lunes, 7 de septiembre de 2009

Cuba: Hacia la conferencia del partido (VI) - “Congreso en armas”

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

A mediados de la década de los años ochenta, cuando Fidel Castro se internaba en la critica a los errores y tendencias negativas derivadas del traslado mecánico de experiencias soviéticas, concentrándose en la economía cubana, con frecuencia me preguntaba: ¿En qué momento se aludiría a la superestructura estatal y política donde también se había copiado y, debido a que es difícil criticar la copia sin aludir al original, hasta cuándo podría evadir la mención a la Unión Soviética?

Las preguntas quedaron sin respuestas. En 1991 la Unión Soviética dejó de existir, criticarla era ocioso y no era elegante hacer leña del árbol caído y, debido que sobre Cuba se abatió una crisis de proporciones totales, el líder de la Revolución llamó a la resistencia y descontinuó la crítica. En tales circunstancias entre el 10 y el 14 de octubre de 1991, se efectúo el IV Congreso del Partido.

En la apertura del evento, Fidel Castro se desmarcó de la tradición de los partidos en el poder de iniciar sus congresos con la presentación de un informe escrito. Apartarse del formalismo fue un buen comienzo para un evento que se realizaba dos años después de la caída del Muro de Berlín, que simbolizó el fin del socialismo real, pasados dos meses de que se decretara la ilegalización del Partido Comunista fundado por Lenin y 77 días antes de que se liquidara la Unión Soviética. Con razón el Comandante calificó aquel evento como “Congreso en armas”.

Consciente del significado múltiple de aquellos procesos, Fidel expresó: “¿Es que podemos suponer que tales hechos reales no influyen en nuestro país?...” “…Estos acontecimientos no solo influyeron de una manera material… influyeron ideológicamente…La increíble evolución de los acontecimientos afectó la confianza, el ánimo, la conciencia de mucha gente…” 

Bajo la influencia de la debacle socialista, del deterioro de la situación en la Unión Soviética y del proceso de rectificación, en 1990 fue publicado un Llamamiento al IV Congreso; un abarcador documento que exhortaba a las bases del Partido, a la clase obrera y a todo el pueblo a realizar una mirada crítica de la realidad cubana, que permitiría elaborar una especie de a diagnóstico y una agenda para el perfeccionamiento del socialismo. 

Aunque el debate cubrió las expectativas, entonces tuve la impresión de que debido a lo difícil y peligroso de la coyuntura, el ejercicio resultó poco provechoso. En momentos en que la prioridad era la resistencia, el propio Partido promovió una catarsis masiva que podía desviar la atención. Tal vez ▬ creo yo ▬ se trató de una buena idea en un momento equivocado, cosa que condujo a que sus conclusiones fueran engavetadas. 

No obstante, al calor de cambios que era obligado introducir en los estatutos del Partido y en la Constitución de la República, se aprobaron ciertas enmiendas, algunas sustanciales, como fue admitir la entrada de religiosos al Partido y otras cosméticas.

En mí opinión, la idea del Llamamiento se asoció a la existencia de una corriente de opinión que creía pertinente profundizar la rectificación haciéndola extensiva a los métodos y estilos de trabajo del propio Partido. 

Al clausurar el Congreso, otra vez ante el pueblo, en esta ocasión en la plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, Fidel Castro resaltó el carácter histórico del evento. “Este Congreso ▬ destacó ▬ es histórico por muchas cosas…Entre otras porque el destino nos ha convertido en abanderados de la Revolución de los humildes, de la Revolución de los trabajadores, de la Revolución de los explotados…Jamás tuvimos pretensiones de tan extraordinarios honores, jamás tuvimos tan grandiosas ilusiones, pero la historia y la vida nos las impusieron y sabremos cumplirlas. 

18 años después, cuando el Partido prepara lo que deberá ser su Primera Conferencia Nacional, en su esencia, aquellas palabras han sido honradas. 

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