miércoles, 9 de septiembre de 2009

Crisis alimentaria en República Dominicana: no quieran echarle la culpa a Dios

Mirta Rodríguez Calderón - Mercedes Alonso (ARTEMISA)

Mientras el mundo se debate acerca de cómo asegurar alimentos para cubrir las necesidades de la población, en República Dominicana, las mujeres campesinas lidian contra un sistema que intenta excluirlas, claman por ayuda básica para hacer producir la tierra y se quejan de la falta de políticas oficiales para ellas. Aquí una historia que, por repetida, no deja de ser dolorosamente cierta.

Son, en su mayoría, mujeres rudas, de miradas recias, como si la tierra les transfiriera fortaleza desde sus entrañas. Una parte de ellas no sabe leer ni escribir; pero, en cuestiones de surcos y centavos a ganar aseguran que nadie les gana. Otras, con los hijos a cuestas, aprendieron las primeras letras y algo más. Son las aventajadas. Pero, cuando se dialoga con cada una, se obtiene la inequívoca convicción de haber conocido a infatigables guerreras. Así son las campesinas dominicanas.

Una de ellas, Catalina Sofía Ogando, delgada como espiga de ébano, de manos fuertes y rasgos indígenas, lleva con dignidad una vida colmada de sacrificios junto a sus ocho hijos, con quienes siembra gandules, batatas y yuca : 'Con eso alimento a mi familia y también repartimos entre quien necesite. En Castillo del Guáscate, búsquenos cuando desee y nos verá pegadas desde muy temprano al campo'.

Campesina de rostro impredecible es Gloria Herrera. Parió nueve hijos junto a la tierra: 'que debe ser de quien la trabaja, porque es nuestra y de Dios. Estamos luchando porque nos la quieren quitar. Los jerarcas quieren apoderarse de ella…'.

'¿Quién dijo que la tierra no pare? – pregunta Luisa Rosario- . Aún con el problema del agua si la tratas bien, ella te da frutos. Porque 'no es la tierra quien no quiere saber de la gente, sino la gente la que no quiere saber de la tierra'. Rosario es madre de 10 hijos y sostén del hogar. Vive en las proximidades de la Presa de Valdesia, al oeste de Santo Domingo. 

Enunciados y palabras

Durante la Reunión de Alto Nivel Sobre Seguridad Alimentaria, efectuada a fines enero 2009 en Madrid, con el auspicio de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el gobierno español, el secretario de Agricultura dominicano, Salvador -Chío- Jiménez, habló de 'la necesidad de crear más fuentes de financiamientos para el sector agropecuario' y llamó a los organismos multilaterales a aumentar préstamos para poder reducir la pobreza rural.

Mientras tanto, en el país, las mujeres campesinas claman por ayuda básica para hacer producir la tierra y se quejan de las desatenciones y falta de políticas oficiales. En estos párrafos hablan ellas y quienes conocen de la relación de las mujeres con la tierra, una historia que, por repetida, ratifica sus certezas.

'Aquí no se consigue un tractor para arar; somos pobres, estos son campos que tienen muy poca economía. Arar una tarea de tierra (una hectárea tiene 16 tareas) cuesta demasiado, unos 500 pesos, o hasta 600 . Una da dos pases de arado y puede sembrar, pero si se pone a prepararla, se van unos 700 pesos'. Quien habla es una mujer joven y talentosa: Scarlet Alcántara, dirigenta de la Confederación Nacional de Mujeres del Campo (CONAMUCA). 'Lo otro es que no hay es mercado para salir a vender –continúa-. Ellos, allá arriba, los mismos que abandonaron a los campesinos, dicen que la tierra se ha negado. Es muy bonito echarle la culpa a Dios: No, Dios tiene todo su producto aquí'.

Y dice más: 'Si nos apoyan, nosotros le mandamos comida pa'llá arriba. Nosotros no nos vamos a morir de hambre aquí, porque sembramos las orillas, lo que podamos arar con la mano. Y lo decimos, ¿sabe por qué? Porque en esta zona somos productores de auyama (calabaza) pero el químico, los herbicidas, el abono está carísimo, a 2800 pesos, al igual que la mano de obra y cuando producimos comprando todos esos productos caros, el gobierno viene y baja los precios. Pero, además trae productos importados que son más bonitos, más grandes y los dominicanos compramos por los ojos'.

Alcántara dice que con el Tratado de Libre Comercio la yuca y el aguacate, junto a otros productos, llegan al país brillantes porque los preservan con cera. 'Entonces, el campesinado no tiene mercado, porque nosotros no los podemos presentar así, encerados. Lo mismo ocurre con la producción de cerdo: comprando el alimento a 500 pesos, y las medicinas para hacer una producción sana, vienen y nos bajan los precios a 35 pesos la libra. ¿Cómo podemos hablar de una soberanía alimentaria si no tenemos oportunidades? Para el 2009, tenemos un proyecto que no va a ser a gran escala: no sé si los de la capital van a comer, pero nosotros vamos a sembrar y a trabajar, porque creo que se debe fortalecer el campo'. 

Con el 'lodo más puro'

Raigal, íntima, cálida, la relación de las mujeres con la tierra pasa por todos los tamices de la emocionalidad, así se trate de una plantita que sobrevive en un rincón, o de la más extensa que protagonizan las mujeres agricultoras y productoras pecuarias.

Hechas con el 'lodo más puro', al decir de la poetisa nicaragüense Daysi Zamora, las mujeres latinoamericanas hemos desplazado nuestros saberes, nuestros quereres y los frutos todos de nuestro trabajo y de nuestro existir por entre los avatares de la subestimación y, con frecuencia, de la sumisión.

La crisis alimentaria, de la que en el presente se habla tanto, es poco diferente de la que vive toda la población latinoamericana ubicada bajo los límites de pobreza, que pasará del 35 hasta entre el 38 y el 40 por ciento, según aseguró Rebeca Grynspan, alta funcionaria de la ONU en la ceremonia de firma de un acuerdo entre el gobierno y la CEPAL, para el fortalecimiento institucional de la República Dominicana, en marzo de 2005. 

¿Por qué las alharacas actuales? Porque la verdadera crisis no es la de los alimentos sino la del sistema que relega al sector agropecuario en casi todas partes, y es remiso a la generosidad en los préstamos, a entregar tierras fértiles y suficientes, a promulgar leyes de agua, y a acceder a ser partes de los términos que las y los productores engloban en otra frase cada vez más pronunciada: 'soberanía alimentaria'.

Soberanía y no 'seguridad alimentaria' como lo enuncia la FAO, porque en este concepto no están subrayados los componentes patrimonio nacional, justicia, reforma agraria integral, ni redistribución equitativa de la riqueza. Para que la alimentación llegue a todos y todas, la soberanía es una condición. Y ella se verá socavada si la tendencia que se ha estado agudizando en los últimos meses de capitales que buscan comprar tierras en los países subdesarrollados para garantizarse alimentos en ese futuro crítico, se mantiene y crece como parece que ocurrirá.

Aunque no es dato de público conocimiento, en este país de grandes terratenientes, extensiones agrícolas han estado vendiéndose a punto tal que el campesinado del país ha hecho público su rechazo a la política del 'mercado de la tierra'. Entiende que ésta es una estrategia del Fondo Monetario Internacional (FMI) consecuente con el neoliberalismo, que enajena a la gente del patrimonio nacional del cual la tierra es elemento esencial, motivo por cual no debe ser vendida.

Fueron las mismas agricultoras entrevistadas quienes aseguraron que 'aquí en Monte Plata dieron 4 millones de hectáreas de tierra para la producción de etanol'. Lo consiguen a partir de la caña de azúcar de la cual el país ha sido importante productor.

Soberanía alimentaria, más que un término

Juana Ferrer, 'Negrita', estaba allí, desde muy temprano, entre las primeras que iniciaron el desfile del último 25 de noviembre, fecha elegida para conmemorar el Día Mundial contra la Violencia de Género, en tributo a las tres hermanas Mirabal, vigorosas activistas políticas, calificadas por el Poeta Nacional Pedro Mir como las 'mariposas', mujeres mandadas a asesinar en esa fecha de 1960 por el tirano Rafael Leónidas Trujillo.

Las muchachas de Salcedo, como también les mencionan por la localidad donde nacieron, en la provincia de ese nombre al norte del país, han devenido máximos símbolos de las luchas por la no violencia contra las mujeres en América Latina. Cada año, desde 1980, se realizan concentraciones frente al Parque de la Independencia, en Santo Domingo, la capital, en las que participan representaciones de lo más avanzado de la sociedad, en una nación donde los feminicidios cobran cada vez más vidas. Sólo en los dos primeros meses de 2009 sumaron 34 las congéneres mandadas a los cementerios, casi todas asesinadas por sus parejas y ex parejas sentimentales. 

'Negrita' encabezaba este encuentro del 25 de noviembre, con esa energía que refleja su rostro marcado por el incansable batallar. Candidata al Premio Nobel Cien Mujeres por la Paz en el 2004, plena de compromisos impostergables, su voz habla por los miles de hombres y mujeres de la tierra: 'Realmente hay una crisis de los alimentos en el país y a nivel mundial; pero no es porque la tierra no quiera producir'. En la República Dominicana, el 70 por ciento de la tierra productiva está en manos de un pequeño grupo de terratenientes, empresarios agrícolas y trasnacionales, quienes no siempre la tienen produciendo. 'A ello se suma – relata Negrita, molesta - el poco apoyo a la producción, la desprotección total a los pequeños y medianos agricultores que viven endeudados. Hay una carencia de políticas agrícolas estatales'.

Para Juana Ferrer, la soberanía alimentaria, más que un término, significa un principio que los movimientos de campesinos y campesinas han asumido: 'Cuando hablamos de soberanía alimentaria desde la Articulación Campesina, eso implica la lucha por la no privatización de la tierra como la promueve el Banco Mundial, la reforma agraria integral, el otorgamiento de créditos y el reconocimiento de las mujeres del campo, el derecho a producir los alimentos que la población necesita, no los que nos imponen. Si queremos tener garantizada la alimentación necesitamos acceder a recursos, necesitamos soberanía alimentaria'.

'Negrita' es una lideresa de mucha experiencia, que ha encabezado por mucho tiempo a CONAMUCA, de la cual es ahora secretaria de Relaciones Exteriores. Su voz se ha escuchado en el Foro Social Mundial y en los encuentros continentales de Vía Campesina, cuya Comisión de Equidad de Género preside. Para ella, parte de una familia numerosa de la provincia de San Cristóbal, limítrofe con el Distrito Nacional capitalino 'existe una vinculación histórica de las mujeres con la tierra. Sabemos el valor de la tierra aunque las mujeres somos las que menos acceso tenemos. Pueden contarse con los dedos de la mano las mujeres que poseen un pedazo de tierra como jefas de familias y productoras. Como hay un problema generalizado de carencias, las mujeres somos las más perjudicadas'.

Leyenda de productoras de Monte Plata 

En materia de equidad de género, no es previsible que los anticipos de hecatombe alimentaria alcancen con renovada furia a las mujeres productoras. Al menos no en los climas cálidos de nuestro Continente. Ellas suelen ser agricultoras de 'conuco': primero la subsistencia, los alimentos del día, y luego el excedente para vender, si lo hay. Eso las distingue de los varones, quienes desde el momento mismo que preparan la tierra piensan en destinar sus frutos al comercio.

Fátima Portorreal, profesora y antropóloga dominicana quien ha registrado archivo por archivo los otorgamientos de tierras desde la Reforma Agraria en 1962, lo dice así: 'parece ser que las mujeres sienten seguridad cuando tienen un pedazo de tierra. Las extensiones de ellas son menores, nada más les da para hacer un conuco mientras que los hombres quieren monocultivos para vender'.

A una hora de camino desde Santo Domingo, la capital dominicana, en la provincia de Monte Plata, por entre sembrados de plátano y de ñame se llega al paraje de Santa Clara, donde un grupo de mujeres agricultoras y criadoras de cerdos se han organizado en cooperativa para producir embutidos, mientras atienden sus parcelitas. Empezaron con un préstamo que recibieron del Fondo de Inversiones Solidarias para la Autogestión, institución especializada en los créditos (FINSA); el cual han ido amortizando y, aunque todavía no tienen muchas ganancias, van recuperando sus inversiones y algo les queda. Lo suficiente como para que hayan abierto una tiendecita para vender medicinas veterinarias, clavos, alambre para cercas y otras menudencias.

En la parte más visible del pequeño recinto donde cortan las carnes, las adoban para hacer tocino, y se aprestan a acomodar longanizas y chorizos, se le ocurrió a Juana Vidal colocar una leyenda rudimentariamente escrita sobre tela. Cuenta ella que la primera parte del texto lo escuchó en una actividad de CONAMUCA 'pero, como no me dio tiempo para copiarla, aquí la fuimos completando para que dijera lo que nosotras queríamos'. Y eso que dice, dice mucho: 'Donde piensa una hay sentimiento, donde piensan dos hay determinación, donde piensan tres mujeres nace la organización. Pero cuando más mujeres piensan, la tierra germina en esperanza y es posible proveer la zafra de un mundo/Asociación Santa Clara'.

CONAMUCA significa mucho en el pensamiento de estas mujeres de campo, tal y como señala Vidal: 'Cuando cogemos un préstamo, sabemos que lo tenemos que pagar. Y lo que queda es para hacer algo en la casa, o para comprar algo a los hijos. Ya el hombre no decide. Otra cosa que ha surgido con la organización, es que vimos la necesidad de empezar a formarnos. Hay veterinarias estudiando aquí en la zona; también hemos tenido cursos de cómputos porque contamos con un centro comunal'. Para este colectivo de mujeres familiarizadas con la tierra, el problema no es de 'que la tierra no dé, porque usted tira una semillita y allí tiene una planta, tiene alimento. La crisis está en el abandono, en la falta de créditos que retrasan la compra de semillas y los pases de arado. Acá producimos para comer pero no para vivir'.

Criterios autorizados

Este sesgo de sabiduría y de firmeza conceptual nacido de una cotidianidad que, a veces, te saca el aire porque una no sabe con qué va a comprarle los cuadernos a los muchachos para que vayan a la escuela, lo teorizó con altos vuelos el Premio Nobel de Economía 1998, Amarthya Sen, padre del paradigma del desarrollo humano: 'Para él (y así lo demuestra empíricamente) el hambre no se produce por una insuficiente producción de alimentos. Las hambrunas pueden ser los resultados de una insuficiente producción, pero ésta es consecuencia de unos pobres o injustos mecanismos de distribución. Así, Sen señala que los problemas de distribución son en mayor medida la causa del hambre, contradiciendo los principios de la teoría económica tradicional' . 'En segundo lugar, Sen estableció que las cuestiones de género son parte integral de los procesos de desarrollo. Desmintió que bajos niveles de desarrollo económico afectasen de igual manera a hombres y a mujeres y que las políticas de desarrollo sean neutrales en cuanto al género'.

En la misma línea, José Andujar, gerente general del Fondo de Inversiones Solidarias para la Autogestión, institución especializada en créditos (FINSA), dice que 'las mujeres tienen un comportamiento ideal con los créditos. No ocurre así con los hombres. Faltan políticas definidas para lo agropecuario. Hoy encontramos a muchas de ellas manejando sus actividades productivas'. Y también a muchas que emigran de las labores agrícolas. El activista político y destacado periodista Adalberto Grullón coincide con lo que dicen y sienten las que permanecen trabajando la tierra. Tampoco él cree que haya una crisis de alimentos, sino del modelo: 'El esquema de la tenencia de la tierra en la República Dominicana – recuerda - era muy masculino y cuando las mujeres se dieron cuenta de que tenían posibilidades, se proletarizaron. Las verás más en los invernaderos, recogiendo las cosechas como asalariadas, pero no sembrando. Ganan mejor que en el conuco'.

En las políticas de libre comercio, la alimentación es apenas una mercadería más y no un derecho. Las mujeres producen entre 60 y 80 por ciento de los alimentos en los países pobres y la mitad de la producción mundial de alimentos, tal y como pudo conocerse en el Foro para la Soberanía Alimentaría, realizado en Febrero de 2007 en Sélingué, Mali.

Luchar contra la opresión y la explotación de las mujeres es fundamental en las luchas campesinas por la soberanía alimentaria. Y esa lucha se engarza con los esfuerzos de las mujeres por su autonomía, por compartir responsabilidades y tareas y por la sustentabilidad de la vida humana. Las productoras de Monte Plata tienen esto muy racionalizado.

¿Podrá el país asumir los retos?

Retornar a la agricultura es el consejo de muchos líderes mundiales. Es el caso de la ministra de Agricultura chilena Marigen Ariadna Julia Hornkohl Venegas, quien durante la inauguración del XXXIII Foro Andino sobre Seguridad Alimentaria en Chile, el 25 de noviembre pasado, aseveró: 'los países y el mundo deben invertir más en las capacidades y en el desarrollo de sus poblaciones; deben apostar más decididamente en tener mejor ruralidad para todos, para el conjunto de la sociedad'. Por su parte, el Representante Regional de la FAO ante América Latina y el Caribe, José Graziano da Silva, dijo unos días después, el 10 de diciembre, en Santiago de Chile, que 'en América Latina no faltan alimentos. Sobran. El tema es el acceso, pero con una política adecuada se puede afrontar con éxito'.

Pavel Isa Conteras, economista dominicano, se pregunta cómo podrá el país asumir el reto, con la ausencia de políticas favorecedoras del campo, y el 'negociazo' que suponen para los señores del capital las importaciones, que llevan a la nación cada vez más hacia esa dependencia.

En enero 2009, en reunión de agroempresarios, estos denunciaron – como lo reportó el diario 7Dias.com.do - que aunque el país es signatario del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Centroamérica 'sería injusto abarrotar el mercado local de artículos importados cuando los productores locales atravesamos por un momento muy difícil'.

'La crisis ha afectado principalmente a los más pobres, los sin tierra y las familias encabezadas por mujeres', explicó Hafez Ghanem, director general adjunto de la FAO en el país.

Según informes del Banco Central de la República Dominicana, el incremento en los precios de los alimentos redujo el salario de los empleados en 2008 y unos tres millones de personas en el país carecen de ingresos para adquirir la canasta básica. 'Los alimentos de la canasta familiar: cereales y sus derivados, grasas comestibles, diferentes carnes, granos, plátanos, leche, espaguetis, huevos, vegetales, entre otros, concluyeron 2008 con una inflación superior a 2007. En este enero 2009 subieron otra vez . 

Mientras tantos países van incorporándose al listado de economías en crisis, América Latina, con el componente activo de su población femenina, se pone de pie. La convocatoria a otro mundo posible está fijada para nuestros pueblos y en la República Dominicana, las mujeres de la tierra continúan luchando por un proyecto de agricultura que garantice su permanencia en el campo y el sustento de sus familias.

Ellas tienen en el recuerdo de la asesinada lideresa Florinda Soriano, más conocida como Mamá Tingó, un símbolo y una bandera de lucha. En 1974 la mató el capataz de un terrateniente que les quería quitar las tierras en Hato Viejo, Yamasá, en la provincia de Monte Plata.

Hoy, el himno de las mujeres afiliadas a CONAMUCA, repite este estribillo: 'No me dejen sola /suban la voz/ que la tierra es nuestra/ dijo Tingó'.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.