jueves, 24 de septiembre de 2009

El represor que no quiere "reverdecer"

Belén Cano (EL ATLÁNTICO - PRENSA RED)

Juan Wolk, responsable del Pozo de Banfield, vive tranquilamente en Punta Mogotes y afirma que no quiere "reverdecer hechos lamentables". Apodado "el Alemán" o "el Nazi", para los vecinos Wok es "Juan", un apacible anciano de 76 años.

Mar del Plata. Juan Miguel Wolk fue responsable del Pozo de Banfield, donde estuvieron detenidos los estudiantes secuestrados en la denominada Noche de los Lápices. Se dijo que había muerto. Pero el hombre descansa en una vivienda de Punta Mogotes, en el sur de la ciudad de Mar del Plata.-

– Sí, Juan Wolk, quién habla –responde una voz que parece habituada a atender el teléfono.

El periodista marplatense Roberto Garrone tan sólo se presenta.

– No, no. Está equivocado; no quiero entrar en este tema; revolver un pasado que me molesta muchísimo –le responde él.

El hombre fue el responsable del centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Banfield, donde estuvieron detenidos los estudiantes secundarios, secuestrados en la denominada Noche de los Lápices, quienes fueron torturados y asesinados.

Hoy, es un anciano de 76 años que disfruta la tranquilidad del barrio de Punta Mogotes y, si el clima acompaña, suele caminar hasta la playa o dar una vuelta por el Bosque Peralta Ramos, allí donde buscó esconderse Miguel Etchecolatz.

La denuncia acerca del paradero de Wolk la había hecho Marta Noemí Ungaro, hermana de Horacio, una de las víctimas de la Noche de los Lápices. “El responsable del campo de exterminio ‘Pozo de Banfield’, Juan Wolk, al quien se tenía por fallecido, hace muchos años está vivito y coleando en Mar del Plata cobrando su jubilación de comisario Mayor, profesor de la escuela policial Vucetich y el Liceo Policial”, había enunciado la mujer. La causa está en manos del juez federal Arnaldo Corazza, de La Plata.

La mayoría de los detenidos en el centro clandestino no salieron con vida. Wolk fue denunciado por el ex policía Carlos Hours ante la Conadep, prestó declaración informativa en la causa Camps pero siguió en libertad gracias a las leyes de impunidad.

“Mientras la Justicia continúe en este letargo, los represores van a poder seguir disfrutando del aire del mar sin problemas”, entendió el periodista Garrone, cuya nota se titular “El genocida que prefiere olvidar” y fue publicada en el periódico Miradas al Sur.

El responsable del Pozo de Banfield era apodado “El alemán” o “El nazi”. Pero para sus vecinos es “Juan”, un anciano que de su pasado no habla. Wolk vive en la calle Benedetto Crocce 3045, a escasos metros de la entrada del Bosque Peralta Ramos.

“El chalet de dos plantas alberga dos departamentos, divididos por una escalera pequeña en la entrada; clásica construcción marplatense de propiedad horizontal. A tono con su pasado, Wolk vive en el de la derecha.

“Departamento 1”, señala un cartelito pintado con letras blancas. Todo luce pulcro y ordenado, con violetas de los alpes multicolores decorando el cantero”, lo describe el periodista.

Con la dirección exacta, la web permite acceder al número de teléfono del dueño de casa, en este caso, la titular de la línea, Olga Fiscella. A continuación, la comunicación que mantuvo el periodista con el hombre acusado de delitos de lesa humanidad:

– Usted ha sido acusado y condenado por delitos de lesa humanidad. Usted ha sido el responsable del Pozo de Banfield…

– ¿Cómo dijo que se llama?

El periodista repite su nombre y añade: 

– Estoy escribiendo sobre su pasado y su presente en libertad, viviendo en Mar del Plata. Usted fue uno de los responsables de La Noche de los Lápices.

– ¿De qué? No. Está equivocado, jamás estuve en Banfield. Trabajé en la Unidad Regional de Tigre. No quiero la prensa amarilla para revolver un pasado desgraciado. Entré en la institución para pelear con los ladrones, con los secuestradores, con los que cometían delitos comunes, no delitos ideológicos que es algo aborrecible. Tengo medallas y condecoraciones por mi tarea como policía.

– Pero fue condenado por delitos de lesa humanidad.

– No. ¡Por favor! Nunca fui condenado. Soy peronista desde 1950, tengo hijos, cómo se le ocurre que voy a lastimar a chicos… no anduve en idioteces.

– ¿Es cierto que cobra una jubilación de la policía bonaerense?

– ¿¡Esto es un interrogatorio!? No voy a contestar sus preguntas, por favor, le reitero, no quiero reverdecer hechos lamentables.

– ¿Está dispuesto a presentarse en la Justicia?

– Cómo no, por supuesto. Donde me llaman voy, pero ya presenté las excusas (sic) con mi abogado. Pero le reitero, no quiero hablar de todo lo que pasó que fue muy doloroso.

– Ahora hay una causa abierta en un Juzgado de La Plata.

– Tengo familia en La Plata y voy muchas veces, si me citan, ahí estaré. Acá me encuentra de chiripa, porque casi nunca estoy.

– Ayer (16 de septiembre) estuve en su casa, estaba un auto en el frente y se escuchaban movimientos, pero no me abrió nadie.

– ¿A qué hora?

– Pasadas las tres de la tarde. Los dos gatos grises estaban alterados con el sonido del timbre.

– Ahh… sí… siempre me gustaron los gatos. (Por primera vez en la charla advierte un cambio en su tono de voz. Abandona el paternalismo y se lo escucha nervioso).

– Vive cerca de Etchetcolatz, ¿es mera casualidad o era para seguir en contacto?

– Él es comisario general; yo soy comisario mayor. Yo soy un perejil de cuarta.

– Si algo ha sido usted, no es precisamente un perejil.

– A mí me han cagado. Nunca me metí en política porque no me interesó; a mí la política nunca me dio nada.

– ¿En qué lo engañaron?

– Ya le dije que no quiero salir en los medios, no quiero hablar de lo que pasó.

– ¿Le alcanza con la jubilación?

– Más o menos. Adiós.

Por sus crímenes, Wolk fue condenado a 25 años de prisión a principios de los años ‘80. Pero tiempo después fue beneficiado con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En 1998, el juez español Baltasar Garzón pidió su extradición, en la misma lista en la que figuraba el almirante Emilio Massera. Sin embargo, tras la abolición de esas leyes y cuando se esperaba que fuese citado a declarar en los Juicios por la Verdad, los jueces recibieron la noticia de que Wolk había muerto.

Wolk es el número de beneficiario 10.805 de la Caja de Retiros de la Policía y todos los meses cobra en la casa central del Banco Provincia de Mar del Plata, San Martín y Córdoba.

Toda esta documentación que pudo recolectar Marta Ungaro, junto con el legajo personal de Wolk y dos diskettes con testimonios que lo incriminaban, se presentó en la causa Horacio Ungaro, en la Secretaría Única sobre Hábeas Corpus, el 8 de julio del 2008. El Juez Arnaldo Corazza del Juzgado Nº3 de La Plata, es quien llevaba adelante la causa 26 Pozo de Banfield en la Secretaría Especial de Investigaciones.

Pese a toda la colección de pruebas presentadas, todavía el magistrado no ha llamado a declarar a Wolk. Mientras tanto, el anciano que despierta la ternura de sus vecinos, goza del calor hogareño y sigue impune.

Foto: Argentina, Mar del Plata - Se dijo que Wolk había muerto, pero lamentablemente está vivo y descansa en esta casa de Punta Mogotes. / EL ATLÁNTICO - PRENSA RED

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