miércoles, 16 de septiembre de 2009

El nuevo modelo de mercado que nunca llegará

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Dice un sabio economista que si un exceso de regulación ahoga el mercado, tampoco puede funcionar sin normativa. Estupendo.

Que el modelo de mercado -libre- debe cambiar a otra cosa, (excepto a lo que está prohibido para ellos, el socialismo real), es una evidencia y una llamada a la lógica, apabullantemente lógica. 

Pero para los que no somos sabios y nos guiamos por las pura sensatez y la mirada atrás de la condición humana, lo que hay que cambiar es la pedagogía desde el parvulario. Lo que hay que hacer es regresar a la vieja filosofía del humanismo que nunca se llevó a la práctica política, y sobre todo la filosofía "moderna" del igualitarismo social. Si no es así, olvídense los sabios de proponer cambios en la condición humana que no son más que brindis al sol, quimeras, y más probablemente estupideces...

Si para los neoliberales la regulación ahoga el mercado, para los simples mecantilistas el mercado sin normativa se estrangula a sí mismo. Pero eso no lo previeron. Lo saben a posteriori. El reciente derrumbamiento del mercado financiero les ha servido de lección, una lección que sin embargo no les permitirá correcciones que valgan la pena. Si los economistas –me refiero a los académicos- fueran verdaderamente sabios sabrían cómo conducir el mercado por los senderos de ese igualitarismo a que me refiero. Y si fueran verdaderamente sabios, las naciones podrían contratarlos como eminencias o como entrenadores fabulosos de fútbol. No son así. Más bien diríase que son los retardadores de los cambios, los grandes perturbadores de la economía. Están especializados –vuelvo a referirme a los “ortodoxos”- en las trampas “legales de todo tipo.

Pero es que, como decía antes, los relativamente profanos en economía universitaria, nos sospechamos que no es el mercado globalizado lo que hay que cambiar, aunque se cambie también. Lo que hay que cambiar, y eso no es posible, es la sociedad entera, la mentalidad, la filosofía social de la parte de sociedad que domina y predomina. Y eso es mucho pedir. Si aceptamos, aunque sólo sea provisoriamente, que el riesgo justifica el beneficio; que el individuo no rinde si no es mediante estímulos (materiales), ¿qué normativa habrá que podrá cambiarles? Si no es ganando dinero (mucho), ¿qué bridas serán eficaces para refrenar la pasión de la codicia, el motor "eficaz", según las teorías contrasocialistas, de propulsión del desarrollo y del progreso tal como lo entiende el capitalismo? Por mucho que se cambie la normativa, por mucho que se agrave, en unos casos, la defraudación, por ejemplo, y se suavice en otros, la reducción de impuestos directos, por ejemplo ¿qué avances se producirán si no se persigue a las fortunas escalonadamente?

Porque aquí está la cuestión. Es proverbial que las leyes franquistas eran impecables, técnica, jurídica y moralmente. Pero, como ocurre con casi todas las dictaduras, no eran má que el manto que cubría las ilegitimidades: no se cumplían. Esta sociedad capitalista voraz y depredadora ya no puede parar. La ambición es incontenible por otras vías que no sean la eficacia de policías fiscales que no den tregua a las fortunas. Y eso no se va a hacer. ¿Por qué?, pues porque vuelve la teoría llevada a la rabiosa práctica de que el exceso normativa (a la vigilancia tenaz llaman exceso), que ahoga el mercado.

En resumen, dejen de imaginar los sabios modelos económicos del capitalismo para atemperarlo. Todo está perdido. Lo corrompido no se puede regenerar. Ni total ni parcialmente. Hay que enterrarlo. Para cambiar el modelo de mercado habría que vaciar de ladrones la sociedad capitalista, pero también echar a los que esperan su oportunidad de serlo. Y esto es demasiado. 

 Para cambiar el modelo de mercado en España, por ejemplo, habría que empezar por echar a 45 millones de españoles y traer a 45 millones de maoríes, de massais o de tuaregs, todos excelentes chicos. Es decir 45 millones de ingenuos o de pardillos dispuestos a empezar con entusiasmo el nuevo modelo. Pero desde luego con españoles, con economistas, abogados, empresarios, industriales, jueces, notarios, y políticos como los que tenemos, no. Lo que no sé es si esta aventura, ya de por sí complicada, nos la permitirían la “Comunidad Internacional” de la que nos hablan, el imperio y los anglosajones que dominan el mundo y odian las aventuras que no sean las suyas y de paso el socialismo real.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.