisan que votarán por el que consideran su Presidente. Respecto de las apariciones a toda hora de Evo por el Canal 7, aunque se constate un exceso de lo que sirve casi nada de ciertos discursos en aquellas pantallas, lo evidente es que la mayoría de los medios de difusión de los empresarios hace campaña por sus candidatos sin confesarlo y sin ruborizarse. Y en eso no hay empate alguno.

Sobre los aportes de los funcionarios públicos es mucho mejor que sean de veras voluntarios. Es preferible que a los electores nos cueste la victoria de Evo, también por el dinero que entreguemos, aunque éste sea poco. Cada día tenemos que preguntarnos qué hemos hecho y qué más debemos hacer para que ganen los pobres en diciembre, y realizarlo de manera resuelta.

Algo más es posible en la campaña electoral. Debemos desplegar esfuerzos constantes para ser los abanderados, a diario, de modo que superemos con creces a los opositores. Eso quiere decir, además de lo dicho: difundir las ideas del Presidente que vamos a reelegir, explicar el programa para presentar de manera “interesante los intereses” de la gente y propagar cuando menos las instituciones más importantes y nuevas de la Constitución Política. Esto hasta diciembre y para después del triunfo democrático y popular. Esa gigantesca tarea debemos ejecutar con botas de siete leguas, la que comprende, a la vez, organizarnos mejor, unirnos más, acrecentar nuestra conciencia política. Todo con vistas a la defensa, consolidación y avance de los cambios. Es que nada de lo andado se debe considerar irreversible. Estamos en una etapa de una larga marcha, como se dijo acerca de la caminata indígena hacia La Paz, por el territorio y la dignidad, la que pidió convocar a la Asamblea Constituyente en 1990.

Es cierto que cuando menos dos de aquellas candidaturas de los empresarios y de la derecha sueñan que ganarán el 6 de diciembre, pesadilla improbable que el pueblo no está dispuesto a padecer.

Ese sueño, sin embargo, si se hiciera realidad algún momento en Bolivia (haremos todo para evitarlo) sería para reimplantar el viejo orden en el que florecieron y fructificaron los negocios de un grupo de empresarios, y de donde surgieron los pocos nuevos ricos, a costa del trabajo mal pagado y de las penurias del pueblo el que, como dijo un periodista boliviano, le ha sentido el gusto al poder y, agregamos, que votará masivamente en diciembre para que gane su candidatura, la de los pobres, y para aplastar otra vez a los políticos y politicastros, portadores de una hoja de servicios suficiente como para que reciban aquel rechazo militante del pueblo.

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