jueves, 24 de septiembre de 2009

El G-20 al borde de un nuevo fracaso

Alberto Ampuero (especial para ARGENPRESS.info)

Los líderes de los 20 países más ricos del mundo (G-20) se reúnen en Pittsburgh para discutir la situación económica global y coordinar sus respuestas al desequilibrio de la economía mundial. Y aunque el presidente Barack Obama prometió trabajar con ellos para superar diferencias en torno a la regulación financiera, la tarea se presenta nada fácil.

Estados Unidos y Europa llegan a ese encuentro con posiciones claramente diferentes sobre los temas fundamentales de la economía mundial que resultarán difícil de conciliar en las 36 horas de negociaciones.

Si bien todos coinciden en la necesidad de adoptar una actitud coordinada para abandonar los programas de sostén económico, existen desacuerdos sobre el problema de las remuneraciones en el sector bancario, las reglas de las instituciones financieras, las normas contables y el proyecto de gravar las operaciones financieras.

La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, admitió las dificultades que existían para limitar las remuneraciones de traders y directivos de bancos: "Yo conozco la mentalidad norteamericana y puedo decirles que será muy duro".

El presidente Barack Obama, había declarado que no era posible establecer límites a las remuneraciones: "Vivimos en un país donde no se puede fijar límites a las ganancias de la gente", señaló, en un esfuerzo por defender los intereses de Wall Street y disipar las acusaciones de "socialista" lanzadas por la oposición republicana.

“La propia lógica objetiva del sistema capitalista es la que impulsa los eventos en la dirección opuesta”, dice Martin Khor, fundador de Third World Network

Es lo que ocurrió el año pasado. Después del colapso de Lehman Brothers en septiembre, cuando el sistema bancario y financiero estaba amenazado por la catástrofe, todos los gobiernos del mundo reaccionaron, no mediante el trabajo por una acción coordinada a escala global, sino para proteger su “propio” sistema bancario, lo que llevó a conflictos inmediatos.

(Los alemanes y los franceses son hostiles a los rescates del gobierno estadounidense porque temen, correctamente, que permitirán que los bancos de EE.UU. mantengan su posición global dominante. El gobierno estadounidense, por su parte, se opone a llamados por más regulación, porque apuntan a las finanzas de EE.UU.)

Desde entonces, las diferencias sólo se han ampliado.

En Pittsburgh el libreto de los debates estaba cantado: mantener los planes de estímulo, profundizar en la reforma financiera,debatir los límites a los bonus de los banqueros y lanzar la habitual condena al proteccionismo

Sin embargo,los países del G-20 van exactamente en dirección contraria a la marcada en algunos de los compromisos firmados. Particularmente en el comercio mundial, que afronta una peligrosa escalada proteccionista encabezada justamente por EE UU.

El buy american (compre americano) de Obama es un  ejemplo de esa tendencia.

Hace unos días, informó Claudi Pérez, el presidente Obama salió con una sorpresa: presionado por los sindicatos en un momento delicado de su presidencia, con la reforma sanitaria en el alero, anunció que gravará las importaciones de neumáticos chinos.

Esa medida, que entrará en vigor al día siguiente de la cumbre de Pittsburgh, ha desatado la ira de China y ha encendido todas las alarmas.

Los datos demuestran, dice Pérez,  que el proteccionismo acelera a marchas forzadas. A pesar de los acuerdos, desde la cumbre de Londres, en abril, los países del G-20 han puesto en marcha 121 medidas proteccionistas, y tienen en cartera 134 medidas más, según el Global Trade Alert.

El comunicado final del G-20 tampoco mencionará la idea de crear un gravamen a las operaciones financieras

Adair Turner, presidente de la Autoridad de Servicios Financieros británica, sugirió a fines de agosto que el Reino Unido introdujera una “tasa Tobin” (impuesto a las transacciones financieras especulativas).

La propuesta de Turner debería haber sido una buena señal en el camino a la reforma. Pero en cambio recibió de inmediato la crítica de numerosos banqueros y algunos políticos, que se aferran al viejo modelo y se oponen a que las finanzas estén al servicio de la economía.

Los pasos contra los paraísos fiscales se quedan en acuerdos bilaterales. La limitación de los 'bonus' choca de nuevo con la reticencia de EE UU.  Apenas nada ha cambiado en el meollo de la crisis: el sector financiero

Un año después del colapso de Lehman Brothers, los países occidentales parecen menos interesados en introducir reformas en el sistema financiero internacional. En lugar de eso, están cediendo a la tentación de volver a las viejas fórmulas.

Estados Unidos y la Unión Europea han presentado reformas financieras interesantes, que deben pasar aún por el cedazo de los parlamentos. Ése es el problema. Los expertos auguran que las presiones del lobby financiero disolverán gran parte del impulso reformador.

"Se está manufacturando el consenso de que ya estamos saliendo de la crisis, y eso cerrará muy pronto la ventana de oportunidad para promover los cambios necesarios", afirmaron.

Alberto Ampuero es periodista radicado en Riverside, California.

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